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Política

Doble tilde. A Milei, el conflicto se le instaló adentro

El vacío opositor era una oportunidad para el Gobierno, pero no pudo evitarlo como amenaza.

19 de mayo de 2026, 18:58
A Milei, el conflicto se le instaló adentro
Javier Milei este martes, en un acto y hablando de economía. (Gentileza Clarín)

Los gobernadores analizan dos opciones para despegar las elecciones provinciales de los comicios presidenciales del año próximo.

La primera alternativa es de muy difícil articulación. Consiste en fijar una misma fecha en todas las provincias afines, distante de la elección nacional.

La segunda es que cada provincia establezca su fecha de elección local según la lógica particular de preservación del territorio. Es lo que ha venido ocurriendo, con más o menos variantes, en las últimas elecciones generales desde la última reforma constitucional.

Pero el denominador común de ambas opciones es obvio y claro: por el momento, los gobernadores prefieren desdoblar la fecha de elecciones. Eso ocurre cuando una masa crítica de los jefes distritales carece de una candidatura nacional unificada, consolidada y competitiva.

Cuando la dinámica opositora fluye de manera eficiente, la elección de medio término suele ser el momento en el cual los adversarios del Gobierno definen un primer esquema de posiciones, al menos en términos aspiracionales.

La elección de octubre pasado fue una fecha perdida para los aspirantes a suceder a Javier Milei. Fracasaron al mismo tiempo dos proyectos: el del kirchnerismo residual en la provincia de Buenos Aires y el de Provincias Unidas en el eje Córdoba-Santa Fe.

Ese vacío implicaba para Milei una oportunidad y una amenaza.

La oportunidad consistía en superar la situación de fragilidad ultraminoritaria con la cual llegó al poder en 2023. Con un tercio propio en el Congreso y con la posibilidad de articular alianzas, podía avanzar con su agenda de reformas. Es la oportunidad que aprovechó para sancionar su primer Presupuesto y obtener leyes como la de Reforma Laboral.

Pero también existía una amenaza, habitual en la dinámica política cuando la oposición deja un vacío: los conflictos políticos no desaparecen, sino que se trasladan a la interna del oficialismo. A esta amenaza, Milei no pudo conjurarla y la está padeciendo con todos sus rigores.

Relatos salvajes

La tortuosa interpretación que dio el Presidente a las decisiones de la Justicia norteamericana sobre "Fred" Machado, auspiciante del candidato frustrado José Luis Espert, debe leerse en esa clave.

Machado se declaró culpable por lavado de dinero y fraude para zafar de los cargos por narcotráfico. Esa admisión de culpabilidad no exime a Espert: lo complica, porque se financió con los recursos de Machado. Pero Milei sostiene que la confesión de Machado reivindica el honor mancillado de Espert.

Cada palabra del Presidente sobre Espert suena como una explicación para su decisión de sostener en el cargo a Manuel Adorni. El jefe de Gabinete sigue sin presentar su declaración jurada patrimonial, a esta altura más lenta que los tanques del general Alais.

Es real que el plazo legal para hacerlo no venció. No es menos cierto que los tiempos políticos hubiesen recomendado otra premura.

Cuando Milei reivindica a Espert, intenta lanzar un mensaje: con Adorni, no hay que apresurarse. La historia reciente recomendaría otra cosa: cuando Espert dio un paso al costado, la campaña del oficialismo comenzó a disputar en territorio bonaerense su triunfo inesperado de octubre pasado.

Adorni, como conflicto, comenzó como un episodio de la interna oficialista. Karina Milei lo impuso para obturar las posiciones de Santiago Caputo. Los graves errores de Adorni para explicar su situación hicieron el resto.

El problema para el Gobierno está lejos de concluir. Ya gastó una tanda de negociaciones con aliados circunstanciales para evitarle a Adorni una carnicería en su comparecencia ante el Congreso. Ahora negocia votos para bloquear una moción de censura.

Es todo un gasto de capital político que Milei podría estar aprovechando como oportunidad y no como un costo para abortar amenazas. La propia escalada de desdoblamientos electorales depende de la continuidad de las Paso y de la reforma política propuesta por la Casa Rosada.

Son tiempos y recursos escasos que Milei debería invertir para consolidar su gestión. Con más razón si aspira a ser reelegido.

Por el contrario, al no coagular ese conflicto interno apareció otro más oscuro y severo. Santiago Caputo y Martín Menem se están despellejando en redes sociales mediante un turbio mecanismo de imposturas, mensajes cifrados, relatos salvajes y pendencieros no tan anónimos.

La gresca es despiadada y no tiene cuidado ni siquiera con la figura del Presidente, que los mismos contendientes dicen defender con fervor reverencial.

El tiempo no se detiene a atenuar los daños. El 18 de mayo de 2025, Manuel Adorni fue el triunfador de las elecciones porteñas. Un año después, no termina de lamentar eso que Santiago Caputo denomina "improvisación con consumos postergados".

Ocurre por el vacío de largo aliento que comenzó el 18 de mayo de 2019. Ese día, Cristina Kirchner decidió en un tuit que la renovación del peronismo se llamaba Alberto Fernández.

Desde entonces, nadie ha conseguido desplazarla del rol que ocupa en el campo opositor. La electora devaluada aún funge como objetora.