Javier Milei habla como si la visita del papa León XIV a la Argentina estuviese confirmada. Aunque todavía la califica como "probable", para no estrellarse contra el protocolo vaticano, el Presidente ya anticipa el mes de noviembre como la fecha del viaje, que también incluiría a Uruguay y Perú, país adoptivo del Papa.
Se ignora en qué fecha de noviembre podría estar el papa Prevost aquí. Si coincide con el primer martes, atenderá desde Buenos Aires, Córdoba o Santiago del Estero las noticias sobre las elecciones legislativas en su país de origen: Estados Unidos.
La designación del nuevo nuncio apostólico en la Argentina disparó las expectativas. Michael Wallace Banach fue elegido por León XIV para ejercer la representación diplomática de la Santa Sede en nuestro país. El arzobispo Banach es también norteamericano y diplomático de carrera.
Dos de los cargos que ejerció son clave para entender su designación en Argentina. Fue el nuncio designado por el papa Francisco para organizar su visita a Budapest en los tiempos fuertes de Viktor Orban, el líder de la ultraderecha en Hungría, derrotado por un antiguo aliado en el pasado mes de abril.

Antes, Banach fue el representante vaticano en la Organización Internacional de Energía Atómica, organismo que preside el argentino Rafael Grossi.
Entre las incógnitas que se abren para Milei ante una eventual visita del Papa, asoman también algunas certezas. Robert Prevost acaba de publicar una encíclica tan amplia que de seguro anticipa los temas y el tono de su predicación en los próximos meses. Es la encíclica identitaria para León XIV; aquella que tenía en mente al elegir el nombre de su papado.
En efecto, Prevost inicia su mensaje recordando a León XIII, el fundador de la doctrina social de la Iglesia, hace 135 años. Fue el autor de la Rerum Novarum, la encíclica que hablaba de los "nuevos asuntos".
En tiempos de la Revolución Industrial esos asuntos nuevos eran los referidos al proletariado emergente. Para León XIV, lo nuevo es el cambio de época, que imponen hoy los avances de la técnica: la digitalización, la inteligencia artificial, la robótica.
La encíclica de Prevost -Magnifica Humanitas- es un documento de fondo que aborda una definición propia de los fundamentos y principios de la doctrina social de la Iglesia. Principios como el del bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social.
Es en relación con ese marco conceptual que el Papa desguaza el desafío de las nuevas tecnologías. Sobre todo, su dinámica de poder: la trama difusa del paradigma tecnocrático; su incidencia en el principio de verdad y el funcionamiento de la democracia; su impacto en el valor del trabajo; el riesgo de una nueva esclavitud, celular en mano.
Más aún: Prevost se lanza a cuestionar la nueva cultura del poder, la normalización de la guerra, el giro desde el multilateralismo acordado a una multipolaridad de facto, el regreso de la disuasión nuclear y el auge de un supuesto realismo político que confunde la constatación de los conflictos con la resignación.
Contrastes
Milei se autopercibe al mismo tiempo como un emergente del nuevo poder político global gestado en las nuevas tecnologías sociales y como un teórico precursor de la nueva desgobernanza global, desprendida del lastre del Estado-Nación.
El libreto teórico que anticipa Prevost es un desafío de primer orden. Viene a hablar de asimetría epistémica, económica y política. Viene a decir que a la nueva geografía del poder no basta con regularla: es necesario desarmarla.
Pero además, aunque el mensaje de Prevost es más sofisticado que el de Bergoglio, también reivindica el momento de Bergoglio en la Iglesia. Es una complicación adicional para Milei: la Iglesia argentina quedó formateada al estilo de Francisco y carga con la decepción de no haber conseguido que el papa argentino vuelva al país.
Un tópico común que usan los obispos para explicarlo es culpar a la sociedad, a sus interminables divisiones, por la decisión de Bergoglio de no regresar. Como si Francisco no hubiese jugado en esa grieta -con tanta intensidad y desacierto- hasta verse devorado por ella.
La otra causa que los une es la oposición a Milei, a su opción visceral por la economía de mercado, su apego a la polarización como método político, su oposición ferviente a la idea de justicia social y su decisión de usar del peronismo solamente la pragmática del poder.
Contra esa distancia irremontable, Milei sólo cuenta con unas pocas palabras de Prevost: "La doctrina social no es sólo una palabra dirigida a la sociedad; es también un examen de conciencia para la Iglesia".
La nueva encíclica reclama que los principios que predica la Iglesia vivan sobre todo en su interior. La cultura de la transparencia, de la rendición de cuentas y la evaluación de sí misma sin eludir su propia verdad.

