Economía. Dólar, ¿terminó la calma o se consolida en un nuevo piso?

La cotización avanzó cerca del 5%, por encima de la inflación mensual esperada. El Banco Central sostiene que el sistema cuenta con herramientas para administrar la volatilidad. Qué dicen los economistas.

28 de junio de 2026 a las 05:47 p. m.
Dólar, ¿terminó la calma o se consolida en un nuevo piso?
El dólar oficial aumentó el 5% en junio y encendió luces de alerta e intervención oficial.

Después de varios meses en los que el tipo de cambio se movió apenas algunos centavos por día, junio marcó un punto de inflexión. La cotización oficial acumuló una suba cercana al 5%, un ritmo superior al de una inflación que ronda el 2% mensual y que el Gobierno considera uno de sus principales logros económicos.

El movimiento no alcanzó para encender luces rojas, pero sí instaló una "alarma amarilla" entre economistas y operadores financieros, acostumbrados a un mercado cambiario mucho más tranquilo desde la salida parcial del cepo.

La pregunta comenzó a repetirse en bancos, empresas y mesas de dinero: ¿se trata simplemente de una corrección lógica luego de varios meses de atraso relativo o es el comienzo de una etapa de mayor volatilidad?

La respuesta todavía no es definitiva pero existen fundamentos suficientes para descartar, al menos por ahora, un escenario similar al de las grandes corridas cambiarias que marcaron la historia económica argentina.

Desde el Banco Central insisten en que el contexto actual presenta diferencias sustanciales respecto de crisis anteriores. El vicepresidente de la entidad, Vladimir Werning, recordó el miércoles en Córdoba que uno de los momentos de mayor tensión para el programa económico se produjo inmediatamente después del levantamiento parcial del cepo y antes de las elecciones legislativas.

El vicepresidente del Banco Central Vladimir Werning estuvo el miércoles en Córdoba y habló del dólar.
El vicepresidente del Banco Central Vladimir Werning estuvo el miércoles en Córdoba y habló del dólar. (Gentileza)

En ese momento, el mercado demandó cerca de U$S 50.000 millones para dolarizar carteras. La cifra incluso superó ampliamente los aproximadamente U$S 30.000 millones adquiridos por el mercado durante la crisis cambiaria de 2018. Sin embargo, el sistema logró absorber esa presión sin desestabilizarse.

Según Werning, ese episodio terminó convirtiéndose en una prueba de resistencia para el nuevo esquema cambiario. "Lo peor que imaginábamos era repetir 2018. Sin embargo, la demanda terminó siendo mucho mayor y el mercado funcionó", explicó durante su exposición.

Reservas y futuros

El directivo señaló que el objetivo inicial de acumular reservas no era solamente fortalecer el balance de la autoridad monetaria, sino también transmitir al mercado la certeza de que existían dólares suficientes para enfrentar episodios de tensión.

La idea era sencilla: cuando el tipo de cambio se acercara al límite superior de la banda cambiaria, los operadores supieran que el Banco Central disponía de poder de fuego suficiente para aportar liquidez y desalentar comportamientos de pánico.

Sin embargo, el propio mercado comenzó a interpretar de otra manera las primeras intervenciones oficiales. Según relató el funcionario, cada venta de reservas alimentaba nuevos cálculos sobre cuánto tiempo podrían sostenerse esas operaciones antes de agotar los recursos disponibles, incluso considerando los desembolsos provenientes del Fondo Monetario Internacional.

Fue entonces cuando el equipo económico modificó su estrategia. Luego de vender alrededor de U$S 1.000 millones, el Banco Central comenzó a utilizar con mayor intensidad el mercado de futuros.

Werning aseguró que esa intervención fue deliberadamente agresiva y, a diferencia de otros episodios de la historia argentina, terminó generando resultados positivos para la autoridad monetaria. Paralelamente se reforzó la estrategia financiera mediante instrumentos destinados a fortalecer la confianza del mercado y reducir la presión sobre las reservas internacionales.

Otro dato que dejó el vicepresidente del Banco Central en Córdoba pasó por el comportamiento de los propios ahorristas. A diferencia de 2018, quienes compraron dólares no retiraron masivamente los fondos del sistema financiero ni los enviaron al exterior. Por el contrario, buena parte de esas divisas permanecieron depositadas en bancos argentinos.

