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Política

En primera persona. La macro se ordena, pero el derrame sigue pendiente

El Fondo Monetario aplaude, las reservas crecen y la inflación cede. Pero el desafío decisivo es que los logros macroeconómicos lleguen a la calle.

27 de julio de 2026, 19:33
La macro se ordena, pero el derrame sigue pendiente
Caputo le regaló una camiseta de fútbol a Georgieva con su nombre y el número 10

Puede venir la mismísima directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Giorgieva, a la ciudad de Buenos Aires y decirle cara a cara al ministro Luis Caputo que marcha todo de 10. Lo puede felicitar en persona a Javier Milei porque finalmente, después de quejarse los primeros dos años de Gobierno, están comprando dólares para rearmar reservas en el Banco Central.

Puede repartir aplauso, medalla y besos. Pero nada será suficiente si toda la catarata de buenas noticias macro que celebran Caputo, Milei y Giorgieva no se traduce en una mejora directa en la baldosa que habita la gente. En algún momento, tiene que derramar a la micro.

Muchos piden paciencia y señalan que hacia eso vamos, que la recuperación debe ser lenta, para que no se recalienten los precios si la productividad de nuestra economía no mejora en serio, y que todavía hay tiempo suficiente, pensando en términos electorales. Pero veamos.

Los fundamentals de una economía son una expresión muy usada por los mercados. Se refiere a los pilares que dan sustento a la macro de un país. Y como todo pilar, debiera ser sólido para garantizar crecimiento durante muchos años.

Durante largo tiempo, el 70% de nuestro crecimiento se basó en el consumo interno, apalancado por atraso de tarifas, dólar pisado y tasas negativas que desalentaban el ahorro. No ahorrábamos: plata que había era plata que se gastaba. Hasta que todo voló por los aires.

Si esos pilares no se estuvieran acomodando, no habría nada que derramar ni en el corto ni en el mediano ni en el largo plazo. Debería acudirse otra vez a los "planes platita", devoluciones de impuestos o subsidios varios que en el pasado apalancaron el consumo.

Hay una cadena de buenas noticias en la macro que plantean una coyuntura inédita: acumulación de reservas por más de 12.500 millones de dólares en el año; un dólar relativamente estable; reencauzamiento a la baja en el sendero de la desinflación; superávit comercial récord y superávit fiscal; con más dificultades que antes, pero superávit al fin.

Todo esto con tarifas más o menos bastante acomodadas, pagando cash los vencimientos de deuda, y con apertura de importaciones. ¿Estamos en la normalidad absoluta? No aún, pero lo que queda por acomodar ya es marginal.

Es relevante remarcar esto porque, si queremos que derrame, primero hay que pensar qué va a derramar. Hay que llenar el cuenco de manera genuina. Si la macro no se estuviera acomodando, no habría nada para repartir ni nada para que derrame.

Pero pasan los meses y no derrama. ¿Qué está pasando? Es que estamos atravesando una transición a los ponchazos, donde cada sector se acomoda como puede. Se sabe dónde están las ventajas competitivas del país, se sabe que sectores como minería, petróleo y energía serán los ganadores, y se sabe que el resto –después de años de quintitas protegidas y vacas atadas– deberá competir.

Y hacia eso vamos. Sin amortiguadores ni período de transición. A cara de perro.

Algunos dirán que no hay manera de que papá Estado acompañe a todos de la mano, que así es en todas partes del mundo y que todos tuvieron varios años de changüí para poner las barbas en remojo y no lo hicieron. Que la juntaron en pala y ahora lloran.

Otros dirán que es un suicidio político la apertura tal como está planteada; que no quedará una empresa en pie, al menos las industriales, y plantearán de qué te servirá una macro buena si la gente no tendrá un salario para vivir. Podrá gustarnos o no; podrán las cámaras reclamar una y otra vez soluciones sectoriales; podremos patalear y pedirle a Milei algo más de racionalidad, pero parece ser que esto es lo que hay. La economía vuela para algunos y es un tornado de frente para otros.

Encima, Milei se da el lujo de pelearse con Brasil, uno de los principales socios comerciales de la Argentina.

¿Qué se puede esperar en este contexto? Urge que se normalice el crédito. Los bancos están saliendo al rescate de sus deudores, pero falta algo parecido de las billeteras virtuales, cuyos clientes deben a cada santo una vela.

Después de abril y después del episodio de Manuel Adorni, parece que algo mejoró el humor social. La tasa de interés se estabilizó en torno del 20% anual y se redujo el riesgo país: con la mejora de la nota a Argentina que aplicaron tres calificadoras, los analistas lo imaginan en breve en torno de 360 puntos, lo que significa que podríamos volver a los mercados internacionales.

El Gobierno necesita que la economía crezca en serio para que pueda seguir bajando impuestos. Si no, no será posible, dado que comprometería el superávit fiscal. Es más, un nivel bajo de consumo y de actividad puede empezar a crear dificultades para mantener el intocable equilibrio fiscal, piedra basal de todo el acomodo macro.

Es momento de patear todas las pelotas fuera del área y trabajar en silencio para mejorar todo lo que se pueda antes de los siempre fatídicos años electorales. Sin una macro sana, no se puede lograr una micro potente. Pero sin micro potente, de poco servirá haber hecho tanto esfuerzo por sanear la economía y que vengan otros a dilapidar lo logrado.