La Voz En Vivo. Andrés Malamud: Milei debe dividir al peronismo para lograr las reformas estratégicas
El politólogo los escenarios post-electorales, señalando que la Casa Rosada buscará imperiosamente alianzas en el Congreso para pasar las reformas pendientes.
El politólogo Andrés Malamud afirmó a La Voz En Vivo que el gobierno de Javier Milei enfrenta tres escenarios posibles después del 26 de octubre, y que solo uno de ellos permite la ejecución de las grandes reformas estructurales. Para llevar a cabo las reformas necesarias, como las de jubilaciones, laboral y tributaria, la “única manera” de lograr una mayoría legislativa es aliándose con sectores peronistas.
—¿Cree que el pedido de Trump tiene alguna llegada al votante, que puede tener algún impacto?
—Probablemente no. ¿Por qué? Primero, porque tenemos el antecedente cercano de que Milei ganó las elecciones después de haber dicho que Margaret Thatcher era su ídola. En la Argentina que nosotros conocimos, ningún político que diga que Margaret Thatcher es su ídola ganó una elección presidencial. Que Milei lo haya hecho significa que los argentinos colocan el orgullo o el simbolismo en segundo lugar. Más importante era bajar la inflación o vengarse de la casta. Segundo, porque hay algo que se llama sesgo de confirmación, que es un problemita que tenemos todos los seres humanos: seleccionamos los datos que ratifican nuestras creencias preexistentes. No vamos a buscar la verdad, vamos a buscar la confirmación de aquello en lo que creemos. Entonces, los kirchneristas van a ver esto como colonialismo, pero los libertarios lo van a ver como occidentalismo. Cada uno lo va a interpretar a su favor. Por lo tanto, es muy difícil pensar que esto vaya a tener algún impacto electoral.
—Los 13 puntos de diferencia que obtuvo el kirchnerismo en Buenos Aires, ¿podrían activar el “voto útil” en quienes apoyaron a Juntos por el Cambio?
—Yo soy un investigador empírico. Eso significa que confío más en los datos que en mi intuición. Y los datos, por ahora, nos dicen que desde ese resultado electoral Milei cayó en popularidad y Kicillof subió. Hubo algunos electores que cambiaron su percepción, pero no fue por asustarse de Kicillof, sino por revalorizarlo en contraste con Milei y con Cristina. Y esto es clave. No estoy diciendo que Kicillof no sea kirchnerista, pero su estrategia no lo es. La estrategia que definieron, el grupo que lo rodea, es “ni kirchnerismo ni axelismo”. La renovación del peronismo cantando nuevas canciones, como él alguna vez dijo. En cualquier caso, quiero marcar el paralelismo entre las elecciones bonaerenses y las cordobesas: en ambos casos no se enfrentan gobierno y oposición, sino gobiernos. En Buenos Aires, Milei compite contra el gobernador; y en Córdoba, igual. Ambos con recursos, territorio y espacio mediático. Fíjense que no tenemos una elección nacional entre gobierno y oposición: tenemos 24 elecciones provinciales, en 19 de las cuales el presidente desafía al gobernador. Estamos compitiendo entre oficialismos. Olvidémonos de la tercera vía. Provincias Unidas no es una tercera vía. Es la primera vía en las seis provincias que gobierna, y casi nada en las otras 18.
—En ese escenario, ¿la idea del ]Presidente de “pintar todo el mapa de violeta” el 26 es una quimera?
—Hubiera sido una buena estrategia si la economía andaba bien. Ellos pensaron que llegaban con el milagro concluido, que íbamos a votar en octubre con una inflación del 1% mensual y que la gente llegaría a fin de mes. Si eso hubiera sido así, la estrategia electoral era correcta. No siéndolo, es decir, sin llegar a fin de mes y con una inflación que otra vez superó el 2%, convenía hacer alguna alianza, o al menos no pelearse con los que te querían ayudar. Hablo de media docena de gobernadores, como mínimo, del Noroeste, muchos peronistas como los de Tucumán, Salta, Catamarca, del Nordeste, donde hay uno radical, y de provincias como Corrientes. Toda gente que hubiera estado de acuerdo en armar una coalición con el presidente, que habían votado juntos en el Congreso. Pero esos gobernadores votaban con el presidente en el Congreso, y los libertarios de sus provincias votaban en contra de ellos en las legislaturas. Faltó la segunda vuelta, faltó reciprocidad en la lealtad. El gobierno desarmó una coalición que tenía poder: la de los 87 héroes. ¿Se acuerdan que los invitaron a un asado? Después no los invitaron más: los hicieron pagar. Tenían el tercio de bloqueo y, de repente, de 87 pasaron a 60. Perdieron 20 diputados solos, no porque se los capturaran otras fuerzas, sino por malas estrategias electorales en una economía que no resultó como esperaban.