Actualmente, el sistema financiero administra unos U$S 42.000 millones en depósitos en moneda extranjera y mantiene préstamos por alrededor de U$S 22.000 millones, dejando cerca de U$S 20.000 millones disponibles dentro del propio sistema. Para Werning, esa permanencia de los depósitos constituye uno de los principales indicadores de confianza alcanzados por el nuevo régimen monetario.

Las dudas del mercado

Más allá del diagnóstico oficial, los economistas reconocen que junio combinó varios factores capaces de explicar la presión cambiaria sin necesidad de recurrir a escenarios de crisis.

Para el presidente del Iaraf, Nadin Argañaraz, el dólar continúa siendo el precio más importante de la economía argentina porque determina la competitividad internacional de prácticamente todos los bienes y servicios exportables.

“Históricamente –recordó– uno de los mayores problemas del país fue mantener atrasado el tipo de cambio durante largos períodos para luego corregirlo mediante fuertes saltos que terminaban acelerando la inflación”, indicó a La Voz.

En esta oportunidad el contexto resulta diferente. Argañaraz señala que el actual esquema de bandas cambiarias “permite que la cotización fluctúe dentro de determinados límites y que buena parte del movimiento reciente responde a la estacionalidad propia del mercado”. “A medida que disminuye la liquidación de exportaciones agrícolas, la oferta de divisas pierde intensidad mientras la demanda privada continúa activa”, apuntó.

Sin embargo, Argañaraz sostiene que la verdadera discusión va mucho más allá del comportamiento de junio. El interrogante central consiste en “determinar si la economía argentina está modificando estructuralmente su capacidad para generar dólares”.

“La cuestión relevante hoy es si el cambio de matriz productiva genera un cambio de la oferta de dólares por mayores exportaciones y, de manera relacionada, si el Tesoro vuelve a los mercados voluntarios de crédito para renovar su deuda. De esta forma, esa demanda dejaría de estar y eso impactaría en el grado de escasez del dólar”, subrayó.

El cambio de estructura económica “puede generar una oferta mayor de dólares, siendo necesario que la productividad aumentumente y más que compense la suba de costos que eso puede generar”, entendió Argañaraz.

El segundo semestre

El economista Alfredo Blanco también descarta sobresaltos inmediatos, aunque advierte que la segunda mitad del año “podría presentar un escenario más exigente”.

Entre los factores que identifica aparecen “la menor estacionalidad de las exportaciones agropecuarias, un contexto internacional más volátil con fortalecimiento del dólar y las tensiones políticas internas derivadas tanto de la dinámica del propio oficialismo como de los sectores que sienten el impacto del programa económico”, puntualizó.

Blanco considera que el desempeño del primer semestre estuvo favorecido por una combinación de buena cosecha, recuperación del sector energético y mayor ingreso de divisas comerciales.

No obstante, entiende que el Banco Central “comenzó a intervenir nuevamente en el mercado de futuros porque reconoce que determinados sectores productivos enfrentan dificultades crecientes con el actual nivel del tipo de cambio”.

Nancy Villarruel, economista especializada en finanzas, aporta otra explicación para el movimiento de junio. A su juicio, una parte de la demanda respondió al vencimiento del bono dólar linked TZV26, cuyo valor de cancelación depende de la cotización oficial registrada pocos días antes del pago. “En esos instrumentos suele observarse un incentivo adicional para impulsar transitoriamente el precio del dólar”, dijo.

Pero considera aún más importante otro fenómeno: la autorización otorgada por el Banco Central para que empresas con balances cerrados en 2025 comiencen a girar dividendos a accionistas no residentes. “Ese cambio regulatorio incrementó la demanda de divisas por parte de compañías que obtuvieron importantes ganancias durante el último ejercicio y comenzaron a remitir utilidades al exterior”, expuso.

Villarruel interpreta que el avance cercano al 5% registrado durante junio “no sólo no resulta preocupante, sino que incluso constituye un ajuste saludable luego de varios meses de fuerte estabilidad cambiaria”. En su opinión, “el mercado mantiene la confianza porque el Gobierno tiene prácticamente cubiertos los vencimientos financieros de este año y dispone de herramientas para afrontar los compromisos de 2027”, enumeró.

La incógnita aparece más adelante. Si durante 2026 surgiera un episodio importante de desconfianza asociado al calendario electoral, el desafío volvería a concentrarse en la capacidad oficial para sostener la demanda de dólares sin comprometer las reservas. Esa será, probablemente, la verdadera prueba para un esquema cambiario.