El Congreso decidió el umbral de su autoridad
Cada diputado votó con su rostro y apellido. Y el parlamento en su conjunto eligió el piso de su honorabilidad. El kirchnerismo y la izquierda lograron salvar a De Vido
Con la votación sobre la expulsión del legislador Julio De Vido, la Cámara de Diputados de la Nación decidió ayer algo más profundo: el umbral mínimo de su autoridad moral.
Atendiendo a los resultados, los diputados resolvieron que ese piso ético está todavía por debajo de la conducta pública del exministro investigado por la Justicia en más de un centenar de causas y procesado en varias de ellas.
PRIMER PLANO. El kirchnerismo y la izquierda lograron salvar a De Vido
De Vido pudo haberles evitado a sus pares el escarnio de exhibirse ayer en el subsuelo de la consideración pública. Lo hubiese logrado con el simple recurso de despojarse voluntariamente de sus fueros. Para que los jueces actúen sin el impedimento de los privilegios que la soberanía popular le otorgó, no para esconderse de los jueces, sino para representar libremente el interés social.
Puede sostenerse, y con razón, que en un contexto de campaña las distintas fuerzas políticas extreman sus discursos para acrecentar su caudal electoral y que esa tensión competitiva contaminó ayer el debate parlamentario.
No es menos cierto que el mecanismo constitucional de expulsión de un legislador es intrínsecamente un procedimiento de naturaleza política. En cualquier momento que se hubiese registrado el debate, esa tensión hubiera estado asegurada. Por eso le dedicamos el informe principal de nuestra edición de hoy.
Cada diputado votó anoche con su rostro y apellido. Ha quedado registrado quién protegió al exministro y quién le exigió una conducta condigna con la honorabilidad que merece el Parlamento.
El resultado fue insuficiente.
La sociedad civil puede lamentarse porque el umbral de autoridad del Congreso haya caído tan bajo. Pero es un dato de la realidad con el que deberá arreglarse del único modo posible: en las urnas, en el momento del voto.
El mejor modo de evitar que la calidad de los miembros del Congreso nacional se arrastre en alguna catacumba ruinosa es no votar a los peores.

