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Política

Análisis. ¿Por qué la inflación no termina de bajar?

En marzo, la inflación fue del 3,4%, el registro más alto en un año. Educación y transporte empujaron, pero incluso si se los obviara, el dato sigue siendo alto. El problema ya no son los picos: es que la inflación ha encontrado un piso del que no consigue bajar.

20 de abril de 2026, 13:51
¿Por qué la inflación no termina de bajar?
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En marzo de 2026, el Índice de Precios al Consumidor registró una suba de 3,4% respecto del mes anterior. Entre los rubros que más subieron, destaca Educación, con 12,1%, algo que ocurre todos los años con el inicio del ciclo lectivo. También empujó Transporte, impulsado por combustibles, transporte público y pasajes aéreos, con un contexto internacional más tenso por el conflicto en Medio Oriente, que contribuyó a la suba del combustible.

Pero el dato de marzo no se explica sólo por Educación y Transporte. Para verlo más claro, también se mira la inflación núcleo –que deja afuera rubros volátiles, como alimentos frescos o tarifas reguladas– para tener una lectura más limpia de la tendencia. En marzo fue de 3,2%, casi igual al 3,4% general. Es decir, aun dejando de lado los rubros que concentraron más atención, la presión inflacionaria siguió siendo alta y bastante extendida.

Por eso marzo merece una lectura más cuidadosa. Después de haber bajado a valores cercanos al 1,5% mensual en el invierno pasado, la inflación volvió a moverse en un escalón más alto y en marzo alcanzó su mayor registro de los últimos 12 meses. No se trata de una reversión del proceso de baja, pero sí de una señal de que esa caída ya no avanza con la misma facilidad que en la etapa inicial.

Bienes y servicios: dos velocidades

Dentro del 3,4% general, conviven dos dinámicas distintas. En marzo, los bienes subieron 3,0% y los servicios, 4,2%. En la comparación interanual, la brecha es todavía más marcada: los bienes acumularon 27,6% en los últimos 12 meses, mientras que los servicios llegaron a 43,7%.

Esa diferencia ayuda a entender por qué la inflación no termina de bajar al ritmo que muchos esperaban. Los bienes suelen reaccionar más rápido cuando el dólar está más calmo y la macro se ordena. Los servicios, en cambio, se mueven más por lo que le cuesta a cada empresa pagar sueldos o el alquiler, y por contratos que se actualizan cada varios meses. Por eso, cuando los servicios siguen subiendo más rápido, la inflación general encuentra un piso más difícil de perforar.

Dicho de otro modo, la etapa más rápida de la desinflación parece haber quedado atrás. La estabilidad macro ayudó, primero, a moderar los precios más sensibles al dólar y a la volatilidad. Pero cuando lo que queda es principalmente una inflación de servicios, el problema pasa a estar más atravesado por contratos que tardan en actualizarse y expectativas que tardan más en acomodarse.

¿Qué hace falta para que siga bajando?

Lo de marzo sugiere que la baja de precios entró en una etapa menos lineal. Hubo factores puntuales, como Educación y Transporte. Pero, aun dejando eso de lado, el núcleo quedó en 3,2% y los servicios volvieron a subir más que los bienes. Eso muestra que el problema ya no pasa sólo por un mal dato mensual: lo que queda es una inflación que tarda más en ceder.

Cuando los precios vienen subiendo rápido desde hace años, también tardan en frenarse los contratos, las listas de precios y las expectativas. A eso se suma que frenar la inflación de golpe tiene un costo: puede enfriar la economía. Por eso el Gobierno viene balanceando, sin ir a fondo con medidas que bajen la inflación más rápido, pero que lastimen el empleo o la producción.

Para que la inflación siga bajando de manera duradera, no alcanza solo con que el Estado no gaste de más. También hace falta que las empresas puedan producir y competir mejor, y que los sueldos puedan recuperarse sin que eso vuelva a empujar los precios. En esta etapa, más que una medida aislada, lo decisivo es consolidar previsibilidad: mantener el rumbo, evitar señales contradictorias, y dar tiempo a que contratos y expectativas se acomoden a un régimen de inflación más baja.