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El día que los mayores volvemos a la escuela

Un recorrido para ver cómo vivieron la jornada los votantes en las escuelas de Córdoba. Primó el gesto cabizbajo, tras la derrota de la selección.

06 de julio de 2015 a las 12:01 a. m.
El día que los mayores volvemos a la escuela
Todos a votar. La jornada pintó fría y hostil, temprano, por la mañana. Luego salió el sol y comenzaron a llenarse las escuelas. Las colas para votar se repitieron a lo largo de la provincia. Y todos dijeron “presente” (Sergio Cejas/LaVoz).

Si algunos reclamos vienen acompañados de olor a cubiertas ahumadas y las marchas dejan su estela de choripán, las elecciones huelen a garrapiñada. A garrapiñada, algodón de azúcar, cubanitos y otros dulces escolares que el domingo reciben a los votantes. Es curioso, el acto cívico que define la adultez nos lleva de vuelta a la escuela. Para quienes sólo regresamos a esos recintos para votar, ayer el camino para llegar a la mesa fue también la oportunidad de dar un vistazo a lo que hacen hoy los chicos en las aulas. La posibilidad de ver, por ejemplo, que en plena era digital las paredes siguen adornadas por banderas argentinas hechas con cientos de bolitas de papel barrilete celeste y blanco (quién no recuerda esa insólita tarea, más cerca del trabajo hormiga que de las manualidades). O ver que los alumnos de sexto grado empapelan los muros con textos sobre "La riquesa de Brazil" (sic). O, lo que es peor, ver el estado de las aulas y recordar cómo eran los baños de la primaria. Algunas cosas no han cambiado.Mientras caminaba por el pasillo de la escuela en la que me tocó votar, cruzaba los dedos esperando que no hubiera cola. Para imaginar el trabajo de los presidentes de mesa bastaba comparar la devastadora expresión del que estaba a cargo de la multitudinaria mesa que iba "De Flores a Gómez" y la solitaria placidez del que estaba en la que terminaba con "Zurriaga". Aquellos viejos tiempos En las filas se escuchaban charlas como las de una madre que gritaba a su hija "Pero mirá que hay que ser salame" porque la chica se había olvidado el DNI (colmo que en cada votación le debe ocurrir a varios); o la crítica de una docente jubilada, que detrás de unos lentes de sol le contaba a quien pasara y estuviera dispuesto a escucharla que en las épocas en las que ella era presidente de mesa "estas demoras no pasaban". Lo mismo opinaba otra docente, también jubilada. Mientras iba de un lado a otro de la escuela Monjas Azules con un caniche a cuestas que tenía un pullover más abrigado que el de ella (Penélope es el nombre de la perra, que no votó), la mujer decía por lo bajo que en sus épocas la tarea de ser presidente de mesa o fiscal era una responsabilidad. "Ahora todo es por la plata", se lamentaba. De eso no se habla Si una sensación teñía los ánimos de la mañana de ayer, era el gesto cabizbajo tras la derrota de Argentina en la final de la Copa América. "No quiero hablar de eso", me respondió un hombre en la puerta del instituto Jóvenes Argentinos, dispuesto incluso a contar a quién había votado con tal de no tocar la herida futbolística. En el mismo lugar, Rodolfo, un señor que ya había cumplido con su cometido cívico y se disponía a ir a almorzar en familia, aseguraba que con su mujer se cuentan todo, excepto a quién vota cada uno, único secreto de alcoba. A las 12 del mediodía, el parque Sarmiento se veía despejado y vacío como una escena de la serie The walking dead , con apenas algunos corredores dispersos. Allí, en el puesto de El Dante, Liliana y Mara encendían el fuego para empezar a despachar choripanes, aunque no se veían muchos interesados. A esa hora, los frascos de pickles y aderezos probablemente estaban más llenos que las urnas.

1.163 escuelas

En toda la provincia de Córdoba fueron las anfitrionas de los dos millones de votantes cordobeses que ayer cumplieron con su obligación cívica.