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A 50 años del Golpe. Luis Tissera: Me da alegría ver a jóvenes comprometidos con la memoria

El hijo de Sergio Julio Tissera, secuestrado en 1976 en barrio San Martín, relata el impacto de la identificación de los restos de su padre. Entre el dolor de la herida que se reabre y el alivio de la justicia, reflexiona sobre el paso de ser "hijo de un desaparecido" a ser "hijo de alguien asesinado" por la dictadura.

23 de marzo de 2026, 22:09

La escena quedó congelada en la retina de un niño de 8 años: el 21 de abril de 1976, en una casa de barrio San Martín, de la ciudad de Córdoba, un grupo armado se llevaba a Sergio Julio Tissera ante la mirada de su esposa y sus hijos gemelos. Durante cinco décadas, esa imagen fue el prólogo de un vacío absoluto. Sergio, un trabajador de la empresa eléctrica Sade de 33 años, se convirtió en una sombra, en un legajo, en una ausencia que habitó en la zona conocida como Loma de Torito, en cercanías de La Perla.

Cincuenta años después, el auditorio de los Tribunales Federales se convierte en el escenario de un reencuentro imposible. Luis Tissera está allí, rodeado de su madre, su hija y sus sobrinos, para escuchar lo que la ciencia tiene para decir sobre esos restos hallados en los predios del horror. No hay más lugar para la duda. En una jornada en la que incluso un "paso de comedia" con el juez Miguel Vaca Narvaja alivió por un segundo la densidad del aire, Luis recibió la prueba irrefutable: los huesos de su padre.

A días de una nueva marcha por la Memoria, la Verdad y la Justicia, Luis dialoga con La Voz sobre el peso de una verdad que, aunque reabre heridas, finalmente salda las cuentas con el pasado.

–¿Cómo se recibe una noticia que cambia la identidad de toda una familia después de tanto tiempo?

–Todavía nos tiene muy movilizados. Es una mezcla de sensaciones. Por un lado, está lo positivo de poder acabar con la incertidumbre y entender realmente lo que pasó. Como familia, este es un tema de debate interno entre lo negativo de que se te reabre una herida y lo positivo que viene a cerrar y a saldar cuentas. Nunca dudamos de que había sido asesinado, pero una cosa es la sospecha y otra es la prueba irrefutable de sus huesos, que se exponen ahí ante la barbarie de lo que fue el terrorismo de Estado.

Córdoba. Familiares de las víctimas del terrorismo de Estado identificadas. (José Hernández/La Voz)
Córdoba. Familiares de las víctimas del terrorismo de Estado identificadas. (José Hernández/La Voz) ((José Gabriel Hernández / La Voz))

–Usted mencionó en la conferencia que hoy cambia su condición frente a la historia. ¿Qué significa dejar de ser "hijo de un desaparecido"?

–Es un cambio muy fuerte. Como expresaron otros familiares, ya no somos más hijos o parientes de desaparecidos. En mi caso, ahora soy el hijo de alguien que fue asesinado por este brutal terrorismo de Estado que vivió la Argentina hace 50 años. Es ponerle un punto final a ese final trágico y, sobre todo, acabar con la duda de qué fue lo que finalmente ocurrió con él.

–Al momento de la desaparición de su padre, usted era apenas un niño. ¿Qué recuerdos conserva de aquel 21 de abril?

–Tenía 8 años. El secuestro ocurrió en nuestro domicilio y fuimos testigos directos con mi madre y mi hermano gemelo. Mi padre era un hombre joven, de 33 años, que trabajaba en la compañía Sade. Desde ese momento, nunca supimos más nada; él entró en esa condición de detenido-desaparecido y así permaneció durante décadas, hasta hoy.

–En esta jornada lo acompañó un grupo muy numeroso de familiares. ¿Cómo vivieron este momento juntos?

–Ha sido muy convocante. Está mi madre, que es su esposa; está mi hija, que es su nieta; la hermana de mi papá, sobrinos, primos. Es un cierre necesario para todos. Ver a los nietos de mi viejo aquí presentes es darle un cuerpo a esa memoria que, gracias a la lucha, hoy encuentra una verdad científica.

–Usted hizo especial hincapié en el agradecimiento a la militancia y a los organismos de derechos humanos. ¿Cree que sin ese impulso se habría llegado a este resultado?

–Absolutamente. Estamos profundamente agradecidos con el Equipo de Antropología Forense, con el juez y el secretario de Derechos Humanos, pero sobre todo con esa enorme militancia que viene de la época de Abuelas y de Madres. Todo este linaje jurídico y este método científico tan riguroso que nos da la verdad no se hubiera activado si no fuera por la lucha colectiva. Gracias a esos militantes e instituciones, esto tomó cuerpo.

Córdoba. Familiares de las víctimas del terrorismo de Estado identificadas. (José Hernández / La Voz)
Córdoba. Familiares de las víctimas del terrorismo de Estado identificadas. (José Hernández / La Voz) ((José Gabriel Hernández / La Voz))

–A días de cumplirse 50 años del inicio de la dictadura. ¿Qué siente al ver a tantos jóvenes sumarse a las marchas del 24 de marzo?

–Aunque yo no milito en ninguna institución partidaria desde hace años, voy siempre a la marcha. Me da una enorme alegría ver a tantos jóvenes, chicos que nacieron mucho después del horror, comprometidos con la causa de los derechos humanos. Esa empatía de gente que no tiene vínculos consanguíneos con los desaparecidos, pero que se compromete y se solidariza, es lo que realmente permite que la memoria siga viva.