Parecería, ahora sí, que la economía está dando la vuelta. Que se han hilvanado una serie de indicadores allá arriba en la macro que, al fin, empezarían a bajar al metro cuadrado de la gente.
Así al menos lo muestran los números y lo aseguran los funcionarios. El ministro Luis Caputo, sin más, enumeró una serie de récords de 2026 y aseguró que en 2027, la “economía se va a llevar puesta a la política” y que Milei ganará las elecciones “cómodamente”.
¿Es tan así? ¿No están pecando de exceso de confianza? ¿Engolosinados de optimismo? ¿Cuáles son los agarres reales para sostener eso? Veamos.
Primero, estamos a las puertas del Mundial de fútbol: una ventana de 45 días en la que se hablará de otra cosa mientras se gana tiempo para que los indicadores en los que se advierte una tenue mejora, maduren. Repasemos.
Inflación. Luego de 10 meses de suba continua, en abril bajó (2,6) y en mayo se repetirá esa baja, acercándose al 2% según las mediciones privadas. El FMI trabaja con una proyección de inflación del 25% para este año. Para que eso se cumpla entre mayo y diciembre la inflación mensual debería promediar el 1,4%. Una inflación a la baja tiene un efecto inmediato sobre las expectativas y el humor social. “A veces no evaluamos bien los beneficios de la estabilidad, de la mayor capacidad y previsibilidad para decidir un negocio; es realmente reactivante”, dice Gustavo Lazzari, economista y empresario pyme.

Exportaciones. La Argentina se encamina a exportar este año el récord de casi 100 mil millones de dólares, impulsadas por la hasta ahora inexistentes energía y minería, con proyecciones todavía más agresivas para los años siguientes. El superávit de la balanza comercial no es menor, especialmente en el sector energía, que demandó siempre dólares para importaciones.
Campo. La campaña 2025/2026 fue récord. El Ministerio de Economía estima que la cosecha alcanzó las 163,2 millones de toneladas, 21,3% más que la campaña anterior. En los primeros cuatro meses del año, las exportaciones del complejo agroindustrial acumularon U$S 17.100 millones. El trigo aportó 57% más que la campaña pasada. Si bien ya no es sólo el campo el que aporta divisas, un año agrícola bueno es siempre un buen año para el Gobierno.

Los números para el maíz son históricos en esta cosecha, mientras que la soja tuvo una producción similar a la del año pasado, con buenos en los subproductos por la Guerra en Medio Oriente. Antes de la siembra, el gobierno bajó las retenciones para el trigo, aunque la suba de costos afecta el rendimiento.
Actividad y consumo. Los números del Indec son promedios y, como pasa siempre, los promedios ocultan los extremos. “El último dato de actividad económica a mayo es el de marzo y estamos en récord histórico de actividad económica. El único dato agregado de consumo el que sale trimestralmente con el PBI, y el último conocido es el del cuarto trimestre del año pasado y fue récord histórico en volumen. Dicho eso, ¿por qué hay tanto mal humor? Porque el crecimiento es heterogéneo y el consumo también”, señala Fernando Marengo, economista de Black Toro y socio del estudio Arriazu. Y acá remarca, como se viene diciendo, que el más golpeado es la industria, que está 17% debajo de su máximo. “Pero el máximo de la industria se dio en el 2011, hace 15 años. La industria viene cayendo, con ciclos expansivos y contractivos, pero con una tendencia a la baja”, indica.
Marengo cree que el malestar industrial radica en la caída de la rentabilidad, que en tiempos de inflación e importaciones vedadas, se disimulaba. “La rentabilidad depende de cuán productivo sos. Y venimos por lo menos de dos décadas donde la productividad no pagaba y ahora de golpe la única forma de ser rentable es ser productivo”, señala. Hay que trabajar puertas adentro y pareciera que el Gobierno alguna señal busca dar, al anunciar la reforma impositiva para fin de año. Es quizás una de las tareas más complejas porque bajar la presión tributaria implica que los estados cobren menos. Está claro que hay que ordenar la maraña, pero el orden tiene que venir con rebajas. Cheque, retenciones e ingresos brutos están en la mira por ser los más distorsivos, que deberían compensarse con Ganancias y patrimoniales. ¿Se animarán?
Bajar los precios también aparecería como condición para que se reanime el consumo, especialmente en comercio y los servicios. La competencia y la llegada de marcas internacionales avivan la demanda. En el Nuevocentro, más de 500 personas hicieron cola para la inauguración de Decathlon, una cadena francesa de artículos deportivos con precios muy competitivos.

