
Terminó la búsqueda para 12 familias de personas asesinadas por la dictadura
Por
Redacción La Voz
La historia de Elena Bustillo es la de un encuentro postergado por casi medio siglo. El 18 de octubre de 1977, cuando su padre, Ramiro Sergio Bustillo, salió hacia una reunión política para no volver jamás, Elena era apenas una promesa de vida: su madre cursaba el segundo mes de embarazo. En la casa familiar quedaba también un bebé de solo cuatro meses, el hermano mayor de Elena, que apenas comenzaba a reconocer el rostro de aquel joven de 27 años, estudiante de Ingeniería y militante del Partido Comunista.
Elena, que hoy es docente y vive en Rosario, pasó sus 47 años de vida armando un rompecabezas de identidad con las piezas que otros le entregaban. Sin embargo, el pasado jueves 12 de marzo, el teléfono sonó y el vacío empezó a llenarse de certezas científicas.
Su hermano le comunicó que el Juzgado Federal de Córdoba y el Equipo Argentino de Antropología Forense (Eaaf) habían identificado a Ramiro entre los restos hallados en Loma del Torito, en cercanías del centro clandestino de detención La Perla.
Con esa noticia en el pecho, Elena viajó durante la madrugada desde Rosario para estar presente en la conferencia oficial, acompañada por sus hijos y su familia, en un viaje que fue mucho más que un trayecto por la ruta: fue el camino final hacia su padre.
–¿Cómo se recibe una noticia de este impacto, siendo que su relación con su padre fue siempre a través de la ausencia?
–Es una vorágine de sentimientos, emociones y pensamientos. Es un montón. Principalmente, lo que puedo reconocer es mucha alegría y felicidad. Felicidad de que mi papá vuelva a su familia, de que haya un pedacito más de verdad. Es un momento en el que se te juega todo. Es empezar a elaborar de una manera aceleradísima algo que recién empieza, porque es como otra parte del duelo que iremos viendo y construyendo con el tiempo.

–La notificación llegó un jueves al mediodía, un día muy simbólico para la memoria en Argentina.
–Sí, y yo agradezco que haya sido ese día porque es el día de la ronda de las Madres. Apenas mi hermano me llamó para decirme que se habían comunicado del juzgado, yo ya supe que era uno de los 12 porque era la noticia que estábamos esperando. Pudimos ir a la ronda a estar con toda la gente de los organismos, de las querellas, con los hijos y nietos, recibiendo esta noticia que es producto de la lucha de todos y todas.
–Usted no llegó a conocer a Ramiro físicamente. ¿Cómo fue esa reconstrucción de su figura a lo largo de los años?
–Mi papá es esta persona que se viene armando de a poquito y que hoy es un poquito más. Sé que era una persona muy seria, muy inteligente y que tenía muchos amigos. Estudiaba Ingeniería Electrónica en la UNC, estaba en quinto año y trabajaba en el Área de Materiales Córdoba, donde empezó como aprendiz y llegó a ser técnico dibujante. Militaba desde los 17 años y el día que lo secuestraron también se llevaron a sus compañeros Oscar Reyes y José Nicolás Brizuela, que también están entre estas 12 personas identificadas.
–En esta llegada a Córdoba para la conferencia, ¿cómo se manifestó el apoyo familiar?
–Vinimos en varios autos desde Rosario. Yo vine con mis dos hijos y mi prima; en otros autos, vinieron mi hermano con mis sobrinos y mis primos. Aunque no todos pudieron estar físicamente hoy, como mis primas que viven afuera, toda la familia está presente acá recibiendo y comunicando esta noticia que es tan importante para todos nosotros.

–A pocos días de un nuevo 24 de marzo, y a 50 años del golpe, ¿cómo resignifica este hallazgo su participación en la marcha?
–Es una confirmación de la lucha. Estar aquí hoy es también agradecer al colectivo de familiares y organismos que son indispensables para esta búsqueda. Esta noticia nos da un pedazo más de verdad para seguir marchando, sabiendo que la memoria no desaparece y que, finalmente, mi papá regresa a casa.