—¿Provincias Unidas es una reinvención de lo que fue primero Cambiemos y luego Juntos por el Cambio?
—No veo a Provincias Unidas como un espacio ideológico, sino como una coalición de quienes gobiernan. Es una coalición de seis gobernadores: oficialismos, no opositores. Y esto es muy informativo sobre lo que pasa en la Argentina: la gente está mayoritariamente satisfecha con lo que gobierna. Fíjense la paradoja: los políticos más populares del país son los gobernadores, que compiten en popularidad con el presidente. Hasta hace dos meses, el Presidente estaba muy bien; ahora no tanto. En general se pisa con los gobernadores, porque comparten base electoral. Hay muchos cordobeses que querían votar a los dos: a Llaryora y a Milei. Pero tuvieron que elegir, porque Milei decidió enfrentar a quienes gobiernan las provincias.
—En ese sentido, ¿no ve a Provincias Unidas más cerca de la centroderecha, de Milei o de Juntos por el Cambio?
—Izquierda y derecha ya no tienen mucho sentido. Si le preguntás a la izquierda, te va a decir que el peligro para la democracia viene de Bolsonaro y de Trump. Si le preguntás a la derecha, te va a decir que el peligro viene de Chávez y del castrismo cubano. Cada uno se considera demócrata y ve al otro como autoritario e incompetente. ¿Son los que gobiernan anti-kirchneristas? Sí. Pero definir el kirchnerismo como izquierda también requiere esfuerzo retórico. Hoy hablamos más de competencia para gobernar que de ideología. Nadie está proponiendo expropiaciones ni comunismos. No creo que nadie piense seriamente que Cristina es comunista; de hecho, es probablemente la más capitalista de todos.
—Avanza la idea de que, luego del 26 de octubre, el Gobierno podría convertirse en una coalición. ¿Cómo imagina al oficialismo reconfigurándose después de esa fecha?
—Hay tres escenarios. El primero: seguir como están ahora, solos. En ese caso, se caen, porque no llegan al tercio en ninguna de las dos cámaras. No hay escudo legislativo ni 2027. Creo que el gobierno ya decidió que ese escenario no seguirá. El segundo: reconstruir el tercio. Ese tercio protege, impide el juicio político y garantiza sostener vetos y decretos. Pero eso sería un gobierno defensivo: con vetos y decretos no hacés las reformas necesarias, ni jubilatoria, ni laboral, ni tributaria. Para eso necesitás mayoría. El tercer escenario: lograr mayoría en el Congreso aliándose con sectores peronistas. No hay otra manera. Y el gobierno ya lo hizo: esos 87 incluían algunos. Los gobernadores del Noroeste, como Jaldo o Jalil, fueron los primeros en hacerse mileístas. Así que no es imposible. Creo que el gobierno está pensando en esto: no solo en tener un tercio defensivo, sino en ser un gobierno que haga reformas. Para eso necesita dividir al peronismo y aliarse con una parte. Por supuesto, no lo van a decir en campaña. Pero no hay una Argentina reformista sin cruzar la calle y buscar apoyo del otro lado.
—La Libertad Avanza es el único partido con candidatos en las 24 jurisdicciones. Fuerza Patria, en 19. ¿Cómo habría que leer ese resultado para saber quién gana y quién pierde?
