
Terminó la búsqueda para 12 familias de personas asesinadas por la dictadura
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Redacción La Voz
El sol de marzo se cuela por los ventanales de los Tribunales Federales de Córdoba, pero el clima adentro es de una intensidad que trasciende lo climático. María Elena Mercado, abogada jubilada, camina con la pausa de quien recorrió un desierto de 50 años. Acaba de escuchar, de boca del juez federal Miguel Hugo Vaca Narvaja, que los restos hallados en Loma del Torito, cerca de La Perla, pertenecen a su esposo, Eduardo Jorge Valverde Suárez.
Eduardo, el "Tero", tenía 36 años y dos hijos pequeños cuando la historia se detuvo para él. Era un abogado brillante, defensor de presos políticos y exfuncionario del gobierno de Ricardo Obregón Cano. El 24 de marzo de 1976, mientras el país se sumergía en la oscuridad, él se llevaba las llaves del auto al salir de casa para presentarse ante una citación militar de la que nunca regresó.

Hoy, cinco décadas después, ese círculo de ausencia se cierra con una verdad dolorosa pero necesaria. A pocos días de cumplirse el 50° aniversario del golpe cívico-militar, María Elena conversa con La Voz sobre el peso de la identidad recuperada y el significado de marchar, por primera vez, sabiendo dónde está Eduardo.
–¿Cómo se procesa una noticia que se esperó durante medio siglo?
–Es un momento de una carga emocional muy profunda. Como familia, estamos reconfigurando todo con estos nombres que acaban de decir en la conferencia. Para nosotros, esto significa salir de un lugar de una violencia extrema para volver, finalmente, hacia un lugar de amor. Es recuperar una identidad que quisieron borrar. Mi hijo Hipólito dice que él quiere que esa herida quede abierta, y yo lo entiendo: olvidar no se puede.

–Su esposo desapareció el mismo día del golpe. ¿Qué recuerda de ese 24 de marzo de 1976 en su casa?
–Llegó personal de la Fuerza Aérea Argentina muy temprano. Entraron sin orden de allanamiento ni nada, y dejaron una citación verbal para que Eduardo se presentara en el hospital Aeronáutico, por calle Jujuy, en el Centro de la ciudad. Él no estaba en ese momento, estaba en nuestro estudio jurídico. Cuando volvió a la tarde y le comenté lo que había pasado, decidió presentarse acompañado por sus socios. En el hospital les dijeron a los otros abogados que podían retirarse, que él se iba a quedar ahí. No dijeron en calidad de qué. Al día siguiente esperé, pero no retornó.
–¿Usted salió a buscarlo sola por lugares que, en ese entonces, eran desconocidos y peligrosos?
–Sí, cuando fui al puesto de guardia del hospital, me dijeron que estaba en Campo de la Ribera. Yo no tenía ni idea de dónde quedaba eso. Recuerdo un detalle que hoy me estremece: él se había llevado la única llave del auto con la ropa que llevaba puesta, y no teníamos copia. Me tomé un colectivo a San Vicente y caminé por un camino de tierra pasando el cementerio. Recuerdo haber pensado: "¿Dónde me estoy metiendo? Nadie sabe que estoy acá". En la guardia, me dijeron que "todavía no había llegado"; me dio la impresión de que lo estaban esperando.
–¿Quién era Eduardo "Tero" Valverde, más allá de la militancia?
–Eduardo era un hombre de leyes. Nació en Mendoza, se formó en el Colegio Nacional Deán Funes y se recibió de abogado en la UNC. Fue un dirigente estudiantil muy activo en la FUC y en la FUA, y fundó la Agrupación de Abogados en Córdoba (ADA) para defender a los perseguidos políticos. Tenía un compromiso inmenso con la justicia. Por eso duele tanto lo que pasó. Como abogada, yo sé lo que corresponde a un país civilizado: un juicio, pruebas, condenas. Pero que alguien secuestre a una persona y disponga de su vida sin mediar palabra es, directamente, la pena de muerte aplicada desde el Estado.
–Este 24 de marzo se cumplen 50 años del golpe y es la primera vez que marcharán con sus restos identificados. ¿Cómo se preparan para ese día?
–Trataremos de descansar estos días para tener fuerzas para marchar, por supuesto, el martes 24 de marzo. Esta marcha es especial porque Eduardo ya no es un desaparecido en términos de incertidumbre; ahora tiene un lugar, una identidad confirmada. Pero marchamos también por el resto, por los compañeros que no están, por los que todavía no han sido encontrados o identificados.