
La UCA alertó por el fuerte avance de la precarización laboral y cuestionó la reforma del Gobierno
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Redacción La Voz
Ninguna de las dos cosas es mentira, ni siquiera se trata de verdades a medias. La economía argentina atraviesa uno de los momentos más singulares de las últimas décadas. Nunca antes convivieron con tanta intensidad indicadores de producción y exportación que alcanzan máximos históricos con sectores que todavía permanecen sumidos en una profunda crisis.
Mientras Vaca Muerta impulsa una revolución energética, el agro vuelve a registrar cosechas récord y las exportaciones baten marcas nunca vistas, buena parte de la industria continúa trabajando muy por debajo de su potencial, el consumo sigue debilitado y numerosas actividades dependen de promociones para sostener sus ventas.
El fenómeno tiene una explicación estructural. Los sectores que hoy lideran el crecimiento están orientados principalmente a la exportación y aprovechan ventajas naturales, fuertes inversiones y una demanda internacional sostenida.
En cambio, las actividades vinculadas al mercado interno todavía enfrentan un consumidor con escaso poder adquisitivo, elevados costos y un proceso de reacomodamiento luego de varios años de alta inflación que deriva en un fuerte achicamiento de la rentabilidad.
Los números permiten dimensionar esa dualidad. La producción de petróleo superó por primera vez los 904.000 barriles diarios. Las exportaciones alcanzaron U$S 9.537 millones en un solo mes. El superávit comercial llegó a U$S 3.504 millones, el mayor de la historia.
Y hay más: la producción de granos alcanzó 163,2 millones de toneladas y la actividad aerocomercial registró el mejor primer cuatrimestre desde que existen estadísticas. Pero, al mismo tiempo, la industria textil trabaja apenas al 40% de su capacidad instalada, las ventas en supermercados permanecen en terreno negativo y la construcción continúa lejos de recuperar el dinamismo perdido.
Hay empresas en franca caída, como se vio por estos días en la actividad metalmecánica.
No existe otro sector que explique mejor el cambio de matriz productiva argentina que la energía. Vaca Muerta continúa acelerando su desarrollo y transformó al petróleo y al gas en protagonistas del crecimiento económico.
En mayo, la producción nacional de petróleo alcanzó los 904 mil barriles diarios, un incremento interanual del 18,4% y el mayor nivel registrado en la serie reciente. La producción convencional volvió a retroceder 10,8%, mientras que el petróleo no convencional aumentó 39% hasta superar los 623 mil barriles diarios.
Eso significa que el shale oil de Vaca Muerta ya representa siete de cada 10 barriles extraídos en Argentina, indicó la consultora Economía y Energía.
El gas natural recorre un camino similar. La producción llegó a 156 millones de metros cúbicos diarios, con una mejora interanual del 5,4%. También aquí el protagonista es el shale gas, cuya producción aumentó más de 20%, mientras el gas convencional y el tight gas continúan perdiendo participación.
Las exportaciones de combustibles y energía crecieron 167% interanual durante mayo y se consolidaron como uno de los principales motores del récord exportador alcanzado por el país. La balanza energética incluso registró uno de los mayores superávits de su historia.
El frente externo también ofrece probablemente las cifras más contundentes del año. Durante mayo, Argentina exportó bienes por U$S 9.537 millones, el mayor monto mensual registrado desde que existen estadísticas oficiales.
La cifra no sólo refleja el fuerte crecimiento de la energía, sino también el excelente desempeño del complejo agroindustrial y de distintas actividades manufactureras orientadas al mercado internacional.
Como consecuencia de ese desempeño, el superávit comercial alcanzó U$S 3.504 millones en mayo, también un máximo histórico. Con la acumulación de reservas como desafíos macroeconómicos, el ingreso de divisas del comercio exterior es clave.
El agro volvió a convertirse en uno de los pilares de ese resultado. Entre enero y mayo, se exportaron 53 millones de toneladas de productos agroindustriales, el mayor volumen para ese período. Además, el valor exportado aumentó 17% hasta alcanzar U$S 22.383 millones. El dato de junio saldrá en una semana.
Las declaraciones juradas de ventas al wxterior también marcaron registros históricos. Sólo en marzo alcanzaron 12,6 millones de toneladas comprometidas para exportación, un volumen 71% superior al registrado un año antes y 36% mayor que el anterior máximo histórico. El maíz explicó buena parte de esa mejora, con más de 6,8 millones de toneladas declaradas para embarque, también un récord para ese mes.
La producción de granos también volvió a escribir un capítulo histórico. La campaña 2025/2026 alcanzó 163,2 millones de toneladas, un aumento superior al 21% respecto del ciclo anterior. El trigo estableció un récord absoluto con 27,9 millones de toneladas, mientras que el girasol logró otro máximo con 7,4 millones. El maíz, por su parte, llegó a 70 millones de toneladas, el mayor volumen de las últimas dos décadas.
El excelente desempeño del sector primario también se reflejó en la pesca. La captura de calamar superó las 120 mil toneladas durante el primer bimestre, el mayor registro histórico para ese período. Al mismo tiempo, la pesca marítima aumentó 27% durante marzo y la acuicultura mostró un crecimiento superior al 50%, consolidando otro de los sectores exportadores que atraviesa un momento de expansión.
