Una nueva Argentina. Fernando Moiguer: “El sueño de Córdoba, de que nada pase por Buenos Aires, se está por cumplir”

El economista y consultor experto en marcas y consumo analiza cómo la sociedad argentina está cambiando, en paralelo a la estructura productiva. "El modelo actual tiene muy claro cómo desarma, pero no cómo arma", desafía.

08 de mayo de 2026 a las 06:43 p. m.
Fernando Moiguer: “El sueño de Córdoba, de que nada pase por Buenos Aires, se está por cumplir”
“Se está rompiendo la idea de que al clima del país lo define el conurbano. Los medios nacionales suelen reflejar eso, pero ese no es la atmósfera nacional”, dice Fernando Moiguer, consultor en consumo.

Fernando Moiguer es uno de los expertos en marcas y estrategas de consumo más influyentes de Argentina. Con una mirada que combina el manejo de datos con una interpretación sociológica aguda, su consultora es eficaz en anticipar y entender humores colectivos en un país que está mutando.

En diálogo con La Voz en Vivo, Moiguer desglosó su último estudio sobre la cúspide de la pirámide social, revelando un cambio de paradigma que no se veía en un siglo: el fin de la vergüenza por la riqueza. También reflexionó sobre la emergencia de un interior productivo que ya no quiere pedir permiso al puerto.

–Realizó un estudio muy interesante sobre la clase alta argentina, un sector que solemos analizar poco frente a la obsesión nacional por la clase media...

Es un estudio que en la consultora nos "rompió la cabeza" por los datos que empezaron a irrumpir. Realizamos un seguimiento continuo desde hace más de veinte años en seis países, llamado Social Mood, y lo que encontramos este año fue el rastro de algo que no tenía mirada previa. El dato más relevante es que el 49% del total de la población argentina definió que ‘hacer plata está bien’, un valor que nunca habíamos obtenido antes. Pero lo más conmovedor es que el 66% de la clase baja sostiene lo mismo, otorgándole al éxito económico una legitimidad que históricamente no tuvo en el país. Córdoba, incluso, tiene un valor un poquito más alto que el promedio nacional en este sentido. Históricamente, en la Argentina se pensaba que el que hacía plata o robó, o era narco o político; hoy empieza a haber un valor social en el hecho de generar dinero.

–¿Qué es hoy ser de "clase alta" en una Argentina?

– Primero hay que entender que la clase alta completa representa el 6% del total de la población, pero concentra el 33% de lo producido y la riqueza. Ahora, ser rico en Argentina es barato en comparación con otros países. Técnicamente, si tenés un salario de 3.000 dólares para arriba, ya sos clase alta, específicamente lo que llamamos el sector C1, que es la mayoría de ese grupo. Por encima está el nivel B, con un piso diez veces más alto, y el nivel A, con un piso 100 veces mayor, llegando a fortunas de 1.000 millones de dólares en el nivel A y más de 40 millones en el B. Aunque son cifras relevantes para Latinoamérica, el piso del segmento B sigue siendo bajo comparado con Brasil, Colombia o Chile. Lo disruptivo es que este mensaje de ‘la hice por mi cuenta, no le debo nada a nadie’ ha calado hondo; los que hacen dinero hoy son vistos como héroes.

–Menciona que este sector se está sincerando, ¿qué diferencia a los nuevos ricos de los herederos tradicionales?

–Dividimos a la clase alta entre los herederos, los autoconstruidos y los que ‘hicieron la plata hace un ratito’. Estos últimos son los que más van a crecer. Su lógica es: ‘La hice por mi cuenta, tuve todo en contra y, por lo tanto, la mía es legítima’. A diferencia del pasado, ahora salen a gritarlo y a exhibirlo. Tienen una característica particular: poseen un menor nivel universitario que el resto de la clase alta. Muchos dueños de grandes compañías tecnológicas han dejado la universidad. Hay un componente de ‘ni estudié y mirá cómo la hice’, operando a través de mecanismos como cripto, minería o nuevas explotaciones que aparecen en el país. Por primera vez en 100 años, la clase alta dice ‘soy clase alta’ con orgullo, compra autos importados y construye casas en barrios cerrados.

–¿Este fenómeno se vive igual en todo el país o hay una brecha entre Buenos Aires y el interior?

–El interior creció 10 veces más que el Amba en barrios cerrados de clase alta en los últimos cinco años. En Córdoba esto es feroz; lo ves en la extensión de los barrios hacia Villa Allende y los bordes de la ciudad a medida que avanzan las autopistas. Hay un orgullo por el lugar donde se vive que antes no se exhibía así. Esto tiene un lado bueno y uno malo. Lo bueno es el sinceramiento: las cosas como son. Lo malo es que se rompe esa idea de que ‘todos somos clase media’ que nos daba la sensación de ir todos juntos hacia adelante. Ahora impera un individualismo feroz donde la gente pide que ‘desarmen el Estado’ porque sienten que se pueden arreglar solos, aunque la historia mundial indica que los individuos solos rara vez logran arreglar los países.

