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La tormenta perfecta

La caída de Sancor desestructuró por completo la cadena. Hay leche que dejó de procesarse y Plantas fabriles que dejaron de operar.

30 de junio de 2017 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La tormenta perfecta

Vamos a decirlo siempre: el relevamiento de precios de La Voz no es una medición de inflación. Ni siquiera de la inflación de los alimentos. Pero es indicativo de la evolución de precios. Y los datos que se publican en el Primer plano de hoy son contundentes. El mix de lácteos que mide el diario en los supermercados aumentó 21,4 por ciento desde enero. Más del doble que los demás precios.

Una tormenta perfecta ha sucedido. Y es la que explica, al menos en parte, ese comportamiento.

Primero, en 2017 volvió a llover mucho y en las zonas menos indicadas. Las inundaciones se ensañaron con las cuencas lecheras.

Se produjo menos. En su último reporte, el Usda (Ministerio de A­­gri­cultura de Estados Unidos) es­timó que la lechería argentina me­­jorará este año dos por ciento. Aun así, la producción quedará 10 por ciento por debajo... de la de 2015.

Caída de un gigante. Cuando las lluvias empezaron a amainar (los anegamientos seguían), cayó San­cor, empresa que cíclicamente recibía un salvavidas que le per­mitía, entre medio, pagar de más a los tambos de menor escala o dejar que se inflaran costos de pro­ducción, lo cual condenaba al enanismo al resto de la industria, excepto a La Serenísima.

Competencia afectada. La caí­da de Sancor desestructuró por com­pleto, al menos por el momento, toda la cadena. Hay leche que dejó de procesarse. Plantas que dejaron de operar. Pérdidas por todos lados. Industrias que tratan de ocupar el espacio vacante, pe­ro que aún no lo han cubierto, y si pueden, maximizan sus márgenes. Cambios en las reglas de com­petencia en las góndolas.

La historia no ayuda. Por múl­­tiples razones, la lechería es, desde hace mucho, poco competiti­va. Ahora, los precios en fábrica de al­gunos productos empezaron a bajar, dicen los industriales. Y la producción, a repuntar. Pero el combo sigue sumando extras: la Nación acaba de convalidar un aumento salarial de 37 por ciento que, dicen las empresas más chicas, no se podrá pagar.