En primera persona. Ojo, Milei, con domar al peronismo no alcanza
El oficialismo exhibe victorias legislativas impensadas y una oposición desorientada. Pero mientras celebra la grieta, posterga la discusión de fondo: qué país puede producir riqueza sostenible y dónde estará su nuevo centro de gravedad. El riesgo de un discurso violento.
Es difícil pensar que el 56% de quienes votaron a Javier Milei en 2023 (74% en Córdoba en la elección legislativa de 2025) avalen las formas que el domingo desplegó Javier Milei en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso. Está claro que le habló a su núcleo duro, y es probable que alguno que otro de ese 27% prestado del PRO que obtuvo en la segunda vuelta acepte la ofensiva.
Pero debería recordar que el grueso de esos votantes está ahí porque no había otra opción. Si bien ese electorado puede coincidir con muchas de las reformas económicas emprendidas, las formas sí le importan.
Los durísimos términos que Milei le aplicó a la oposición –les dijo "ignorantes, ladrones, delincuentes", entre otras cosas– tienen como objetivo mantener viva la grieta, porque eso le sirve hoy al oficialismo.
Primera consideración: hay ciudadanos que celebran ese discurso. Sostienen que fue la respuesta a agresiones directas de legisladores K y consideran que está bien devolvérselas después de años de que ese sector político monopolizara la palabra. Es una lectura válida, por supuesto, pero supone dos problemas.
La primera es creer que esa verborragia funciona siempre y en todo lugar. Lo que puede ser aceptable en una arenga militante quizá suene muy disonante en la apertura de una asamblea legislativa para los ciudadanos más apegados a las formas republicanas.
Milei necesita mantener viva esa grieta porque fue justamente lo que lo llevó a la presidencia: él ganó por oposición a eso tan malo que había hundido a la Argentina. No está claro si lo suyo va a funcionar, pero todavía conserva el voto de confianza de la gente, que aun en la malaria sigue creyendo que el país irá mejor.
Además, el peronismo tiene bien claro que Milei "los está domando”, como les enrostró el Presidente. Las variantes del peronismo temen que cualquier “florero” que se ponga como candidato en 2027 sea ganador por efecto arrastre de Milei. Ya lo vieron con Gonzalo Roca, una figura desconocidísima que se impuso en Córdoba nada más y nada menos que al tres veces gobernador Juan Schiaretti.
La Libertad Avanza sabe que el peronismo está sin brújula, e identificarlo exclusivamente con una facción del PJ, como es el kirchnerismo, es bajarles el precio a todos los demás, léase Kicillof, Schiaretti, Llaryora, entre otros.
El segundo punto es que, resueltos los problemas más acuciantes de la macroeconomía, pueda aparecer una figura más apegada a las formas republicanas; una especie de león, pero vegano. Hoy no hay nadie en escena, pero Milei tampoco lo estaba un año y medio antes de ganar la presidencia.
El tercer problema es que un discurso tan envuelto en violencia termina tapando lo esencial.
Es probable que haya explorado ese canal porque no tenía ningún anuncio de peso para mostrar. Algunos barajaban la posibilidad de que anunciara la eliminación de los últimos resabios que quedan del cepo cambiario u otro tramo de baja en las retenciones, más cuando tuvo términos tan elogiosos. Pero no se anunció ninguna de las dos cosas.

El tema es que, a diferencia de otros años legislativos, en este sí tenía mucho para mostrar. El gran éxito es que aprendió las mañas de la política y negoció. Tuvo que acudir a Patricia Bullrich y a Diego Santilli, y esconder a Santiago Caputo, pero logró lo que nadie imaginaba nunca: una Ley de Modernización Laboral y la baja de la edad a los 14 años para imputar a quienes cometan delitos. Ambos cambios fueron imposibles de abordar en los últimos 30 años. Y a los gobernadores andinos les dio el proyecto de cambios a la Ley de Glaciares y obtuvo a cambio los avales que le faltaban para obtener media sanción en el Senado.
El peronismo quedó pisoteado en esos debates, fundamentalmente porque la realidad se encarga de refutar todos los argumentos que ensayan.
Milei podría haber detallado más la profunda revolución que promete. Anunció que cada ministerio propondrá 10 reformas estructurales, pero no adelantó detalles de ninguna.
Y así como el Presidente hizo mucha docencia sobre la importancia del superávit fiscal, al punto que logró transmitir al ciudadano común que el Estado no puede gastar más de lo que se tiene, ahora tiene que hacer lo mismo con la matriz productiva de la Argentina: no podemos vivir con lo nuestro ni podemos fabricar todo, especialmente si lo hacen China y los países del sudeste asiático. Lamentablemente, no hay manera de competir en precio, nos guste o no nos guste.
Por fortuna, la Argentina cuenta con petróleo, gas, litio, minerales varios, carne y granos en abundancia, que es lo que no tienen todos los países y les falta especialmente a China y a sus socios del sudeste asiático.
Nuestra matriz agrícola tiene capacidad para producir 300 millones de toneladas, el doble de las que tenemos ahora. Eso significa trabajo, porque el agro contrata una catarata de servicios conexos y porque derrama en su entorno la ganancia de su actividad. Argentina obtuvo superávit energético de U$S 7.815 millones en 2025 y puede hasta quintuplicar esa cifra en el corto plazo. Los diarios de Neuquén daban cuenta este fin de semana del gran cuello de botella de esa industria: falta mano de obra.
Las bases de datos que maneja la inteligencia artificial pueden encontrar buen terreno en Argentina, donde hay frío y energía segura y barata. Eso significa un nuevo modelo de país, básicamente porque las fuentes de recursos se asientan sobre la cordillera y La Pampa en detrimento del conurbano bonaerense, pergeñado al amparo de la industria protegida y los servicios baratos.
El Congreso hubiera sido un gran escenario para empezar las primeras clases al respecto. Hay demasiada nostalgia por la industria nacional como sello de soberanía. Nos salió muy caro eso. Además, la soberanía hoy pasa por otro lado.




