Salud. La ciencia explica por qué sufrimos más una derrota de fútbol que lo que disfrutamos un triunfo

La psicología explica por qué una derrota genera un impacto emocional más fuerte que una victoria y cómo el cuerpo también reacciona ante la tensión de una definición deportiva.

23 de julio de 2026 a las 01:46 a. m.
La ciencia explica por qué sufrimos más una derrota de fútbol que lo que disfrutamos un triunfo
La ciencia explica por qué sufrimos más una derrota de fútbol que lo que disfrutamos un triunfo.

Para millones de personas, el fútbol representa mucho más que un entretenimiento. Es una parte de la identidad, una tradición familiar y una fuente de emociones que puede cambiar en apenas 90 minutos.

Una victoria puede generar felicidad, orgullo y euforia, pero una derrota importante suele dejar una sensación de tristeza, enojo o frustración mucho más intensa. La ciencia encontró una explicación para este fenómeno: el cerebro humano procesa con mayor fuerza las experiencias negativas que las positivas.

La ciencia detrás del impacto emocional del fútbol

Un estudio realizado por la Universidad de Sussex, en Reino Unido, analizó las respuestas emocionales de miles de personas y concluyó que una derrota deportiva provoca un impacto negativo aproximadamente dos veces mayor al efecto positivo que genera un triunfo.

Los investigadores observaron que, después de un resultado adverso, los hinchas experimentaban una caída más pronunciada en su bienestar emocional que el aumento de felicidad registrado tras una victoria.

La ciencia explica por qué sufrimos más una derrota de fútbol que lo que disfrutamos un triunfo.
La ciencia explica por qué sufrimos más una derrota de fútbol que lo que disfrutamos un triunfo. (IA)

Esta reacción está relacionada con la forma en que funciona el cerebro frente a situaciones de alta carga emocional. Durante un partido importante, especialmente una final o un clásico, las zonas vinculadas con la emoción tienen un papel central.

La amígdala cerebral, encargada de procesar respuestas emocionales como el miedo, la ansiedad o la excitación, puede tomar protagonismo frente a la parte racional del cerebro.

Por ese motivo, durante un encuentro decisivo es habitual que una persona viva el partido con una intensidad que no tendría en otras situaciones. Gritos, nervios, lágrimas o enojo forman parte de una respuesta emocional que se activa cuando el resultado del equipo propio se interpreta como algo personal.

Además, las victorias y derrotas generan cambios en los circuitos de recompensa del organismo. Un triunfo puede estimular la liberación de sustancias asociadas al placer y la motivación, mientras que una derrota inesperada puede producir una sensación de pérdida que afecta el estado de ánimo durante horas.

Cómo afectan las victorias y derrotas al cuerpo

El impacto no queda solamente en lo emocional. Los partidos de alta tensión también pueden generar respuestas físicas: aumento de la frecuencia cardíaca, mayor presión arterial y una sensación de estrés similar a la que aparece frente a otros momentos de mucha exigencia.

Por eso, los especialistas recomiendan prestar atención a las señales del cuerpo, especialmente en personas con antecedentes cardíacos.

Para atravesar mejor una derrota, los expertos aconsejan evitar conductas que aumenten la frustración, como discutir en redes sociales inmediatamente después del partido, consumir alcohol en exceso o quedarse atrapado en pensamientos negativos.

La ciencia explica por qué sufrimos más una derrota de fútbol que lo que disfrutamos un triunfo.
La ciencia explica por qué sufrimos más una derrota de fútbol que lo que disfrutamos un triunfo. (IA)

En cambio, compartir la experiencia con amigos, conversar sobre lo ocurrido y permitirse procesar la emoción puede ayudar a recuperar el equilibrio.

Aunque desde una mirada racional seguir a un equipo que puede provocar sufrimiento parece contradictorio, la pasión futbolera responde a otros mecanismos.

El sentido de pertenencia, la conexión con una comunidad y los recuerdos asociados al club hacen que millones de personas sigan alentando incluso después de las derrotas más dolorosas. Porque en el fútbol, muchas veces, la emoción pesa más que la lógica.