Argentina. Pablo Sirvén: “Operación Sallustro muestra que muchas discusiones siguen abiertas”
La novela reconstruye un episodio que sacudió a la Argentina de los años ‘70, entre fábricas, tensiones y violencia. Córdoba como un escenario clave, atravesada por conflictos sindicales. La historia avanza entre la investigación histórica y la ficción, mientras revela decisiones, errores y consecuencias de un tiempo que marcó al país.
El periodista y escritor Pablo Sirvén acaba de publicar Operación Sallustro, una obra que reconstruye uno de los episodios más impactantes de la violencia política en la Argentina: el secuestro y asesinato de Oberdan Sallustro en 1972, a manos del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).
Con una narrativa que combina investigación periodística y ficción, el libro propone una mirada compleja sobre una época atravesada por tensiones políticas, sindicales y sociales.
Publicado en febrero por Sudamericana, el libro ya transita por el proceso de su segunda edición y fue presentado recientemente en Córdoba, escenario clave en la historia por el peso industrial de Fiat Concord y la radicalización sindical de aquellos años.
En esta entrevista con LA VOZ, Sirvén repasa el origen del proyecto, su vínculo personal con el caso, el rol de Córdoba y la recepción que tuvo la obra.
–Conocías la historia de Sallustro desde antes como periodista o esa fue tu primera llegada.
–Mi primera aproximación fue en la adolescencia, como un argentino más, muy impactado por el secuestro y después por el asesinato. Fueron tres semanas con una cobertura constante en televisión, radio y diarios. Mandaron dos fotos como prueba de vida y pasó de ser un desconocido para el gran público a una figura omnipresente. Yo tenía 14 años en 1972, el mismo año en que decidí dedicarme al periodismo. No puedo decir que ese hecho haya sido determinante, pero formó parte de un clima muy intenso: el regreso de Perón, la violencia armada, el gobierno de Lanusse. Cuatro años después empecé a estudiar periodismo, en 1976. Se van a cumplir 50 años de ejercicio ininterrumpido.

–Si bien la historia ocurre mayormente en Buenos Aires, Sallustro dirigía una empresa con fuerte presencia en Córdoba. Eso también ubica a esta ciudad en la escena.
–Totalmente. Fiat Concord era la principal empresa del país en ese momento. Tenía plantas en Buenos Aires y Santa Fe, pero las más importantes estaban en Córdoba. Y Córdoba era, además, el epicentro del sindicalismo más radicalizado. Ahí estaban figuras como Agustín Tosco y experiencias gremiales muy intensas. Hay una paradoja interesante: Fiat quiso impulsar sindicatos propios para evitar conflictos con los gremios tradicionales, y esos sindicatos terminaron siendo aún más radicalizados. Sallustro, de todos modos, era un ejecutivo que ponía el cuerpo en las negociaciones.
–En Córdoba hubo varios antecedentes de violencia política vinculada a la industria automotriz.
–Sí, con el diario del lunes se pueden ver la existencia de señales. Hubo tiroteos en torno a plantas de Fiat, enfrentamientos con supuestos guerrilleros. También hubo asesinatos de ejecutivos, algunos en Córdoba. Y después, durante la dictadura, desaparecieron delegados de Fiat. Es una historia trágica con continuidad, no un hecho aislado.
–Además de la historia real, en el libro aparece un personaje ficticio, un joven guerrillero. ¿Cómo lo construiste?
–Primero tomé una decisión audaz: contar la historia desde la voz de Sallustro, en primera persona. Eso implicó un gran trabajo de reconstrucción, incluso de su forma de hablar. Nació en Asunción, tenía raíces italianas, y traté de reflejar ese tono. Busqué ser verosímil, pensar cómo hablaba y cómo pensaba un CEO hace 50 años. Pero eso también tenía límites. Había cosas que Sallustro no iba a contar. Entonces necesitaba otra mirada. Ahí surge el personaje ficticio llamado Nahuel Sima, un guerrillero. Él permite mostrar el otro lado. Todo lo que ocurre alrededor suyo es real, salvo su historia personal. Era habitual que el ERP se infiltrara en fábricas para captar delegados y bases.
–El libro también plantea diferencias ideológicas y de estilos entre las organizaciones armadas.
–Había diferencias de origen. Montoneros tenía una raíz más vinculada a sectores medios y al peronismo. El ERP era más proletario en su discurso, aunque en el fondo el fenómeno guerrillero argentino tuvo un componente elitista. Lo interesante es que actuaban en nombre de los pobres, pero esos sectores no siempre se identificaban con ellos. En el libro muestro incluso detalles que revelan esa contradicción, como cuando piden que se repartan útiles escolares en todo el país. Era una mirada casi de damas de beneficencia.
