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La creciente soledad del "delegado de la Rosada"

19 de diciembre de 2018 a las 12:01 a. m.
La creciente soledad del "delegado de la Rosada"

El fallo que adoptó ayer la mayoría de la Corte Suprema de Justicia sobre la actualización de los haberes jubilatorios supone un duro revés político para el Gobierno y en particular para el presidente del máximo tribunal, Carlos Rosenkrantz.

El “delegado” de la Casa Rosada en la Corte, como lo llaman en los pasillos del cuarto piso del Palacio de los Tribunales porteño, volvió a quedar ayer a la intemperie y en evidencia con su postura, la única, que avaló la posición del Gobierno en el caso Blanco.

Hasta la vicepresidenta Elena Highton de Nolasco, cuyo voto era incierto en las horas previas, terminó por sumarse al trío de Ricardo Lorenzetti, Juan Carlos Maqueda y Horacio Rosatti. Dicen en Tribunales que lo hizo como una expresión de rechazo a la presión que habría supuesto la presencia en su vocalía la tarde del lunes del ministro de Justicia, Germán Garavano.

Ese cuarto voto, en una sentencia de alto voltaje político, sirvió, además, para refutar a los operadores judiciales del Gobierno, que ante cada fallo adverso a la Rosada insisten en que aquel terminó por conformar una “mayoría automática peronista”.

Lo cierto es que el revés político se insinuó desde que Rosenkrantz, y el Gobierno con él, cayeron en la creencia de que la mayoría que permitió desplazar a Lorenzetti a fines de septiembre iba a ser permanente ante cada fallo. Y, con ello, que “el delegado” iba a inaugurar una nueva era de “mayoría automática” alineada con el Gobierno. “Las decisiones en la Corte se horizontalizaron”, dicen sus detractores.

Pero cuando se sospechaba que ese podría llegar a ser el rumbo, el trío en cuestión se plantó con una decisión inédita: obligó a una agenda pública de temas por resolver, contrariamente a los deseos del Ejecutivo. La votación en dos de ellos dejó a Rosenkrantz en evidencia: además del de ayer, el del “2 x 1” para responsables de delitos de lesa humanidad.

Desde ayer, Rosenkrantz quedó en soledad a poco más de dos meses y medio de haber llegado a la presidencia de la Corte. Si ha sido así se debió, antes que a aciertos del trío, a errores propios (nombramientos en cargos principales de la Corte) y del mismo Gobierno (el almuerzo en la Rosada en vísperas de fallos clave).

Para coronar el aislamiento, ayer mismo el trío le asestó un golpe duro al bolsillo: le achicó a Rosenkrantz las atribuciones para decidir sobre cuestiones presupuestarias y administrativas: ahora tendrá que hacerlo con el voto de al menos uno de los dos jueces.