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Schiaretti: más dificultades para el equilibrista del Panal

Superado y con creces el test electoral más importante, Schiaretti se fijó dos objetivos para 2019: obtener las dos bancas que se le vencen en Diputados y que no se imponga el kirchnerismo sobre Macri.

27 de junio de 2019 a las 12:01 a. m.
Schiaretti: más dificultades para el equilibrista del Panal
Foto. Schiaretti recibió a Pichetto. Hará lo propio con Alberto Fernández.

Hay una especulación que comienza a tomar forma de certeza entre los principales estrategas de Hacemos por Córdoba: las Paso que se realizarán el 11 de agosto mostrarán un flujo de adhesión superior al que se logrará luego, el 27 de octubre, el día fijado para la primera vuelta electoral.

Eso creen en el peronismo de Córdoba. Y la diferencia no es menor. Recién en la segunda votación los sufragios sí valdrán para sentar nombres propios en el nuevo Congreso.

Esas bancas son claves para el gobernador Juan Schiaretti. Son la herramienta para seguir obteniendo para la Provincia los recursos que logró consolidar desde que Mauricio Macri está en el poder.

En el Panal, creen que la inercia electoral de la rutilante victoria de Schiaretti del 12 de mayo servirá para aguantar los trapos en la primera parada de agosto. Pero, en términos prácticos, esa contienda sólo marcará una tendencia bastante cercana sobre las potencialidades futuras de cada espacio. Nada más.

Hay confianza en que en las primarias el porcentaje obtenido dé para soñar con tres bancas para Diputados. Pero hay un problema: el resultado de las Paso no otorga premio alguno.

En el PJ cordobés reconocen que el panorama será bastante diferente en octubre. En ese turno, la solitaria boleta que lidera Carlos Gutiérrez deberá lidiar sin ayuda nacional frente a las fuerzas polarizadas de las opciones macristas y cristinistas. Renovar los dos lugares que se arriesgan es el objetivo, pero en el oficialismo hay quienes temen por un resultado menor.

Números

La situación de 2015 no es linealmente comparable con la actual, pero sirve para recordar cómo actuó el electorado provincial entonces, y para plantear eventuales escenarios.

Hace cuatro años, la presencia de José Manuel de la Sota fue determinante para sostener un desempeño que, dos meses después, se desbarrancó y fue usufructuado, principalmente, por Mauricio Macri.

Ya sin el fallecido exgobernador en carrera –Sergio Massa lo venció dentro de la primaria de Una Nueva Alternativa–, los 744 mil votos obtenidos con su precandidatura presidencial se comprimieron a 443 mil cuando llegó el turno de la primera vuelta.

En Cambiemos, la ecuación funcionó a la inversa: el apoyo trepó de 678 mil en las Paso a más de 1.155.000 en las generales. Y fue vital para Macri, que anotó aquel recordado 53 por ciento.

El desempeño del kirchnerismo, en tanto, también fue de menor a mayor. El salto fue de 138 mil votos: pasó de 280 mil en agosto a 418 mil en octubre.

Se sabe: una porción importante del apoyo que logró Macri en Córdoba en 2015 lo explican peronistas cordobeses que, ya con De la Sota fuera de juego, evitaron votar por Massa.

Schiaretti, elegido para el Centro Cívico cuatro meses antes de aquellas generales de octubre de 2015, no movió un dedo para ayudar al tigrense. Tampoco trabajó abiertamente para Macri, pero su prescindencia, como la actual, terminó favoreciendo al líder de Cambiemos.

Ya por aquel momento, el mote de “equilibrista” comenzaba a apropiarse de la figura del gobernador. Ahora, esa caracterización se encamina a agigantarse.

¿Qué hará Schiaretti si el escenario termina consolidándose en una extrema paridad entre Macri y el cristinismo para el balotaje?

Volvamos a los números de la primera vuelta de 2015. Claro que no todo el peronismo provincial migró hacia el redil de Macri. Aunque menor, otra parte pegó el salto hacia el kirchnerismo que encarnaba Daniel Scioli, mientras que otra porción se quedó con Massa, que logró retener a 443 mil votantes.

Ese caudal es el botín por el que irán ahora Macri y Alberto Fernández.

Aquella fuga del PJ cordobés hacia el peronismo nacional tuvo dos canastas: la de Massa y la de Scioli. Ahora, la única opción peronista será la del “fernandista” Frente de Todos. Con este nuevo escenario, no parece tan seguro que la boleta corta de Schiaretti beneficie más a Macri que al cristinismo.

Más cambios

Otra tendencia diferente a 2015 ya puede verse en el terreno de las posiciones políticas. Ya sea en público como en privado, los dirigentes más encumbrados del PJ provincial no dudan en asegurar que la estructura, liberada por Schiaretti de referencias presidenciales, trabajará mayoritariamente para los Fernández.

El senador Carlos Caserio, flamante jefe del bloque peronista en el Senado y titular del PJ cordobés, lo dijo sin eufemismos en su presentación como reemplazo de Miguel Pichetto. Lo propio hizo Martín Gill, tras ser reelegido como intendente de Villa María. Se espera que esa tendencia se vaya sincerando conforme avance la campaña.

Superado y con creces el test electoral más importante, Schiaretti se fijó dos objetivos para 2019: obtener las dos bancas que se le vencen en Diputados y que no se imponga el kirchnerismo sobre Macri.

Ambas pretensiones no están aseguradas. El equilibrista del Panal deberá lidiar con más dificultades.