La foto que se sacaron los cordobeses y el grito de afuera
La atomización del voto habla mucho de una ciudad sin respuestas. Mestre tomó nota de la falta de respaldo mayoritario. Las dudas sobre el acuerdo de gobernabilidad y el próximo Concejo. Los que piden ser escuchados.
Los cordobeses capitalinos se sacaron una foto a ellos mismos y a la ciudad en la que habitan. El voto en la elección municipal se transformó en esa vara extensible que se conoce como selfie stick y que se usa para autorretratarse con un paisaje o con un grupo.Y en la foto se ve una ciudad atomizada, sin posicionamientos contundentes, no muy orientada, llena de problemas y contradicciones, y con algunas señales que deberían encender alarmas.Se ve un pronunciamiento extraño a favor de la continuidad del actual gobernante, que es limitado en cuanto a que sólo es de un tercio de los votantes, pero contundente si se considera la holgada y cómoda diferencia que lo separa de sus competidores.Los cordobeses que se preguntan molestos por qué sigue un intendente al que lo votaron nada más que tres de cada 10 electores deberían responderse con que al resto de los candidatos lo votaron sólo dos de cada 10, o bastante menos.El primero en leer así el resultado es el propio Ramón Mestre. Moderado, medido, cauto, el intendente no exhibió –al menos en sus expresiones públicas– ninguna muestra de triunfalismo y repitió que la única gobernabilidad posible es con consensos amplios.Mariano Varela, canciller en la presidencia de Domingo Sarmiento, dijo después de la guerra de la Triple Alianza contra Paraguay que "la victoria no da derechos". Al menos en lo discursivo, Mestre entendió más o menos lo mismo que el diplomático del siglo XIX. Pero lo que viene ahora es cómo lleva a la práctica ese llamado a un acuerdo amplio, a la búsqueda de consensos. La política argentina tiene centenares de páginas escritas con esos llamamientos, pero muy pocas líneas de su concreción efectiva. La posibilidad más concreta son acuerdos en el Concejo Deliberante para consensuar iniciativas. El oficialismo tiene allí mayoría garantizada, gracias a una cláusula –impuesta por la Constitución provincial– que tal vez merezca una revisión, como otras cuestiones en la legislación electoral. Ayer, en estas páginas, se publicaba el cálculo de que, de haber existido el sistema proporcional puro en el reparto, el oficialismo tendría 10 miembros y la oposición 21, divididos en cuatro bancadas. Ese escenario obligaría a ciertos acuerdos. Este, de 16 ediles sobre 31 para la fuerza gobernante, no necesariamente. También hay que resaltar la hoguera de vanidades opositoras. Muchos asientan su capital político en la denuncia por la denuncia misma, y hay que ver cómo se compartan los bloques, más allá de las actuaciones personales. Una incógnita es si la segunda fuerza, el Movimiento ADN, mantiene su cohesión una vez que se incorpore formalmente al sistema del que dice no formar parte. Estas fuerzas "antipolítica" no siempre se mantienen cuando empiezan a formar parte institucional de la política. La alianza Luis Juez-Olga Riutort también abre interrogantes, después de haber sido uno de los mayores fracasos en las elecciones del domingo. Lo cierto es que el Concejo se manejó en los últimos tiempos más en función de figuras individuales (Esteban Dómina, Riutort) que en bloques partidarios.La otra conjetura sobre el llamado de Mestre es la eventual incorporación de extrapartidarios al futuro gabinete."Prematuro, pero no imposible", dicen en el despacho del intendente reelecto. Y citan como ejemplo la incorporación en su momento de la socialista Laura Sesma. Pero sostienen que el acuerdo más importante es con sectores de la ciudad. Más allá del margen Así como hay preguntas sobre por qué Mestre sigue siendo intendente, las hay respecto de por qué la segunda fuerza es el Movimiento ADN. Entre las múltiples razones del voto a determinado partido o candidato, hay un elemento interesante para analizar el componente territorial del sufragio a la novel fuerza.La fortaleza de Tomás Méndez parecen haber sido los barrios más pobres. En muchos de esos sectores, hay una marginalidad extrema, que tiene como elemento más dramático la ausencia del Estado en sus funciones más básicas. No acceden a la salud, a la educación, a ciertos estándares mínimos de alimentación, a otros servicios esenciales, a bienes culturales y están transidos por la violencia, la delincuencia y la droga. Muchos de ellos no es que sean marginales, porque eso implicaría que están dentro de algún margen, sino que están directamente afuera.Cuando votan al que identifican como más "anti" o más "en contra de" (lo sea o no), están profiriendo un grito desgarrador del que ha quedado afuera. Y ese grito debe ser escuchado con atención.Esa ciudad también está reflejada en la foto, pese a estar muchas veces más allá de los márgenes. Y debería tener una más que especial atención no sólo del municipio sino del Estado nacional y provincial.

