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En UTA, las urnas seguirán guardadas y rige una inédita calma gremial

Tras la intervención de septiembre a la seccional Córdoba, bajó la beligerancia. Sin horizonte inmediato de elecciones, se atenuó el caciquismo de algunos delegados.

24 de diciembre de 2016 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
En UTA, las urnas seguirán guardadas y rige una inédita calma gremial
Contraste. Choferes en protesta y usuarios asustados, una imagen repetida que pareciera empezar a revertirse de a poco (Antonio Carrizo/Archivo).
  • Tras la intervención de septiembre a la seccional Córdoba
  • bajó la beligerancia.
  • Sin horizonte inmediato de elecciones
  • se atenuó el caciquismo de algunos delegados.

La próxima semana se cumplirán tres meses de la intervención de UTA nacional a la seccional Córdoba, y con ello, quizás uno de los períodos más calmos que recuerde la ciudad en cuanto a conflictividad gremial aguda en su sistema de transporte. El sosiego podría extenderse hasta abril, cuando se reabra la paritaria.En todo caso, los pasajeros lidian hoy con otros déficits de la prestación (por ejemplo, las malas frecuencias), pero la atomización de referentes y el desgobierno de UTA parecen haberse corregido al menos parcialmente.Desde fines de septiembre, cuando fue desplazado el secretario general Ricardo Salerno y reemplazado por el interventor Luis Arcando, en sintonía con Jorge Kiener (secretario de Interior, de UTA nacional), hubo un solo conflicto de proporciones, como coletazo indirecto de la intervención.Fue a mediados de noviembre, cuando Ersa despidió a cinco choferes que lanzaron un paro por su cuenta, sin aval de las nuevas autoridades del gremio en Córdoba.Si bien luego hubo una conciliación y los empleados choferes fueron retomados, ese conflicto marcó un quiebre, al mostrar la voluntad de la intervención de encarrilar las disputas por las vías legales y acatar las disposiciones del Ministerio de Trabajo. Todo un avance respecto de la "ley de la selva" que regía previamente.En diálogo con este diario, Kiener ratificó que el apartamiento de Salerno y la intervención ya están siendo analizados en las instancias internas que corresponden dentro de UTA: el Consejo Directivo y el Tribunal de Ética. En esos ámbitos no habría definiciones antes de los 45 días hábiles.De todos modos, lo que allí se juega tiene más que ver con las expectativas personales de Salerno (pueden suspenderlo o hasta expulsarlo del gremio), pero es un hecho que no volverá a conducir UTA Córdoba. Más aún: se espera que en junio UTA nacional reconfirme que la intervención completará el mandato de Salerno, esto es, hasta fines de 2019."UTA es una unión y no una confederación. Tiene que haber elecciones conjuntas en los 24 distritos", aclaró Kiener, descartando casi de plano que se convoque a votar una nueva conducción sólo para los choferes de Córdoba.Los antecedentes mandan: no hubo muchas intervenciones en la historia de UTA, y cuando las hubo, nunca al desplazamiento sobrevino un proceso electoral. Manso y tranquilo Con las expectativas de elecciones internas planchadas por los próximos tres años, la repercusión hacia el interior de las tres empresas del sistema fue lógica: los movimientos internos de delegados, que tuvieron a maltraer a las últimas conducciones de UTA votadas por afiliados, se aplacaron de manera notable.Reina una calma por demás evidente, que hacia afuera se traduce en cierta previsibilidad para los usuarios y también al interior de las empresas. Cada cual grafica a su manera ese proceso."Estamos viendo algo que nunca hubo en Córdoba: un poco de orden. Los conflictos se dirimen en los ámbitos que corresponde según su magnitud, sea con los delegados, con la intervención o con las autoridades nacionales de UTA. Esto da previsibilidad a la relación, y cuando hay diferencias, se agotan las vías de diálogo. Todos sabemos que eso antes no ocurría y fue lo que motivó la intervención", afirmó Daniel Pross, de Autobuses Córdoba.Aunque no hablan en público, desde Coniferal también dejan trascender que "no hay mayores problemas" con los delegados, y que ciertamente parece haberse moderado la prepotencia. "Entramos en un proceso un poco más racional. Antes se creían con derecho a todo", dijo una fuente de la firma.En Ersa, en tanto, hay alguna discordancia. Esa firma tiene una valoración más crítica de la intervención. Si bien reconoce que hay un ordenamiento general, no termina de digerir la reincorporación de los cinco empleados despedidos en el último conflicto.Para Ersa, ese era un punto de inflexión y aspiraba a que esos trabajadores quedaran fuera del sistema. Hubiera sido una señal clara hacia el resto de los tra­bajadores, interpretan desde la empresa.Otros ven en la reincorporación una concesión de los interventores para poder hacer pie en la organización y replantear UTA Córdoba desde adentro.Igualmente, desde esa firma también admiten que bajó el activismo de delegados y que no se ven nuevos liderazgos representativos en las bases. "También se percibe que no hay mucha voluntad de enemistarse con la intervención", agregó una fuente empresaria.