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Política

Gobierno de Milei. Reforma laboral: por qué no alcanza para bajar el empleo “en negro”

La modernización laboral ordena reglas y promete menos juicios, pero eso por sí solo no reduce la informalidad. La pista está en un dato clave sobre dónde nace el empleo en negro.

04 de marzo de 2026, 12:03
Reforma laboral: por qué no alcanza para bajar el empleo “en negro”
Sesión en el Senado por la Ley Penal Juvenil y la reforma laboral (Foto: Comunicación Senado)

La ley de modernización laboral se aprobó con rapidez y con mayorías firmes. Es un paquete amplio (con más de 200 artículos), pero sus ejes principales son claros: en lo central, no altera derechos individuales, sino que ordena reglas y aclara interpretaciones, para que haya menos juicios y menos decisiones “a criterio” según la provincia o el juzgado. También hay cambios en el plano colectivo: se busca que los acuerdos laborales puedan adaptarse mejor a la realidad de cada empresa y se fijan reglas más claras para resolver conflictos.

Hasta acá, el balance puede ser positivo. Pero la pregunta importante sigue en pie: ¿esto alcanza para bajar el empleo en negro, que ronda el 40% de los asalariados privados? Para responder, hay que mirar dónde está el problema.

Dónde se concentra el empleo en negro

Cuando se mira el empleo no registrado según el tamaño de la empresa, el mapa es muy desigual. Con datos del Indec (3º trimestre de 2025), empresas con menos de 10 trabajadores concentran el 76% del empleo asalariado privado no registrado. Mientras que empresas de 10 a 40 explican el 14% y empresas de más de 40 reúnen el 10% restante.

En otras palabras: casi 9 de cada 10 puestos en negro están en empresas de menos de 40 trabajadores. Esto cambia el enfoque: si la informalidad está concentrada, la solución también tiene que enfocarse ahí.

El problema de fondo: formalizar es caro

En muchas pymes, el obstáculo no es la “mala intención” del que contrata. Es que formalizar cuesta y, con baja productividad, no siempre se puede pagar.

Un ejemplo simple: en varias actividades, el salario “de convenio” más bajo (el mínimo que marca el acuerdo del sector) supera el millón de pesos por mes. En cambio, según INDEC, el ingreso promedio de un trabajador informal ronda $550 mil en empresas de menos de 10 empleados y cerca de $800 mil en las de 10 a 40. Es decir, el piso salarial formal suele ubicarse muy por encima de la productividad e ingresos reales de muchas empresas.

Y hay otro punto que suele pasar desapercibido: lo que paga la empresa no es solo el sueldo bruto, sino que además están las contribuciones patronales. Por su parte, al trabajador le descuentan de su salario los aportes personales. Eso hace que el costo total del empleo en blanco sea bastante más caro que lo que llega al bolsillo del trabajador. En números de la OCDE: en Argentina ese costo extra ronda el 34,6% del salario, y es más alto que el promedio de América Latina (cerca de 21,7%).

Si se intentara resolver todo solo con más controles, sin resolver antes la brecha entre productividad y regulaciones, el resultado puede ser el contrario al buscado: más gente trabajando por su cuenta sin protección, menos empleo o empresas achicándose.

Dos medidas concretas para atacar el problema donde nace

Si el objetivo es bajar la informalidad, el paso siguiente debería enfocarse en las micro y pequeñas empresas, con reglas más realistas:

  • Reglas laborales adaptadas a microempresas: para empresas de menos de 10 trabajadores, una opción es liberar la obligación de aplicar el convenio sectorial tal como está hoy, porque muchas veces fija condiciones pensadas para empresas grandes. Y para el resto de las pymes, facilitar acuerdos dentro de la empresa que reemplacen el convenio cuando este no refleja su realidad. La idea no es “quitar derechos”, sino evitar que la norma sea tan exigente que termine incumpliéndose.
  • Bajar el costo de registrar empleo para las empresas más chicas: un mecanismo posible es un “mínimo no imponible” para las contribuciones patronales. Es decir, que una parte de la masa salarial no pague cargas. Bien diseñado, puede ayudar a registrar trabajadores sin romper el equilibrio fiscal, dado que implicaría un costo menor al del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) recientemente aprobado.

La modernización laboral puede ser un hito. Pero si el empleo en negro se concentra en las empresas más chicas, la modernización empieza cuando la formalidad deja de ser una meta imposible para ese segmento. Sin ese capítulo, la reforma puede mejorar el mercado formal mientras la informalidad se mantiene casi intacta donde se origina.

Sesión en el Senado por la Ley Penal Juvenil y la reforma laboral (Foto: Comunicación Senado)
Sesión en el Senado por la Ley Penal Juvenil y la reforma laboral (Foto: Comunicación Senado) (Comunicación Senado)