Ventajas y desventajas de ser oficialista
Los gobernantes de turno tienen el peso de la gestión en una campaña electoral, pero también todos los beneficios que les otorga el manejo del poder. Ninguna ley pudo remediar este problema.
Desde el atril de la Casa Rosada o en cualquier acto oficial en distintos lugares del país, la presidenta Cristina Fernández no desaprovecha la oportunidad para elogiar a sus candidatos. También para fustigar a los eventuales rivales. Las tandas publicitarias del costoso programa Fútbol para Todos son una vidriera para mostrar la gestión del Gobierno nacional, sin la molestia de una mirada crítica.
En Córdoba, el gobernador José Manuel de la Sota inauguró anoche el nuevo sistema de iluminación del Museo Evita. A su lado, estuvo el exgobernador y candidato a diputado nacional Juan Schiaretti, quien aprovechó la presencia de los medios para difundir sus propuestas de campaña y luego saldrá en la publicidad.
De la Sota será el protagonista de la campaña, con sus críticas hacia los K, en una estrategia consensuada con sus candidatos, que en muchos casos pasarán a segundo plano.
El PJ cordobés fue el primero que presentó a sus candidatos, con un acto multitudinario en el Orfeo. También lanzó una campaña televisiva, que frenó la Justicia por violar la ley electoral.
Más allá de que exista una norma que trata de poner en un plano de igualdad a todos los competidores de una campaña, no caben dudas de que los oficialismos de todos los orígenes ideológicos siempre tienen una gran ventaja sobre sus opositores.
Los gobernantes también alegan –y con razón– que ellos tiene el peso de la gestión, que puede ser una carga en medio de una campaña electoral.
A esto lo sufrió hace poco tiempo el gobernador De la Sota, cuando debió desprenderse de un ministro (Dante Heredia, titular de Transporte) por una denuncia periodística.
A nivel nacional, los vaivenes de la economía también pueden comprometer las chances electorales de los candidatos que representan al kirchnerismo.
De todos modos, cuando la campaña ya está en marcha, los ciudadanos comienzan a desconfiar de las denuncias opositoras y los gobernantes encuentran un respiro. Allí es cuando comienza a tallar la diferencia de recursos que suele existir entre el oficialismo y el resto.
A lo largo de la historia política reciente, en los últimos 30 años de democracia, los gobernantes de turno, de todos los signos políticos, utilizaron las múltiples herramientas que les brinda el manejo del poder, para ponerlas al servicio de sus candidatos. Hasta ahora, ninguna norma electoral pudo remediar este mal.