Programa financiero. Uno de los grandes problemas para la Argentina es la dificultad para honrar sus deudas, dado que no puede acceder a financiamiento externo. El riesgo país, que determina el costo de ese eventual endeudamiento, viene en marcada baja. Y baja porque el Central está comprando reservas, incluso podría sobrecumplir los 8.000 millones previstos en el acuerdo con el FMI. Algunos advierten –y celebran– que el Central está haciendo “colchón” para 2027, un año electoral y más demandante de dólares por los vencimientos del Tesoro y de los Bopreal emitidos por el Central. Hay dos factores más que influyen en la baja del Riesgo País: uno es porque Fitch subió a B- la calificación crediticia de Argentina y podría hacerlo pronto Moody’s y eventualmente de S&P. “Y también porque el gobierno mostró pragmatismo en cubrir sus necesidades financieras emitiendo bonos en dólares en el mercado local aprovechando la oferta de dólares”, dice Miguel Kiguel, titular de Econviews.
Salarios. La mejora salarial real vendría vía desaceleración de la suba de precios. “Creo que en el próximo semestre no va a haber un rebote espectacular y rapidísimo, a los sectores a los que le va bien, les seguirá yendo bien y a los que la pasaron mal, la pasarán un poco menos mal”, dice Matías Surt, economista socio de Invecq. “No va a haber una mejora del poder adquisitivo muy rápida, sí, van a recuperar lo que perdieron con la aceleración inflacionaria de los últimos siete-ocho meses, pero de forma gradual, porque las paritarias y las negociaciones salariales vienen a valores bajos. Cuando la inflación se instale en la zona del 2%, probablemente puedan empezar a ganar de a poquito”, completa.
“Hay que frenar el incremento impositivo implícito en las tarifas. Todo ajuste de tarifa adicional no puede contener el componente impositivo, eso está haciendo mucho daño. La tarifa tendrá que subir lo que corresponda para ajustar precios relativos, pero hay un 40% de impuestos que sube a la par de los aumentos y eso se puede morigerar”, sugiere Lazzari.
Morosidad. Los bancos sostienen que en abril y mayo se estabilizó y que en junio podría empezar a ceder. Han sido todos proactivos –tanto las entidades públicas como privadas– para refinanciar las deudas de sus clientes, tanto de tarjetas de crédito como de préstamos personales, con planes largos que dejen disponible al menos el 70% de los ingresos. Si los salarios se recuperan en términos reales y las tasas continúan bajando, es probable que los créditos se vuelvan atractivos y pagables.

¿Y 2027? ¿Será tan tranquilo? Si el Central hace colchón y compra reservas de más, habrá más chances de afrontar la histórica dolarización argentina en tiempos electorales. Ahora, la intensidad de esa ola dependerá de quiénes sean los candidatos. “No va ser un año atípico, va a ser un año típicamente electoral donde vamos a volver a tener volatilidad cambiaria y financiera”, dice Surt. Cree que, cuando se conozcan las encuestas, se podría terminar la tranquilidad del tipo de cambio. “Excepto que haya una sorpresa muy positiva donde no haya ningún candidato relevante con posiciones muy contrarias a las de este Gobierno, ese sería el único escenario político que podría estabilizar a la economía”, dice.

