Tomá nota. Los 5 pasos clave de Ximena Sáenz para un flan bien cremoso
La cocinera compartió los secretos de una receta heredada que apuesta por la cocción lenta y una técnica precisa para conseguir una textura suave, brillante y sin agujeritos.
El flan casero es uno de esos postres que atraviesan generaciones sin perder vigencia. Presente en reuniones familiares y mesas cotidianas, su preparación parece simple, pero esconde detalles técnicos que marcan la diferencia entre un resultado correcto y uno memorable.
En ese camino, la cocinera Ximena Sáenz reveló cinco pasos clave para lograr un flan bien cremoso, inspirado en una receta tradicional transmitida de generación en generación. A lo largo del tiempo, las recetas de flan fueron cambiando. Mientras que las versiones más antiguas utilizaban hasta catorce huevos por litro de leche para asegurar firmeza, hoy la tendencia busca un equilibrio más liviano.
El secreto de Ximena Sáenz para un flan perfecto
Sin embargo, más allá de las proporciones, el debate sigue vigente: ¿flan con agujeritos o completamente liso? Para Sáenz, la respuesta está en la técnica. “Los agujeritos son producto de una cocción a temperatura demasiado alta”, explica.
El primer paso fundamental es el caramelo. A diferencia de otras recetas, la cocinera recomienda hacerlo con agua y azúcar, sin revolver, para evitar que se cristalice. Solo cuando comienza a tomar color se puede mover suavemente la sartén antes de volcarlo en el molde. Este detalle garantiza una base uniforme y sin grumos.

El segundo punto clave es el molde. Sáenz sugiere utilizar un savarín, que gracias a su tubo central permite una cocción más pareja. El caramelo debe distribuirse bien por toda la superficie, asegurando que cada porción tenga ese toque característico.
El tercer paso y quizás el más importante, está en la mezcla. La receta original, heredada de “Chela”, una abuela de 104 años, propone reducir la leche con azúcar hasta que adquiera un color similar al té con leche. Este proceso concentra el sabor y modifica la textura final. Luego, esa leche se incorpora a los huevos y yemas sin batir en exceso, para evitar incorporar aire.
Hay un factor decisivo: la cocción. El flan debe cocinarse a baño María, a temperatura baja, alrededor de 120 grados, durante un tiempo prolongado. Este método evita la formación de burbujas y garantiza una textura cremosa y uniforme. Finalmente, el descanso en frío es indispensable para un desmolde perfecto. Así, con técnica y paciencia, este clásico logra reinventarse sin perder su esencia.



