Financiarse o no, esa es la cuestión
Todo aquel que haya usado alguna vez una tarjeta sabe que hay un momento clave: el de definir si se pagará el total o el mínimo. Por temor a la mora, los bancos abren el paraguas.
La crisis financiera, que se convirtió en económica, golpeó duro en los bolsillos de los argentinos en 2018. Especialmente, en los de aquellos que, a falta de efectivo, comenzaron a utilizar con más frecuencia la tarjeta de crédito o a tomar préstamos personales en los bancos para afrontar gastos cotidianos.
El escenario fue complicándose a medida que pasaron los meses, subieron las tasas y la inflación se desbocó. Las alarmas que se prendieron en bancos y entidades financieras motivaron que realizáramos nuestro Primer plano de hoy.
Todo aquel que haya usado alguna vez una tarjeta de crédito sabe que el aplazamiento de los pagos tiene un momento clave: el de definir, cuando llega el resumen de cuentas, si se va a afrontar el monto acordado o se pagará el mínimo.
Ese decisión –la de pagar el mínimo– ha sido la causa de los casos más complicados para los usuarios de plásticos que llegaron a encarar refinanciaciones con intereses estratosféricos.
Para entender qué está pasando, publicamos un informe sobre qué están haciendo bancos y tarjetas para evitar los costos que produce la mora en los pagos, tanto de tarjetas de crédito como de préstamos personales.
Para saberlo, consultamos a los responsables de mantener a los clientes en el mercado y ayudarlos a no terminar con deudas aún más abultadas e imposibles de pagar.
Para completar el panorama, reproducimos el testimonio de un cordobés que explica cómo, a partir de financiar su vida diaria (sin lujos), hoy el banco con el que trabaja es un destino al que ya acudió varias veces.
Si bien el último informe del Banco Central muestra números de mora dentro de lo esperable (lejos de crisis más agudas), la cantidad de deudores ha crecido levemente y los próximos meses anticipan más complicaciones.
Es que las perspectivas a futuro no parecen muy alentadoras: las tasas seguirán altas, a la inflación le costará bajar y los sueldos tendrán una recuperación lenta.
Así, ¿quién podría dejar de usar la tarjeta?