—Va a estar en disputa el resultado, salvo que haya paliza. Si uno gana por mucho, no hay discusión. Si no, se puede leer de tres maneras. Primero, por votos. Y ahí está el problema que señalás: para sumar a Fuerza Patria hay que buscar aliados con diferentes nombres. Entonces el gobierno va a decir que no son, y Fuerza Patria va a decir que sí son. Segundo, por bancas. Y acá aparece otro tema: la provincia de Buenos Aires está subrepresentada. Por población debería tener 100 diputados y tiene 70. Así que, aunque el peronismo arrase en Buenos Aires, no tendrá tanto impacto legislativo. Tercero, por diferencia de bancas. El gobierno va a preferir contar cuántos diputados y senadores ganó, y va a ganar muchos, sobre todo senadores. Va a duplicar su bloque de diputados y entre duplicar y triplicar el de senadores. Aun así, no llegará solo al tercio en ninguna cámara: necesitará “amarillos o radicales con peluca” para alcanzarlo. La disputa va a empezar ese mismo día, cuando salgan las bocas de urna.
—Milei ya habló de tener un tercio en el Congreso luego del 26 de octubre.
—Exactamente. Si lo logran con sus aliados, van a gritar victoria. Y hacen bien, porque otra vez la victoria será interpretable. El que empiece a interpretarla desde ahora tendrá la ventaja.
—¿Qué lectura hace del apoyo inédito de Trump, sobre todo de su frase “si a mi amigo Milei no le va bien, me doy vuelta y le quito el apoyo a la Argentina”?
—No le hizo ningún favor a su amigo Milei al ponerle condiciones al apoyo. Y me interesa destacar esto, porque se habló de “extorsión”. En realidad, una extorsión es cuando alguien te pide plata a cambio de no hacerte daño. Acá no hay extorsión: hay condiciones. El prestamista tiene derecho, la plata es suya; el problema es de la Argentina, que la necesita. A Milei no le molesta pedir, porque siempre dijo que tenía un alineamiento incondicional con Estados Unidos. Construyó un escudo externo muy inteligente: lo hizo antes de que Trump volviera a la presidencia, cuando aún era candidato. Sin mayoría en el Congreso, Milei construyó ese escudo externo. Lo que hace Milei es racional; lo que no se entiende bien es lo que hace Trump. Hay dos explicaciones: la de Milei, que es geopolítica, y la del secretario del Tesoro, que es económica. Este dice que el peso está subvaluado, que están haciendo negocio: “no le estamos dando plata a la Argentina, estamos comprando barato algo que pronto valdrá más”. Con los aranceles pasa lo mismo. Para Milei, son una herramienta geopolítica contra China. Pero si uno mira cuánto recaudó Estados Unidos con los aranceles que impuso Trump, el resultado es impresionante: ganaron dinero a costa de exportadores extranjeros y consumidores domésticos. La interpretación queda a criterio de cada lector. Pero hay dos argumentos: el de Milei, geopolítico; y el de Estados Unidos, a menudo económico. No son excluyentes, pueden coexistir. Cada actor del gobierno norteamericano tiene intereses distintos: el secretario de Estado unos, el del Tesoro otros. Y ambos pueden convivir en paz, disputando influencia en América Latina y juntando dinero.
—Los empresarios cordobeses están yendo a China a desarrollar proveedores. Algunos políticos dicen que mientras China te da un puente, Estados Unidos te da un consejo.
—Bueno, Trump parece haber entendido eso y ahora también quiere dar puentes, porque la ayuda internacional de China ha sido muy fuerte. Exactamente: consejos y colecciones. Fíjese: si China desaparece, nos quedamos sin mercado; si Estados Unidos desaparece, nos quedamos sin financiamiento. Argentina es doblemente vulnerable y doblemente dependiente. Necesitamos a ambos. El día que uno de los dos nos pida una prueba de amor. nos hundimos. No estamos en condiciones de elegir. Por eso es probable que haya una división temática: que Argentina mantenga el comercio con China, como lo hizo la dictadura con la Unión Soviética cuando Estados Unidos la embargaba en los 70 y 80. Los militares siguieron vendiendo granos, no porque fueran comunistas, sino porque necesitaban el dinero. Con el swap sucede algo similar. Vamos a coexistir con ambos. Pero en infraestructura crítica —puertos, aguas profundas, bases militares, 5G— es probable que Estados Unidos trace una línea roja, y China la acepte. Porque el tiempo en China se mide distinto que en Occidente: sus avances en América Latina ocurren solo cuando Estados Unidos retrocede. No lo provoca, espera. Y ahora Estados Unidos está contraatacando. China, probablemente, retroceda un paso y espere su turno.

