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Política

Argentina. Inflación: ¿junio puede traer una buena noticia?

La inflación de mayo fue del 2,1% y confirmó una desaceleración respecto del pico de marzo. Los relevamientos privados de junio abren la posibilidad de que el próximo dato perfore el 2%. Sin embargo, el escenario todavía no está cerrado: mientras los alimentos muestran señales de moderación, los precios regulados siguen activos y podrían ponerle un piso más alto al índice.

19 de junio de 2026, 15:15
Inflación: ¿junio puede traer una buena noticia?
Precios de la nafta impactan en la inflación.

El índice de precios al consumidor de mayo marcó una suba de 2,1%, según el Indec. Con ese resultado, la inflación acumuló 14,7% en los primeros cinco meses del año y 33,2% en la comparación interanual. El dato consolidó dos meses consecutivos de desaceleración, luego del 3,4% registrado en marzo, cuando el salto del petróleo y el ajuste de combustibles habían agregado presión sobre el índice.

La desagregación del IPC muestra un panorama más matizado. La inflación núcleo –que excluye precios regulados y estacionales– avanzó 1,9% en mayo. Los regulados subieron 2,4%, impulsados principalmente por servicios públicos y transporte. En tanto, los estacionales aumentaron 3,5%, con una fuerte incidencia de verduras, parcialmente compensada por la caída de frutas.

Entre las divisiones del índice, comunicaciones encabezó las subas del mes, con 3,4%, seguida por educación, con 2,9%. Alimentos y bebidas, uno de los rubros de mayor peso en la canasta, aumentó 2,5%, levemente por encima del nivel general.

A ese cuadro se suma otro dato relevante: los precios mayoristas de abril aumentaron 5,2%, más del doble que el IPC de ese mes. La diferencia respondió, en buena medida, al comportamiento del sector energético, especialmente petróleo crudo y productos refinados. Esa presión de costos no necesariamente se traslada de forma inmediata ni completa al consumidor, pero tampoco desaparece. Parte puede llegar con rezago a distintas cadenas de producción, distribución y comercialización.

¿Qué puede pasar en junio?

La discusión sobre junio se concentra en dos fuerzas que empujan en sentido contrario. Por un lado, los primeros relevamientos privados muestran señales alentadoras. En las primeras semanas del mes, los alimentos registraron una dinámica contenida: según LCG, la primera semana de junio mostró una variación de apenas 0,1% en el rubro. En esa misma línea, consultoras como EcoGo, Equilibra y Analytica proyectan que el índice general podría ubicarse en torno al 1,9%.

La lectura positiva se apoya en que los alimentos tienen un peso decisivo dentro del IPC y una fuerte incidencia sobre la percepción social de la inflación. Si ese comportamiento se sostiene durante el resto del mes, junio podría mostrar un nuevo avance en el proceso de desinflación y convertirse en el primer registro por debajo del 2% en esta etapa.

Pero la baja no está asegurada. Del otro lado aparecen los precios regulados, que siguen actualizándose y pueden ponerle un piso más alto al índice. Desde el primero de junio, los colectivos del Amba aumentaron entre 4,6% y 4,8%, los trenes ajustaron 15%, el agua subió 3%, el gas aplicó un incremento cercano al 3% y las prepagas actualizaron cuotas en torno al 2,6% promedio.

Además, algunas mediciones privadas detectaron una aceleración de alimentos en la segunda semana del mes. Ese dato obliga a tomar con cautela las proyecciones iniciales: si la moderación de alimentos se sostiene, junio puede perforar el 2%; si los regulados y algunos rubros sensibles pesan más de lo previsto, el índice podría quedar cerca de ese umbral o superarlo levemente.

En definitiva, junio puede convertirse en un mes clave no tanto por el número exacto, sino por lo que ese número diga sobre la consistencia del proceso de desinflación. Un IPC con “1 adelante” reforzaría la idea de que la baja gana velocidad. Un resultado nuevamente en torno al 2% mostraría que la tendencia continúa, pero con resistencias relevantes.

El desafío de sostener la baja

El dato puntual importa, pero no alcanza para definir la trayectoria de fondo. La inflación puede tener meses mejores y peores, especialmente cuando inciden tarifas, combustibles, transporte o alimentos frescos. Lo decisivo es si se consolidan las condiciones que vienen ordenando las expectativas: equilibrio fiscal, estabilidad cambiaria y una agenda de reformas que reduzca la incertidumbre hacia adelante.

En ese sentido, el desafío ya no es solo lograr un buen número mensual, sino evitar que la desaceleración dependa de factores transitorios, como una semana favorable en alimentos o la postergación de algún ajuste regulado. Para que la baja sea sostenible, el proceso necesita apoyarse en fundamentos más permanentes.

La reforma laboral fue un paso en esa dirección. La tributaria y la previsional siguen pendientes. Mientras esa agenda avance y la política económica mantenga consistencia, la inflación tendrá razones para seguir bajando. El ritmo exacto puede variar. Habrá meses más favorables y otros más difíciles. Pero la dirección dependerá menos de un dato aislado y más de la capacidad de sostener el orden macroeconómico en el tiempo.