Tres décadas. Marta Vidal deja la Justicia Electoral y reabre la disputa por el control de los comicios en Córdoba
La primera jueza electoral de la provincia presentó su renuncia y se irá el 1 de agosto. Su salida llega tras el cuestionado escrutinio de 2023 y en medio de un sistema electoral bajo revisión.
La jueza electoral de Córdoba, Marta Vidal, presentó su renuncia al cargo y dejará su función el próximo 1 de agosto, cerrando un ciclo de casi 28 años al frente de un área clave para el funcionamiento institucional de la provincia. La decisión no solo marca el final de una gestión histórica (fue la primera titular del fuero desde su creación en 1998) sino que abre una etapa de incertidumbre política y judicial en torno a quién controlará los procesos electorales en adelante.
La salida de Vidal, anticipada por Perfil, ocurre luego de una elección, la de 2023, atravesada por cuestionamientos técnicos y políticos que erosionaron la confianza en el sistema de escrutinio provisorio. Y se da en paralelo a la vacancia en el Juzgado Federal N°1 con competencia electoral en Córdoba, que sigue sin titulary en un concurso trabado por negociaciones políticas a nivel nacional.
En ese contexto, la renovación del juzgado electoral provincial adquiere un peso específico mayor, ya que quien reemplace a Vidal no solo administrará elecciones, sino que lo hará en un escenario de desconfianza acumulada. Según confirmó la presidenta del Consejo de la Magistratura provincial, María Marta Cáceres de Bollati, el concurso para cubrir el cargo se abrirá en abril.
El cierre de un ciclo marcado por tensiones
Vidal decidió retirarse pese a que ya estaba en condiciones de jubilarse desde 2017. “Me quedé 10 años más de lo que correspondía. Esta vez dije ‘basta, ya está, es un ciclo cumplido’”, explicó en una nota con Perfil.
Sin embargo, su salida no puede leerse únicamente como una decisión personal. La propia magistrada dejó entrever que el proceso electoral de 2023 fue un punto de quiebre. “La del 2023 no fue una elección que a mí me gustara. En ese momento dije: ‘Es la última’. No me gustaron las cosas que pasaron”, afirmó.
El episodio al que alude es conocido: el fallido funcionamiento del sistema de transmisión de datos (el denominado Turing) que generó demoras, inconsistencias y una fuerte reacción de la oposición, que puso en duda la transparencia del escrutinio provisorio.
Vidal buscó despegarse de la responsabilidad técnica, pero admitió el costo político. “Quedé yo dando la cara por un sistema que no funcionó”, afirmó.

En la cobertura que hizo La Voz en su momento, ese proceso fue descripto como uno de los más problemáticos desde la implementación de herramientas tecnológicas en elecciones provinciales. Hubo denuncias cruzadas, reclamos por la carga de datos y una discusión de fondo sobre la confiabilidad del sistema.
Momentos polémicos
Ese episodio no fue el único momento crítico de su carrera. Vidal identificó otro antecedente aún más traumático: la elección de 2007, cuando Luis Juez denunció fraude tras perder por estrecho margen frente a Juan Schiaretti.
“El más difícil fue el 2007. Me marcó porque ni siquiera yo supe lo que había pasado”, sostuvo. Y agregó un dato que intenta cerrar aquella polémica: “Le abrí 800 urnas a Luis Juez, eso nunca se dijo. El escrutinio definitivo le dio medio punto más a Schiaretti”.
La diferencia es que, a diferencia de 2023, en 2007 el conflicto fue político y mediático, pero no técnico. Hoy, el problema parece ser más estructural: cómo garantizar credibilidad en un sistema que combina herramientas digitales, operadores privados y controles institucionales fragmentados.
Vidal también dejó críticas explícitas al diseño institucional del sistema electoral cordobés. En particular, cuestionó la existencia de una Junta Electoral ad hoc que se conforma para cada elección con camaristas, lo que en los hechos limita el poder del juzgado electoral.
“Está en la ley”, respondió cuando se le preguntó si era necesaria. Pero ante la repregunta, fue más directa: “No”.
Esa tensión no es menor. La reforma que creó ese esquema fue una respuesta política a la crisis de 2007. A eso se suma otro problema de fondo que la propia Vidal expuso sin rodeos: el deterioro del sistema de partidos. “Los partidos políticos están como el país”, afirmó, en una definición que trasciende lo electoral y se mete en la calidad democrática.
Según su mirada, “la ideología típica de cada partido se ha desdibujado” y fue reemplazada por frentes electorales sin identidad clara. En ese contexto, también relativizó las irregularidades: “Diría picardías, porque siempre les costó cumplir con las leyes”.
Lo que deja y lo que viene
Más allá de las críticas, Vidal defendió su gestión y el legado institucional que deja. “Le estoy dejando lo que yo no tuve”, señaló, al recordar que cuando asumió en 1998 debió organizar una elección sin estructura ni recursos.
Hoy, en cambio, afirma haber consolidado un equipo técnico reconocido incluso fuera de la provincia y destacó avances como la implementación de la Boleta Única y mecanismos de accesibilidad para personas con discapacidad visual.
“Cumplimos con la gente. Y lo hice, espero que no parezca un halago personal indebido, con honestidad”, sostuvo.


