Es casi una rareza en la dinámica económica. Pero está pasando. El precio del dólar y el nivel de las tasas de interés están bajando en forma simultánea.
Lo habitual es que ambas variables estén en tensión, pero hacia arriba, para apaciguar los efectos de la clásica tendencia de los argentinos a comprar dólares.
Claro que, como esa genética es tan poderosa, las tasas bajan pero no tanto, para evitar un desarme dramático del carry trade.
En la historia reciente, una dulce danza de dólar y tasas ha sido espectáculo de una noche y bajo la atenta mirada de la tercera bailarina: la inflación. Esta última es la que viene con el paso cambiado.
La secuencia es así: el precio del dólar, que ya venía planchado, está cayendo casi a diario. Hoy tiene el mismo valor que seis meses atrás. En ese período, la inflación creció 18%. Y ahora entramos en el pico estacional de ingreso de divisas, por la cosecha de granos gruesos.
Dice Enrique Szewach (exdirector del Banco Central) que “se viene una fenomenal oferta de dólares”. Además, eso ocurrirá con un ritmo menor de importaciones, por el stock en exceso que se arrastra desde el año pasado.
Así está señalizada la pista hasta las primeras semanas del invierno: con el dólar dormido. “El mercado se mueve por miedo, expectativa y liquidez. Todo está orientado a que, por un tiempo, habrá dólar vendedor con baja expectativa de suba”, apunta Leticia Tolosa, docente y vicepresidente de Petrini Valores.
Incluso, esta fase soporta con menos estrés la demanda de los ahorristas, que sigue nivelada en un promedio mensual arriba de U$S 2 mil millones. Es el precio de la brecha de confianza.

Incentivos al crédito
En ese contexto, las tasas de interés empezaron a retroceder, incluso a riesgo de ser negativas frente a la inflación, pero positivas si se mira el termómetro de la devaluación.
La oportunidad que se abre apunta a los créditos por doble vía: por un lado, crear un espacio que baje la fiebre de la morosidad; por otro, incentivar el financiamiento como herramienta de consumo.
Todo el mercado está jugando en esa dirección: desde las cuentas remuneradas en las billeteras virtuales hasta el costo financiero de los créditos hipotecarios.
Bajo esta línea, hay que interpretar la decisión del Banco Central de volver a aliviar la exigencia de integración diaria de encajes bancarios, que había llegado a un pico casi irreal de 95% en medio de la volatilidad previa a las elecciones legislativas del año pasado.
Ahora baja a 65%, pero la lógica es que se siga reduciendo para revertir la abrupta desaceleración que han tenido los préstamos en pesos al sector privado.

Un trío con la inflación
Pero las variables simultáneas son, en realidad, tres: dólar, tasas e inflación. Esta última viene corriendo a un ritmo alto. Proyectado, el indicador de marzo (3,4%) equivale a casi 50% anual.
Para el economista Diego Dequino, esto “va a producir oportunidades de arbitraje y desarbitraje de precios, porque permite apalancarse a tasas negativas”.
Son los riesgos que se asumen. Por ejemplo, sectores que podrían aprovechar la ventana para financiar en pesos los recursos que necesitan para importar bienes.
Pero el espacio para volver a tomar la curva de la desinflación sin aumentar la demanda de dinero es pequeño. Una especie de Estrecho de Ormuz, plagado de peligros, pero por el que hay que pasar sí o sí para que la economía fluya con menos fricción.
“El segundo semestre debería ser distinto”, opina Szewach. Es la trama de convergencia que el Gobierno imagina. Queda por ver si los barcos cruzarán con todos a bordo.

