Las dos caras. Pampa Energía cierra de una industria histórica, pero apuesta al agro y a Vaca Muerta
Mientras baja la persiana de la única planta de caucho sintético del país por la caída de la demanda y el avance de las importaciones, la empresa acelera inversiones por más de U$S 7.000 millones en petróleo y fertilizantes.
En menos de una semana, Pampa Energía quedó ubicada en el centro de dos noticias que parecen incompatibles, aunque describen el mismo proceso económico. Por un lado, decidió cerrar la única planta de caucho sintético de la Argentina, una actividad industrial con décadas de historia y unos 200 puestos de trabajo directos afectados entre personal dentro y fuera de convenio. Por el otro, confirmó inversiones multimillonarias para producir petróleo en Vaca Muerta y construir la mayor planta de urea de América Latina.
No se trata de una contradicción empresarial. Es, más bien, una radiografía de la economía argentina actual. Los sectores vinculados a la energía, los recursos naturales y el campo y las exportaciones reciben inversiones récord, mientras parte de la industria manufacturera pierde competitividad.
El caso más simbólico es el de Puerto General San Martín, en Santa Fe. Allí Pampa Energía cerrará la histórica planta de caucho sintético, heredera de la ex-PASA Petroquímica. Con esa decisión, la Argentina dejará de fabricar localmente un insumo estratégico para la producción de neumáticos y buena parte de la industria automotriz.
La empresa mantendrá operativas otras unidades del complejo petroquímico, donde continuará elaborando etileno, estireno, etilbenceno, gases, aromáticos y solventes. Sin embargo, la producción de caucho desaparecerá completamente del mapa industrial argentino.
La explicación combina varios factores. El principal es el derrumbe de la demanda. Fate, uno de los mayores compradores locales, redujo drásticamente sus adquisiciones en medio de la crisis que atraviesa el sector del neumático. A eso se sumaron el crecimiento de las importaciones, los elevados costos internos y las dificultades para competir frente a proveedores internacionales.
Mauricio Brizuela, secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados Petroquímicos Unidos, sostuvo que la decisión representa un golpe estructural. Recordó que la planta ya venía trabajando con dificultades y que llevaba más de una semana paralizada por problemas para conseguir butadieno, materia prima que llegaba desde Brasil.
El dirigente sindical describió la situación como un déjà vu de otros cierres industriales registrados en la región y advirtió que no sólo están comprometidos unos 200 empleos directos, sino también una red de proveedores y pequeñas empresas que dependen de esa producción.
Su advertencia va más allá del conflicto laboral inmediato. "Esta producción que se cierra, difícilmente vuelva a ser producida en el país", resumió.
La preocupación también alcanza al perfil productivo de Santa Fe. Para Brizuela, existe el riesgo de que la provincia consolide una matriz casi exclusivamente agroexportadora, mientras desaparecen actividades industriales con mayor nivel de integración tecnológica y generación de empleo calificado.
La otra cara
Mientras esa escena se desarrolla en el cordón industrial rosarino, Pampa Energía comunicó otra realidad completamente distinta. Esta semana quedó formalmente incorporado al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) el proyecto Rincón de Aranda, en Vaca Muerta. La iniciativa prevé desembolsos por U$S 4.500 millones para desarrollar un yacimiento no convencional mediante la perforación de 259 pozos horizontales.
El Gobierno lo calificó como un Proyecto de Exportación Estratégica de Largo Plazo. Según las estimaciones oficiales, generará unos 800 empleos directos y otros 1.000 indirectos, además de exportaciones por aproximadamente U$S 17.000 millones durante tres décadas de producción.
El plan contempla una ejecución en tres etapas, con infraestructura de procesamiento, oleoductos, gasoductos y almacenamiento. Según el ministro de Economía, Luis Caputo, el RIGI permitió ampliar en un 50% la escala originalmente prevista para el desarrollo del área.
Pero la expansión de Pampa no termina allí. El directorio de la empresa también aprobó la inversión final para construir en Bahía Blanca un complejo de producción de urea granulada por US$ 2.700 millones.
Será la planta más grande de América Latina, con capacidad para producir 6.000 toneladas diarias de fertilizante. Durante la construcción demandará alrededor de 3.500 puestos de trabajo y, una vez en funcionamiento, empleará a unas 300 personas de manera permanente.
El proyecto también busca ingresar al RIGI y se apoya en una lógica de integración vertical. La urea será producida utilizando gas natural proveniente de Vaca Muerta, donde la propia Pampa posee áreas de explotación. Además, la empresa suministrará buena parte de la energía eléctrica necesaria para el funcionamiento del complejo.
Marcelo Mindlin, presidente de Pampa Energía, explicó que la iniciativa apunta a sustituir importaciones y reducir la dependencia argentina de fertilizantes provenientes de mercados lejanos y geopolíticamente inestables. También proyecta convertir al país en exportador regional, con Brasil como principal mercado de destino.
egún las estimaciones de la empresa, el negocio aportará alrededor de U$S 1.000 millones anuales entre menores importaciones y mayores exportaciones.




