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Política

Panorama provincial. Kicillof y Macri empezaron por Córdoba: la crisis del poder libertario se federaliza

Los costos políticos de la irresuelta crisis por los gastos de Adorni son altos en Córdoba. Incursiones simultáneas de Kicillof y del macrismo, y retracción de las voces libertarias. Juez se reposiciona como denunciante y Llaryora redobla esfuerzos por diferenciarse desde la gestión.

09 de mayo de 2026, 18:47
Kicillof y Macri empezaron por Córdoba: la crisis del poder libertario se federaliza
Panorama Provincial. Ilustración de Juan Delfini.

Desde hace casi dos meses, la política nacional gira en torno a los enredos patrimoniales y los costosos hábitos de nuevo rico del jefe de Gabinete y vocero del gobierno de Javier Milei. Mientras el Presidente se dedica prioritariamente a sostener a Javier Adorni, en Córdoba –que durante dos años fue la tierra prometida de La Libertad Avanza–, el impacto de la crisis libertaria se hace sentir: las simultáneas incursiones de Axel Kicillof y de un emisario dilecto de Mauricio Macri son dos postales de esa realidad.

La visita del gobernador bonaerense dejó señales políticas claras. Ante gremialistas, repitió críticas a Milei casi idénticas a las que formula Martín Llaryora: apuntan al impacto fulminante del ajuste nacional sobre la producción, la obra pública, la economía de las provincias más habitadas y la trama social. Kicillof lidera un intento de reperfilamiento del PJ nacional para que empiece su fase poskirchnerista y se mostró en Córdoba como un dirigente con volumen federal, respaldado por intendentes, por gremios y por referentes universitarios.

No hubo muestras de hospitalidad del peronismo cordobés y todo indica que el visitante tampoco las esperaba. Llaryora –que tiene buena relación personal con Kicillof y también con su delegado local, Carlos Caserio– viajó al norte provincial para no concretar un acto oficial como el que realiza cada vez que un gobernador de otra provincia viene a Córdoba y es obvio que la directiva del Panal fue de no asistencia a las actividades de su par bonaerense. Sólo algunos intendentes de Punilla hicieron uso de la libertad de acción que obtuvieron quienes hicieron consultas al Panal.

El cordobesismo de Llaryora habla con un espectro político más amplio que el de Juan Schiaretti, pero de momento se mantiene lejano de la posibilidad de reincorporarse al PJ nacional. La mayor parte del electorado cordobés exige contacto cero con cualquier expresión vinculada al kirchnerismo y el llaryorismo no va a contradecir ese mandato.

Enviado macrista

Para el Panal fue mucho más significativa la visita del diputado Fernando de Andreis. El exsecretario General de la Presidencia de Cambiemos sigue siendo embajador plenipotenciario de Mauricio Macri y sí encontró buena recepción en el peronismo cordobés. En público, hizo referencia a la amistad histórica entre el expresidente y Schiaretti, pero en privado dialogó largamente con Llaryora, además de constatar lo poco que queda en pie del PRO Córdoba.

Panorama Provincial, ilustración de Juan Delfini.
Panorama Provincial, ilustración de Juan Delfini. (Ilustración de Juan Delfini)

La misión que Macri le encomendó a De Andreis lo hará recorrer varias provincias cuyos gobernadores ya hablan mucho entre sí desde hace tiempo: Santa Fe, Chubut, Entre Ríos y Jujuy, para empezar. El lema que empieza a tomar cuerpo entre Macri y esos gobernadores es que, además del equilibrio fiscal, del descenso de la inflación y de la apertura de la economía –los méritos que le reconocen a Milei–, el futuro demanda racionalidad y políticas productivas donde haya espacio para más actividades que la minería, la energía y el campo.

Hubo una triple visita casi en simultáneo en Córdoba: la cúpula de Unión Industrial Argentina estuvo en la provincia, con un mensaje bastante similar. Martín Rappallini evitó confrontar con el gobierno de Javier Milei, pero advirtió sobre la caída de la actividad, el empleo y las inversiones en el sector fabril. Sostuvo que la UIA mantendrá una estrategia “dialoguista” con la Casa Rosada y reclamó medidas para “reactivar la economía y volver a niveles de 2022”.

Llaryora acentúa el tono de esas demandas cuando se vinculan a responsabilidades que la Nación incumple –como los giros de ley a la Caja de Jubilaciones– y a impactos sociales del ajuste. La semana pasada, lanzó el programa Córdoba Sostiene para garantizar un aporte de la Provincia al sostenimiento de las instituciones de asistencia a la discapacidad: $ 2 mil millones para compensar una pequeña parte de lo mucho que perdieron esas instituciones. Esta semana, habrá un anuncio de asistencia para las escuelas técnicas, que también tuvieron recortes de envíos nacionales.

Ni una palabra sobre Adorni

En cambio, la orden del Panal a los diputados nacionales del cordobesismo es no adherir a los intentos de interpelación ni de moción de censura contra Adorni.

Dos motivos de igual peso justifican esta postura, que es idéntica a la del PRO: por un lado, Llaryora tiene por norma eludir las condenas públicas previas a las judiciales; por el otro, confía en eso de que no se debe interrumpir al adversario cuando se está equivocando. Los cambios en la opinión de los cordobeses sobre el Gobierno nacional se siguen con expectativa en el oficialismo provincial.

En ese presente libertario complicado, Luis Juez parece ser el único aliado a Milei que por estos días conserva la capacidad de dar batalla en Córdoba.

Aun cuando parece haber asumido que el candidato de La Libertad Avanza será Gabriel Bornoroni, y sin ejercer una explícita defensa de Adorni ni de las políticas libertarias más controvertidas, Juez hace uso de su alianza con el mileísmo y sigue haciendo lo que mejor sabe hacer desde hace más de 20 años: cuestionar al oficialismo provincial con acusaciones generalizadas de corrupción, a las que ahora les suma los argumentos que le proveen los dos vocales que conforman la mayoría juecista del Tribunal de Cuentas de la Provincia. El peronismo tiene por norma no responderle para no reconocerle el lugar de máximo líder opositor.

Con el radical Rodrigo de Loredo, la reacción que ordenan los manuales del peronismo es exactamente la contraria: responderle las acusaciones, redoblarle la apuesta en las chicanas y levantarle el perfil en todos los embates. Al punto de apelar al insulto –el ministro Miguel Siciliano lo trató de "boludo"–, una práctica que el oficialismo cordobés hasta ahora repudiaba. Simple entretenimiento de políticos en año par: hay veces que el jueguito resulta ocurrente; otras veces se vuelve evidente y reiterativo.