
Los videos de Jésica y el respiro fugaz para Adorni
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Redacción La Voz
Dos expresidentes argentinos (que siempre habitaron polos opuestos) coincidieron en una opinión, hace tres años.
En marzo de 2023, Mauricio Macri dijo: "Quiero ratificar mi decisión: no seré candidato en la próxima elección. Hay que agrandar el espacio político del cambio que iniciamos".
Poco después, entrevistado por la periodista Luciana Vázquez, describió el panorama político como un escenario de tres tercios. El de los triunviros Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa. El de los aliados y enemigos íntimos Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta. El de la rebelión inesperada, Javier Milei.
En mayo de 2023, Cristina Kirchner sostuvo lo mismo. Cuatro años después del tuit en el que hizo candidato a Alberto Fernández, difundió una carta en la que, como Macri, también renunciaba a postularse. En aquellos tiempos, Cristina tenía por costumbre el género epistolar para criticar a su gobierno.
Tras su declinación, Cristina declaró al canal C5N que la elección presidencial de 2023 sería atípica: "Es una elección de tercios. Lo importante, más que el techo, es el piso. Hay que entrar en el balotaje".
Tanto Macri como Cristina estaban sincerando entonces una novedad: el sistema político de dos grandes coaliciones opuestas estaba implosionando. Ni siquiera el brete de las primarias partidarias con voto obligatorio alcanzaba para contener las filtraciones. Sólo el balotaje ordenaría, al final del camino, las dos mitades de la nueva polarización.
En estos días, la Casa Rosada dedica todas sus energías a obtener un resultado de cortísimo plazo: la permanencia de Manuel Adorni. Si no en sus funciones, al menos en su despacho. Esa obsesión le resta días al oficialismo, que corre contrarreloj para conseguir la llave de la reelección: el nuevo régimen electoral, con la eliminación o suspensión de las Paso.
Los adversarios y aliados de Milei empiezan a calcular distintos escenarios según cómo funcionen las primarias en 2027, acaso sin la obligatoriedad del voto. Es por eso que comienzan a hablar de una elección de cuatro cuartos. Donde otra vez prime el piso más que el techo y donde todos arranquen de un piso todavía más bajo que en 2023.
El kirchnerismo es el primero que lo está planteando desde la aceleración de su conflicto con Axel Kicillof. El macrismo esta vez no lo enuncia, pero no lo descarta. El kirchnerismo agita con una candidatura de Cristina que es inviable por su condena judicial. Macri y Patricia Bullrich amagan, con guiños sugestivos, tomar distancia política de Milei sin abandonar el rumbo económico.

Estas disidencias por los flancos de Milei y Kicillof configurarían los cuatro cuartos, siempre que existan las Paso como espacio competitivo. Milei prefiere eliminarlas, para polarizar de entrada.
Le juega a favor el hartazgo de la sociedad con las primarias obligatorias. Fueron utilizadas por la clase política de modo tan disfuncional que conformaron una nueva singularidad argentina: la elección presidencial de triple vuelta. Basta con recordar el balotaje de facto, anticipado en agosto de 2019. Una disrupción de enorme costo sistémico.
La polarización que induce Milei es además un componente del clima de época. En toda la región, las elecciones presidenciales han tomado ese sesgo. Las dos últimas, en Perú y Colombia, fueron tan bipolares cuanto ajustadas. Las diferencias entre los dos bloques dominantes son ínfimas.
Eso, en el final de la carrera, pero el escenario de partida es de una fragmentación amplia. No hay primarias que alcancen para concentrar el voto disperso. Y con 20 puntos de piso, cualquier candidato es realmente competitivo.
Milei confía en los indicadores duros de la economía: el riesgo país afirmándose en torno de los 450 puntos; un superávit comercial histórico; la recomposición de reservas esta vez en marcha; el dólar estable; la inflación otra vez en baja.
Prefiere soslayar otros datos más inclementes: la deriva del empleo registrado en trabajos mal remunerados y de menor calidad; la mora creciente en la deuda de los hogares y la desaparición del crédito al consumo; el profundo trauma social de lo que en la teoría libertaria se subestima con altanería de estilo Adorni como simple “destrucción creativa” de las fuentes de trabajo.
Con todo, dos predictores estadísticos que han demostrado ser eficientes para percibir el clima social parecen estar mejorando.
El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) de la Universidad Di Tella creció 6,4% en junio respecto del mes anterior. Ese índice venía de tres meses consecutivos de caída. La mejora fue del 10% en el conurbano bonaerense.
El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), de la misma universidad, mejoró en junio casi cuatro puntos sobre mayo. Comparando presidencias, Milei está en niveles similares a Macri a esta altura de sus respectivos mandatos y 47,6% mejor que Alberto Fernández.
Para construir los cuatro cuartos imaginarios, Milei y Macri compiten mejor entre ellos que Cristina y Kicillof con la herencia de su última gestión.