– Usted habla de un cambio de eje geopolítico, mencionando a las provincias cordilleranas como ganadoras y al conurbano bonaerense como el gran perdedor, ¿dónde está Córdoba en ese nuevo mapa?

– Córdoba está en el medio: tiene una parte que gana y otra que pierde. El modelo de las automotrices, por ejemplo, ya venía desarmándose antes de este Gobierno porque no era funcional si no exportaban. Pero Córdoba tiene una parte tecnológica y del conocimiento que se está resignificando. Ya no vende sólo salario barato en dólares, sino que debe exportar servicios en una nueva reconfiguración del talento. El agro industrializado, el maní y la tecnología son sus fuertes. Lo más importante es que se está rompiendo la idea de que el clima del país lo define el conurbano. Los medios nacionales suelen reflejar el clima del conurbano, pero ese no es el clima nacional.

–Se debilita la “medialuna de grasa”...

–Sí. Así llamo yo a un corredor productivo que comienza en el puerto de Buenos Aires, se ensancha en Villa Constitución y Rosario, llega a Villa María y Córdoba, y termina más fino en Mendoza. Esta ‘media luna’ concentra el 90% de las comunicaciones, el 80% de la población económicamente activa y casi el 80% del producto. Antes, la Argentina era una ficción donde la renta del agro subsidiaba a las industrias del corredor; eso se está desarmando sin un proyecto claro de qué hacer con los restos, lo que genera debilidad. Pero, al mismo tiempo, lo que exportamos hoy (gas, petróleo, electricidad) vale más, y lo que importamos vale menos.

"A diferencia de los ‘90, hoy toda la Argentina, incluida la clase alta, ama y valora lo propio"; señala Moiguer.
"A diferencia de los ‘90, hoy toda la Argentina, incluida la clase alta, ama y valora lo propio"; señala Moiguer. (La Voz / Archivo)

– Ante este panorama, ¿la clase media está condenada a desaparecer?

–Los datos dicen que la clase media va a resistir como concepto. El país que conocemos va a resistir porque hay una solidaridad estructural en temas como salud, educación universitaria y discapacidad que no se negocia. A diferencia de los ‘90, hoy toda la Argentina, incluida la clase alta, ama y valora lo propio. Milo J, Bizarrap y otros casos gráficos. Hay una vocación de ‘hacer el país acá’. Sin embargo, hoy el deterioro salarial es real; la gente tiene más de un trabajo y no llega a fin de mes. El modelo actual tiene muy claro cómo desarma, pero no cómo arma. Vemos que ciudades como Neuquén se "conurbanizan", con salarios de petroleros que disparan los precios y dejan al resto en la miseria, algo parecido a lo que pasa en Bariloche o en barrios como Villa El Libertador en Córdoba capital.

– Córdoba siempre ha tenido una relación compleja con Buenos Aires, ¿cómo la ve hoy?

–Córdoba mira primero al exterior que a Buenos Aires. Hay un eje Córdoba-San Pablo-Río muy intenso; el sueño cordobés siempre fue la "aduana seca", que nada pase por Buenos Aires. Y se le está por cumplir, porque hoy puede negociar de otra manera. Córdoba es un epicentro que convoca a estudiantes de San Luis, Catamarca, Entre Ríos y Corrientes que se ‘aquerencian’ y se quedan. Esa mezcla es la que impulsó valores como el fernet a todo el país. El poder político del interior va a tener que tallar fuerte porque el Gobierno nacional actual, aunque castiga al conurbano, tampoco quiere que nadie del interior se destaque por sí solo.

Pirámide social y clase alta en la clasificación de la consultora Moiguer.
Pirámide social y clase alta en la clasificación de la consultora Moiguer. (Ilustración Moiguer)

–Para cerrar, ¿cómo interpreta el estilo de los nuevos referentes económicos, como el caso de Marcos Galperin y su reciente polémica en redes, donde fue acusado de falta de empatía hacia una jubilada?

–Es un fenómeno totalmente vinculado a lo que estudiamos. Los ricos tecnológicos del mundo tienen ese tipo de posteos y les funciona; es el modelo de Stanford de ‘salvate vos’ a través de tu propia invención. En Argentina, ese mensaje creó un segmento relevante que se pregunta por qué debe pagar jubilaciones a quienes no aportaron, algo que no existía hace siete años. Es un país que busca abrirse e insertarse en el mundo porque su autoestima está en juego, pero el costo es una pérdida de empatía que va a seguir bajando. Galperin es un globo de ensayo de esta nueva sintonía mundial que prioriza el saber tecnológico y el éxito individual por sobre la construcción colectiva. Es un cambio profundo; hay que ponerse el casco porque esto recién empieza.