Compartir
Política

Mapa político. Llaryora-Milei, la pregunta que nadie responde

¿La segura candidatura libertaria en Córdoba es una apuesta firme por el Panal o detrás hay una estrategia nacional que busca consolidar primero la reelección de Milei? Llaryora profundiza la metamorfosis. Juez y De Loredo hacen lo previsible.

25 de febrero de 2026, 20:32
Llaryora-Milei, la pregunta que nadie responde
Javier Milei y Martín Llaryora.

"Si el presidente Milei decide poner un candidato a gobernador en Córdoba, no es para participar: es para ganar". Gabriel Bornoroni dijo lo obvio y lo esperable. Hubiera sido noticia –y una gran torpeza política, además– si al contestar este miércoles una pregunta en La Voz en Vivo sobre la convicción del jefe del Estado de apoyar una lista propia, hubiese dicho otra cosa.

Bornoroni tiene todas las posibilidades para representar la propuesta libertaria en Córdoba. Se ganó el lugar de ser el candidato de Javier Milei, algo que pocos creían posible hace apenas unos meses, pero que hoy nadie duda.

Gabriel Bornoroni, diputado de La Libertad Avanza, en diálogo con La Voz En Vivo.
Gabriel Bornoroni, diputado de La Libertad Avanza, en diálogo con La Voz En Vivo. (Archivo. )

El jefe de la bancada oficialista en Diputados ocupa un lugar privilegiado en el anillo de leales que reportan a Karina Milei a través de Martín Menem. No objeta las decisiones que salen de esa usina violeta. Además, posee –por ahora– algo de lo que carece la mayoría de los dirigentes políticos que ostentan el estatus de pertenecer al círculo de toma de decisiones de los máximos poderes: paciencia y obediencia.

Hasta que lo habiliten, Bornoroni no dirá que quiere gobernar la provincia. El camino es más directo: será candidato cuando llegue el momento.

Esa decisión es crucial para el oficialismo provincial, para saber quién será el rival con aval nacional a vencer el año próximo. Sin embargo, no despeja el interrogante que hoy persigue a los principales actores políticos con intenciones de conducir el Panal desde diciembre de 2027.

El gobernador Martín Llaryora lo presume y seguramente actuará para construirse las mejores condiciones. Pero no sabe aún con qué determinación encarará Milei la cruzada provincial cordobesa.

A Juez y a sus principales espadas los embarga la misma duda. Rodrigo de Loredo está en una situación similar. Bornoroni dice que una candidatura libertaria será "para ganar". ¿Será realmente así? ¿O hay factores que pueden menguar esa determinación que transmite –de nuevo, con toda obviedad– el líder de la bancada libertaria?

Rodrigo de Loredo y Luis Juez en la apertura de sesiones de la Legislatura en 2026.
Rodrigo de Loredo y Luis Juez en la apertura de sesiones de la Legislatura en 2026. (La Voz)

No son pocos los dirigentes cordobeses que aseguran tener algún tipo de terminal en el corazón del poder mileísta y escuchan la misma sentencia. "Lo único importante es la reelección de Milei; el resto es secundario y se irá viendo en cada distrito". Hay liberales cordobeses que transmiten, en tono de advertencia, los ecos de ese tipo de aseveraciones.

Martín Menem ejecuta en la práctica el armado territorial y la estrategia nacional para 2027 que define junto a su primo "Lule" y que aprueba la hermana del Presidente. Es un trabajo que está en pleno desarrollo. En el campamento de Santiago Caputo, el asesor presidencial, se dicen cosas parecidas sobre las prioridades para el año próximo.

Aun con el escenario más favorable por delante –suponiendo que la inflación empiece con "cero", como dice Milei; que la economía reaccione en los sectores que aún están rezagados, y que deje de destruirse el empleo–, en los comicios en los que buscará su reelección, Milei partirá con un rival del arco progresista que no debería tener problemas en plantarse con 35 puntos del electorado.

Gabriel Bornoroni y Luis Juez. En segundo plano, los diputados nacionales Gonzalo Roca y Luis Picat.
Gabriel Bornoroni y Luis Juez. En segundo plano, los diputados nacionales Gonzalo Roca y Luis Picat. (La Voz)

Ese escenario eventual, admitido como muy posible por figuras de las Fuerzas del Cielo, deja un tablero irremediable de segunda vuelta. Es precisamente en ese punto donde las certezas se abrazan con los interrogantes. Muchos interrogantes.

Desafíos y lógica

Con ese paisaje de telón de fondo, los movimientos actuales de unos y otros son bastante lógicos. Bornoroni se ciñe al manual libertario, Luis Juez sigue sumando "millas violetas" –ahora cada vez más cerca de Patricia Bullrich– y Rodrigo de Loredo acelera con una candidatura que, según dice, no tiene vuelta atrás. Todo es muy previsible.

Tanto que hasta el Panal empezó un operativo para poner en duda lo que repitió Llaryora en privado hasta hace unas semanas. La nueva movida busca instalar que los comicios provinciales ya no serían en los albores de 2027. ¿Es pura estrategia para no revelar las cartas? ¿O una señal de que votar cerca de las nacionales no sería tan riesgoso como siempre se creyó? Son las dudas con las que convivirán oficialistas y opositores por largos meses.

Martín Llaryora, gobernador de Córdoba, en la 17ª edición del Coloquio Industrial de la Unión Industrial de Córdoba (UIC). (José Hernández / La Voz)
Martín Llaryora, gobernador de Córdoba, en la 17ª edición del Coloquio Industrial de la Unión Industrial de Córdoba (UIC). (José Hernández / La Voz) (José Hernández)

En paralelo, la realidad avanza. Llaryora se apresta a darle una vuelta más al proceso de metamorfosis que ya exhibió en 2023, cuando pensó que, para cruzar la era del schiarettismo, era necesario incluir a extrapartidarios. Esa alquimia del "partido cordobés" dio resultados relativos. "Si los radicales se traicionan entre ellos, ¿qué creés que puede pasar con el peronismo?", razona un hombre del poder provincial.

La vuelta a los orígenes era irremediable, más aún cuando el imán de Milei muestra fuerza de atracción para captar no sólo a una porción grande del electorado, sino también a los intendentes y las estructuras locales a las que buscó cortejar el PJ. Ese amenaza libertaria dejó de ser una novedad para convertirse, al menos por ahora, en convicción y preocupación.