–La historia también muestra una paradoja: el ERP secuestra a alguien que había sido partisano, un guerrillero que luchó contra un régimen opresor. ¿Lo entendieron sus secuestradores?
–Exacto. Sallustro había combatido en la Segunda Guerra Mundial y había sido partisano. Eso lo cuenta Carlos Tonelli, un ex colaborador suyo que conocí de manera casual. Él me acercó muchos detalles que despertaron mi interés. Hay una escena muy fuerte: Sallustro intenta generar empatía con sus captores apelando a esa experiencia, pero algunos guerrilleros no querían escuchar. Les rompía el esquema del “enemigo explotador”.
–¿Cómo fue el proceso de investigación histórica?
–Muy intenso. Hablé con gente que estuvo del lado de Sallustro y también con quienes participaron del otro lado. Revisé documentos, testimonios, reconstrucciones judiciales. Me interesaba entender no solo el hecho, sino el contexto. También fue clave la figura de Aurelio Peccei, jefe de Sallustro, que negoció con el Gobierno y con los guerrilleros. Se reunió con Gorriarán Merlo con Santucho. Fue una negociación en dos frentes muy complejos.
–¿Con qué versión te quedás sobre cómo dieron con el lugar donde estaba cautivo? ¿Casualidad o inteligencia?
–Creo que hubo una mezcla de casualidad y de errores de los secuestradores. Fueron bastante desprolijos. Dejaron rastros, cambiaron varias veces de lugar al secuestrado. Por ejemplo, cuando Sallustro escribe una carta, la policía analiza la tinta y determina que fue escrita pocas horas antes. Eso descarta que estuviera en Córdoba y focaliza la búsqueda en Buenos Aires. Después hubo un trabajo de rastreo sobre alquileres recientes. Cuando finalmente llegan al lugar, parece más fruto de un procedimiento general que de una certeza puntual.
Repercusiones y silencios
–Si hay una segunda edición es porque el libro tuvo mucha repercusión. ¿Qué pasó con las reacciones desde el lado de quienes militaron en la guerrilla?
–Ahí hubo un silencio absoluto. El libro se está moviendo mucho, hice presentaciones en la costa, en Córdoba, en Buenos Aires, y voy a Rosario y a Montevideo porque hay una pata de Tupamaros en el secuestro. Pero desde ese sector no hubo respuestas. Tampoco de algunos familiares. Sí hubo contacto con sobrinos de Sallustro y con gente que trabajó en Fiat.
–¿Qué ocurrió con los responsables del secuestro?
–Fueron capturados y juzgados. Algunos recibieron cadena perpetua. Pero con la llegada de Héctor Cámpora se produjo una amnistía y varios quedaron en libertad. Algunos volvieron a cometer atentados. Es parte de la complejidad de esa etapa.
–Este año se cumplen 50 años del golpe de 1976. Hay un debate sobre el impacto de la dictadura en el modelo productivo. ¿Cuál es tu mirada de eso?
–Es un tema complejo. Por un lado, la violencia de la guerrilla generó condiciones que aceleraron decisiones empresariales, como el traslado de operaciones a Brasil. Fiat, por ejemplo, reforzó su presencia allí. Pero también es cierto que la dictadura impuso un modelo más financiero que productivo. Eso lo hago decir en el libro de manera muy cuidada. Es un proceso que, con matices, llega hasta hoy.
–El libro también habla del automóvil como fenómeno social, ¿se extinguió esa percepción?
–Sí, y eso lo hace muy actual. En los años 60 y 70, el auto estaba al alcance de la clase media. El Fiat 600, el Citroën 3CV, el Renault 4. Era parte del ascenso social. Hoy eso cambió. El auto y la vivienda son mucho más inaccesibles. También hay un cambio cultural: las nuevas generaciones tienen otra relación con la movilidad. El libro recorre ese universo. Aparecen referencias culturales, como Mafalda con el 3CV o la carga simbólica del Ford Falcon.
–¿Por qué creés que esta historia sigue siendo relevante?
–Porque habla de un país que no termina de resolver sus tensiones. El libro arranca diciendo cómo muere Sallustro, no hay suspenso en ese sentido. Pero hay otro nivel de lectura: el de las causas, las decisiones, los contextos. Y también hay un final que no quiero revelar, que introduce una vuelta más, una reflexión sobre lo que pasó y lo que sigue pasando. Creo que “Operación Sallustro” es un libro sobre los años 70, pero también sobre la Argentina de hoy. Porque muchas discusiones siguen abiertas.
Título: Operación Sallustro
Autor: Pablo Sirvén
Género: Novela histórica
Editorial: Sudamericana
Edición: Primera
Páginas: 318