La minería se convirtió en otro de los sectores que aportan buenas noticias. El índice de producción industrial minero (IPI minero) alcanzó en mayo el nivel más alto desde el inicio de la serie estadística en 2017. La actividad acumuló siete meses consecutivos de expansión y mostró un crecimiento interanual del 9,2%, impulsada principalmente por el litio, el petróleo, el gas y los minerales no metalíferos.
La producción de carbonato de litio alcanzó 11.561 toneladas durante mayo, con un incremento interanual del 45,1%, mientras que, en el acumulado de los primeros cinco meses del año, el crecimiento supera el 47%. Los nuevos proyectos alimentan expectativas de exportaciones cercanas a U$S 9 mil millones para todo el año.
Otro indicador que rompió marcas fue la actividad aerocomercial. Entre enero y abril pasaron por los aeropuertos argentinos casi 17,9 millones de pasajeros, el mejor primer cuatrimestre desde que existen registros. El crecimiento del tráfico doméstico e internacional refleja una mayor movilidad de personas y un mercado que continúa expandiéndose a partir del ingreso de nuevas compañías y del incremento de frecuencias.
Pero, buena parte de las actividades orientadas al mercado interno todavía no logra recuperar los niveles de actividad. La industria constituye probablemente el mejor ejemplo. El promedio de utilización de la capacidad instalada continúa lejos de los niveles considerados normales y numerosos sectores operan con importantes niveles de ociosidad.
El acumulado durante los cinco meses del año se ubica 3% por debajo del mismo período de 2025 y 10% por debajo de los niveles de 2022 y de 2023, informó la UIA.
La situación resulta especialmente delicada en la industria textil. Según Pro Tejer, la producción cayó 23,3% interanual en marzo (último dato) y se ubicó más de 31% por debajo de los niveles registrados en 2023. La fabricación de prendas de vestir, de cuero y de calzado también permanece claramente por debajo de aquellos registros.
Como consecuencia, las fábricas textiles trabajaron apenas al 40,2% de su capacidad instalada. En otras palabras, casi siete de cada 10 máquinas permanecieron detenidas durante buena parte del primer trimestre. Las empresas atribuyen esa situación a un consumo todavía débil, a una fuerte competencia de productos importados y al contrabando.
El mercado automotor tampoco logró sostener el nivel alcanzado durante 2025. En junio se patentaron 45.995 vehículos cero kilómetros, una cifra 12,8% inferior a la del mismo mes del año anterior. El primer semestre cerró con 294.181 unidades, casi un 10% menos que en igual período de 2025.
El consumo representa, entonces, el principal interrogante de la economía argentina. Los salarios comenzaron a recuperar parte del terreno perdido frente a la inflación. En abril, el índice salarial del Indec aumentó 3,7%, impulsado principalmente por las remuneraciones del sector privado registrado. El Gobierno sostiene que el salario real alcanzó uno de los niveles más altos desde diciembre de 2023.
Sin embargo, esa recuperación todavía no consiguió trasladarse plenamente a las decisiones de consumo de los hogares. Las ventas en supermercados mostraron en abril una caída interanual del 3,7% medidas a precios constantes, lo que refleja que muchas familias siguen priorizando el pago de servicios (65% más caros, según menciona el Iaraf), deudas y obligaciones financieras antes que incrementar el gasto cotidiano.
Con esos resultados, el índice acumuló un incremento de 12,7% entre diciembre de 2025 y abril de 2026, mientras que la inflación acumulada hasta mayo era del 14,7%, aunque desde abril comenzó una desaceleración de los precios que permitió que muchas paritarias empezaran a ubicarse por encima de la inflación mensual.
En mayo de 2026, el indicador sintético de la actividad de la construcción (Isac) del Indec muestra una suba de 4,1% respecto de igual mes de 2025. El acumulado de los primeros cinco meses de 2026 del índice serie original presenta un aumento de 2,5% respecto de igual período de 2025. En mayo de 2026, el índice de la serie desestacionalizada muestra una variación positiva de 6,3% respecto del mes anterior y el índice serie tendencia-ciclo registra una variación positiva de 0,6% respecto del mes anterior.
Pero el tema es que parte de una base de comparación extremadamente baja, con la obra pública nacional en niveles muy bajos.
El mercado inmobiliario continúa mostrando señales de debilidad, especialmente en Córdoba. Durante marzo, la firma de contratos de alquiler cayó 25% interanual, una baja importante aunque menor al retroceso del 44% registrado en febrero. Más preocupante fue la evolución de las compraventas, que se desplomaron 56% frente al mismo mes del año pasado, profundizando incluso la caída del 55% observada en febrero. En la ciudad de Buenos Aires, el comportamiento fue algo más estable.
La principal conclusión que deja 2026 es que la economía argentina dejó de moverse de manera homogénea. Los sectores ligados a los recursos naturales, a las exportaciones y a la inversión privada atraviesan uno de los mejores momentos de su historia.
Al mismo tiempo, buena parte de la industria manufacturera y de las actividades vinculadas al mercado interno todavía enfrenta un escenario muy diferente. El consumo continúa mostrando debilidad, la utilización de la capacidad instalada permanece baja en numerosos rubros y la recuperación no alcanza con la misma intensidad a todas las empresas.