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Protestas: de la “batalla de Seattle” a la “bienvenida al infierno” de Hamburgo

Los enfrentamientos de Seattle (EE.UU.), en 1999, fueron la columna vertebral que dio origen al movimiento antiglobalización.

28 de noviembre de 2018 a las 12:01 a. m.
Protestas: de la “batalla de Seattle” a la “bienvenida al infierno” de Hamburgo
Choques. El conflicto en la cumbre de Hamburgo, en 2017. (AP / archivo)

Cuando el país entero empiece a quejarse mañana porque Aeroparque está cerrado, o cuando los porteños se indignen porque no hay subtes ni trenes en una Buenos Aires sitiada, deberían pensar en los policías y en los manifestantes de Seattle que, en 1999, inspiraron la tradición de convertir la sede de cada cumbre de la OMC en una zona de exclusión militarizada.

Fue en aquel año cuando la “batalla de Seattle” entre fuerzas de seguridad estadounidenses y miles de manifestantes se saldó con palazos, carros hidrantes, 500 detenidos y un corolario inapelable: ninguna reunión de la OMC (Organización Mundial de Comercio) se organizaría desde entonces sin declarar el estado de emergencia y zonas de exclusión para aislar a los revoltosos.

Aquella cumbre inaugural en Estados Unidos fue un fracaso, y no pudo sacarse mucho en limpio en las deliberaciones gubernamentales llevadas a cabo en una ciudad sumergida en el caos y saturada de gases lacrimógenos.

Fue, en cambio, la columna vertebral que dio origen al movimiento antiglobalización, que más allá de sus diferencias internas, acuerda en ir en contra de las políticas de los países miembro que, aseguran –y la realidad a veces los ampara–, crean desigualdad económica e influyen directamente en la vida cotidiana de los ciudadanos.

En aquella contracumbre fundacional participaron organizaciones de todo tipo: políticas, sociales, ambientalistas, sindicales, indigenistas y feministas, entre otras.

Hasta en Alemania

“Welcome to hell” (“Bienvenidos al infierno”) fue el lema con el que los activistas anticapitalismo recibieron, en julio de 2017, a los líderes mundiales que llegaban a la última cumbre del G-20, realizada en Hamburgo, Alemania.

Durante tres días, además de las protestas pacíficas, unos 12 mil manifestantes bloquearon los accesos al evento y las calles fueron escenario permanente de choques violentos, enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, autos quemados, más de 150 heridos y un centenar de detenidos.

La protesta incluyó acciones de sabotaje en vías de tren y roturas de mobiliario urbano.

Hubo cuestionamientos a la canciller Angela Merkel por elegir como sede a Hamburgo, lugar con una fuerte tradición de movimientos de izquierda y antiglobalización, pero a la vez también sorprendió el tenor de las protestas.

Un año antes, en 2016, la cumbre del G-20 se había realizado en Hangzhou, China, sin sobresaltos. Claro que en ese país está prohibido cualquier tipo de manifestación pública masiva, mucho menos opositora. Y si la hubo en esa ocasión, no hay muchas maneras de averiguarlo.

Así que, más allá del juicio de valor que cada uno cargue en relación a estas cumbres, a no asombrarse tanto si comienzan las protestas: no seremos el primer país en sufrirlas, y tampoco nos flagelemos por pensar que somos los peores del mundo.

Agrupaciones organizan las marchas en Bs. As.

La primera gran convocatoria para protestar por la cumbre del G-20 comenzó ayer bajo la consigna “No al G-20, fuera el FMI”.

Una veintena de organizaciones sociales como el Movimiento Evita, Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa, Unidad Popular, el Partido Comunista Revolucionario, Seamos Libres, Martín Fierro y Barrios Peronistas, entre otras, tratarán de mostrar una masiva concentración. Por su parte, el diputado nacional por el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) Nicolás del Caño adelantó que las fuerzas de ese espacio realizarán el viernes un acto en San Juan y 9 de Julio, y luego marcharán por las calles del centro porteño.