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Política

El PJ y Schiaretti: un cambio de paradigma detrás de la sucesión

El concepto de reparto de poder con el radicalismo quedó archivado desde el doble triunfo de 2019. En 2023, el peronismo buscará consolidar su hegemonía “ampliada”.

17 de marzo de 2022, 00:01
El PJ y Schiaretti: un cambio de paradigma detrás de la sucesión
Cambio. En 2023 concluye un ciclo exitoso. El PJ buscará iniciar otro.

La idea de “poder compartido” que José Manuel de la Sota incorporó y promovió mientras vivió se ha convertido desde las elecciones de 2019 en un concepto viejo para la política cordobesa.

Aquella doble victoria provincial y capitalina de Hacemos por Córdoba inició el proceso de sepultura de esa noción política que el radicalismo también abrazó, mientras veía cómo se revertía diametralmente la hegemonía de poder que representó la seguidilla de gobiernos de Eduardo Angeloz y de Ramón Bautista Mestre.

Gobernar la Capital durante ocho años fue más que un premio consuelo para la UCR. Que el bipartidismo no se termine de romper fue la premisa que primó para limitar el avance de opciones híbridas como el juecismo, primero, y el desaparecido ADN de Tomás Méndez, después.

Desde la llegada de Martín Llaryora al Palacio 6 de Julio –ayudado por la errática estrategia del mestrismo de pegar las elecciones capitalinas con las provinciales–, el peronismo cordobés dejó de creer en el mandamiento delasotista que ordenaba parcelar el poder entre peronistas y radicales.

El intendente Martín Llaryora inauguró el sexto Centro Operativo de Córdoba. (Municipalidad)
El intendente Martín Llaryora inauguró el sexto Centro Operativo de Córdoba. (Municipalidad) (Municipalidad de Córdoba)

Llaryora y la camada de dirigentes que lo acompañan, como así también otros peronistas que incluso compartieron aquella estrategia de De la Sota, observan en la obligatoria sucesión de Juan Schiaretti la oportunidad para consolidar un liderazgo monolítico sin precedentes en la provincia.

Proyectado desde la gestión del municipio más importante de la provincia, Llaryora representa la posibilidad de potenciar esa supremacía peronista inaugurada por De la Sota en 1998 y continuada por Schiaretti hasta la actualidad.

Se trata de un proyecto político amplificado. Superior al actual en el sentido de que incluye un cambio drástico en la manera de pensar el poder: el peronismo tiene todo dado –se lo proporcionó por sus propias acciones y por los yerros de los opositores, en especial del radicalismo– para consolidar un paradigma inédito: todo para sí.

Constructores de su oposición

La controversial victoria provincial de Schiaretti en 2007 representó un susto gigantesco para el peronismo. Desde allí y hasta 2019, el PJ ocupó parte de su tiempo, y también de los recursos disponibles, para moldear la oposición que quería enfrente, e impuso el modelo “la provincia para nosotros, la Capital para los radicales”.

El exintendente Ramón Javier Mestre es hijo de aquella alarma electoral. Todavía muy joven, en 2009, y con colaboración del delasotismo –lo que incluyó jugar a desgano para el candidato peronista Eduardo Mondino–, el radical ganó la senaduría nacional. Ese impulso lo proyectó, en 2011, a la intendencia capitalina.

Del brazo. Después de la reunión, detrás de un Schiaretti sonriente, De la Sota agarró a Mestre del brazo y le prometió acompañamiento. (Facundo Luque / La Voz)
Del brazo. Después de la reunión, detrás de un Schiaretti sonriente, De la Sota agarró a Mestre del brazo y le prometió acompañamiento. (Facundo Luque / La Voz)

Cuatro años después, De la Sota también colaboró para mantener al radicalismo al frente del Palacio 6 de Julio. Distanciado por diferencias maritales de Olga Riutort, su exesposa y socia política, trabajó para que la mujer abandonara el PJ oficial capitalino. En esa elección hubo récord de candidatos, varios de ellos con terminales y conexiones con el exgobernador fallecido. La atomización fue tal que Mestre fue reelegido con el menor porcentaje de votos que se recuerde (32%). Como con Juez, De la Sota temió por la amenaza que representaba para el sistema político Méndez y su nuevo y efímero partido. Siempre, mejor un radical.

Una nueva centralidad

La nueva generación de dirigentes peronistas que desde 2023 comenzará un camino sin la centralidad que representa hoy Schiaretti, ya tiene incorporado el nuevo chip. El año que viene tendrá el doble desafío electoral de afianzar el proceso iniciado en 2019.

En la cabeza de esta dirigencia, la fórmula del poder compartido ya no tiene lugar. ¿Por qué dilapidar la Capital, el bastión recuperado y desde el cual se edificará –creen los peronistas– una nueva victoria provincial en 2023?

En ese razonamiento radica, posiblemente, la seguridad con la que hablan allegados a Schiaretti y el propio intendente Llaryora de que las fechas de las próximas elecciones coincidirán en un mismo día. “Ganar la Capital garantiza ganar la provincia”, reza el nuevo axioma.

A tal grado llega ese convencimiento que hasta la extrema y lejana opción de Schiaretti candidato a la intendencia ha sido un primer aviso aventado subterráneamente por el oficialismo para que tome nota una oposición que se cree con chances reales de recuperar el poder el año próximo.

El peronismo demuestra casi a diario, y con múltiples acciones de gobierno, que para terminar de consolidar su doble supremacía –provincial y capitalina– apelará a la misma dupla exitosa de 2019, al margen del lugar que ocupe Schiaretti.