Elecciones. Dellarossa renunció a Bancor y confirmó que será candidato en Marcos Juárez

Con una carta al gobernador Llaryora, confirmó que buscará volver a administrar su ciudad natal. No definió bajo qué sello lo hará. Cómo está el panorama de cara a la votación más relevante de Córdoba en 2026.

04 de mayo de 2026 a las 11:15 a. m.
Redacción La Voz
Dellarossa renunció a Bancor y confirmó que será candidato en Marcos Juárez
Pedro Dellarossa y Martín Llaryora.

Pedro Dellarossa formalizó su salida del directorio del Banco de Córdoba y confirmó que será candidato a intendente de Marcos Juárez en las elecciones del 6 de septiembre. La decisión quedó plasmada en una carta dirigida al gobernador Martín Llaryora, en la que presentó su renuncia al cargo de vicepresidente de la entidad bancaria a partir del 30 de abril.

En paralelo, el dirigente difundió un mensaje en redes sociales en el que explicitó el giro político. “Dejo mi lugar como vicepresidente del Banco de Córdoba para asumir un nuevo desafío: volver a comprometerme con Marcos Juárez. Esta ciudad es mi casa. Con la experiencia de lo hecho, quiero volver a administrarla. Este camino no es personal, es juntos”, escribió.

En la carta de renuncia, de tono institucional, Dellarossa agradeció la confianza del gobernador y repasó su paso por la gestión provincial. Mencionó además su rol previo como ministro de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica y destacó que su trabajo estuvo orientado al desarrollo productivo y al fortalecimiento institucional.

También subrayó la construcción de acuerdos políticos por "encima de las diferencias partidarias", una línea que funcionó como marca de su integración al cordobesismo.

El argumento central de su salida es político y territorial. Señala que su decisión responde a la voluntad de asumir “un nuevo compromiso” para representar nuevamente a los vecinos de Marcos Juárez. En ese punto, introduce el dato clave: la competencia electoral del 6 de septiembre exige “plena dedicación y presencia en el territorio”.

Escenario en Marcos Juárez

El movimiento reordena el escenario en una ciudad que, aunque tiene menos de 20 mil electores, funciona como laboratorio político provincial. Marcos Juárez será la primera elección ejecutiva relevante del calendario cordobés y su resultado tendrá lectura en clave 2027. La oposición, con eje en La Libertad Avanza, busca convertir ese turno en un punto de partida.

El oficialismo provincial, en cambio, necesita evitar una señal de debilidad en un distrito simbólico: esto es, que no haya una victoria de La Libertad Avanza. No obstante, no es seguro que Llaryora tenga un candidato propio en la elección, y tampoco que Dellarossa compita con el sello de Hacemos Unidos por Córdoba o de Provincias Unidas, los sellos asociados al peronismo cordobés.

Dellarossa vuelve al lugar donde construyó su capital político. Fue intendente durante dos períodos y definió a su sucesora, Sara Majorel, en 2022. Aquella elección terminó con una victoria amplia del oficialismo local. Sin embargo, el escenario actual es mucho más fragmentado.

La propia Majorel busca la reelección, con la expectativa de contar con el respaldo de La Libertad Avanza, espacio que en la ciudad mostró una performance electoral contundente en las presidenciales.

Ese dato condiciona toda la competencia. En los comicios nacionales, el espacio que llevó a Javier Milei obtuvo cerca del 48% de los votos en Marcos Juárez, muy por encima del peronismo. Esa ventaja potencial convierte al sello libertario en un activo decisivo. Pero la definición del candidato no está cerrada. La lógica interna del espacio es vertical: las decisiones se toman en Buenos Aires. En ese esquema, la prioridad es “cuidar la marca”, incluso por encima de los acuerdos locales.

En ese contexto, la candidatura de Dellarossa introduce una variable disruptiva, aunque no está claro aún con qué sello competirá. Tiene afiliación al PRO, pero su recorrido reciente lo vincula al oficialismo provincial. Esa ambivalencia es, al mismo tiempo, un activo y un problema. Le permite dialogar con distintos espacios, pero también lo expone a cuestionamientos por su zigzag político.

El PRO, de hecho, es otra incógnita. El partido atraviesa tensiones internas y debe definir su conducción. Dellarossa mantiene interés en ese sello, aunque su relación con la estructura partidaria es conflictiva desde la ruptura de 2023, cuando se apartó del armado opositor y se integró al gobierno provincial. Ese antecedente pesa en cualquier negociación.

Mientras tanto, en el oficialismo local y provincial también se abren interrogantes. Si Dellarossa no compite bajo el paraguas del cordobesismo, el espacio deberá redefinir su estrategia en la ciudad. Aparecen nombres alternativos, como el de Germán Font –que está siendo medido en encuestas– pero ninguno tiene el nivel de conocimiento ni capacidad electoral del exintendente.

En el plano estrictamente local, la campaña tendrá un componente personal fuerte. Dellarossa conserva un vínculo directo con el electorado. Su estilo de trabajo territorial, basado en recorridas casa por casa, fue determinante en elecciones anteriores. Si repite esa lógica, el eje de la campaña será la gestión municipal actual. Eso implica un contraste directo con Majorel, a quien él mismo promovió.

Del otro lado, el vecinalismo presenta una candidatura consolidada. Verónica Crescente ya confirmó que competirá con la tradicional lista 111, una estructura con historia en la ciudad. Su posicionamiento no depende de acuerdos externos, lo que le otorga autonomía en un escenario fragmentado.

El calendario electoral agrega presión. El cierre de alianzas está previsto para el 8 de julio. Un mes después se oficializarán las candidaturas. Hasta entonces, las definiciones serán intensas y, probablemente, cambiantes. En ese lapso se resolverá si Dellarossa compite con un sello partidario claro o con una construcción más flexible.