
Naranjitas en Córdoba: el Concejo aprobó la reforma entre críticas por controles, tarifas y sanciones
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Redacción La Voz
¿Son los “naranjitas” el principal problema que tiene la ciudad de Córdoba?
La respuesta es negativa por donde se le busque. Pero quienes decidieron colocar el debate del control del estacionamiento como asunto central de la agenda pública son las cabezas del proyecto político gobernante en la Provincia y en la Capital.
Y esa decisión les abrió una serie de frentes, con una cuestión que largamente sobrepasa a los cuidacoches y se transforma en una representación de la fuerte disonancia entre palabras y hechos, como símbolo de una manera de administrar.
Por eso, el costo será alto no por la queja ciudadana de la actividad, sino porque la película se encamina a terminar exactamente al revés de como fue presentada en los primeros capítulos.
Repasemos aquellas escenas: el gobernador Martín Llaryora –rodeado por la vicegobernadora Myrian Prunotto; por el intendente capitalino, Daniel Passerini, y por ministros y secretarios de la Provincia más funcionarios municipales– anunciaba un proyecto de ley de prohibición de “naranjitas” y de limpiavidrios. Fue en marzo pasado, después del fallido tratamiento de la iniciativa en diciembre de 2025.
Antes de eso, el intendente Passerini se pronunciaba en contra de la actividad de los llamados “naranjitas” por diversas vías, pero en especial en una larga entrevista con La Voz, el 8 de marzo de 2025.
“Hoy, la ciudad no necesita cuidacoches ni personas que en los espacios públicos estén ordenando el tránsito; para eso está la Policía Municipal. Lo que se necesita son más lugares de estacionamiento. Uno de los proyectos que irá al Concejo tiene que ver con el desarrollo urbano y plantea nuevos objetivos (...)”. Y voy más a fondo: este año, el Concejo debe tratar la adecuación del Código de Convivencia y la modernización de la Justicia de Faltas. Porque esta actividad (los ‘naranjitas’) creció mucho a partir de la crisis de 2001. Pero no hay que perpetuar algo porque en su momento sirvió”, decía textual.
En aquellos días, un año atrás, su viceintendente, Javier Pretto, planteaba que “la intención de esta gestión es que las distintas zonas donde el estacionamiento es tarifado dejen de serlo”.
El ministro con más exposición pública del Gobierno provincial y a la vez anotado como posible candidato a intendente, Juan Pablo Quinteros, escribía en octubre pasado en sus redes: “En Córdoba, la calle no tiene dueño. El espacio público no se compra, no se alquila, no se cobra y mucho menos se domina por la fuerza o por la costumbre”.

El oficialismo, con sus principales figuras provinciales y municipales, dijo con mucha enjundia que iban a ir para un lado y terminaron encarando para el opuesto.
Esto les genera no sólo un desgaste por la cuestión específica del estacionamiento, sino también por el impacto de decir una cosa y hacer otra.
El Concejo Deliberante volvió a hacer gala de espacio institucional con fines decorativos.
Aprobó una ordenanza que les traslada facultades discrecionales a los funcionarios del Ejecutivo.

Podrán ellos determinar zonas de aparcamiento tarifado y de esta manera beneficiar o perjudicar, según criterios que no necesariamente serán urbanísticos.
También esto abre la puerta a la posibilidad de seguir sumando proveedores, como los de la vestimenta, con los antecedentes de uniformes caros y sospechados, como aquellos primeros de la fallida Guardia Urbana municipal.
Y hablando de abrir puertas, les asignan la denominación de “constatadores” a simples cuidacoches con logo e identificación de la Municipalidad de Córdoba; casi una invitación a un planteo jurídico para sumarlos al abultado plantel municipal, que tiene las más variadas formas de vínculos laborales.
Los ediles opositores que rechazaron la ordenanza –vinculados a las gestiones de Luis Juez y de Ramón Mestre– no pudieron haberse escandalizado ante la posibilidad de que la legión, que ellos engrosaron, se agrande.

Ya que estaban aburridos y con pocos ideas, los concejales decidieron recargar de tareas a la Policía, que ahora deberá mediar en cada conflicto que se presente entre constatadores y ciudadanos.
La Provincia tapa baches, arregla plazas, pavimenta calles, pone foquitos, hace parques y ahora tendrá que ocuparse de los temas de estacionamiento. Ningún experto en autonomía y en atribuciones de los municipios podría entenderlo y explicarlo.
Y lo más grave de todo: les abrieron nuevos problemas a los vecinos, agobiados por la falta de respuestas estatales a nivel nacional, provincial y municipal.
Se atribuye al gran Alfredo Di Stéfano, gloria del fútbol argentino, español y mundial, la célebre frase: “No te pido que atajes las que vayan adentro, pero por lo menos no metas las que van afuera”.