La irrupción de plataformas de transporte como Uber y Didi abrió una nueva discusión en los organismos estadísticos: cómo reflejar en la medición de la inflación consumos que ganaron espacio en la vida cotidiana y que no existían cuando se diseñaron las canastas de referencia.
En Córdoba, ese análisis ya está en marcha. La Dirección General de Estadística y Censos estudia el impacto de estas aplicaciones sobre los hábitos de movilidad de los hogares y evalúa las alternativas metodológicas utilizadas en otros países para determinar si podrían incorporarse, y cómo hacerlo, al Índice de Precios al Consumidor (IPC-Cba).
La discusión se da justo cuando desde diciembre del año pasado, la Provincia comenzó a medir la inflación con una nueva estructura de consumo basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/2018, reemplazando la canasta construida con información de 2004/2005.
La decisión contrasta con lo ocurrido a nivel nacional. El Indec había avanzado en una actualización similar, incluso lo anunció oficialmente para aplicar los cambios desde enero, pero el Ministerio de Economía decidió frenar su implementación. Fue una decisión política del titular del Palacio de Hacienda, Luis Caputo, ante la posibilidad que la nueva canasta generara valores más elevados de inflación.
La postergación sin fecha derivó en la salida de Marco Lavagna del organismo que, por ahora, seguirá calculando la inflación nacional con una estructura de consumo que refleja hábitos de hace más de dos décadas.
En ese momento, desde la Dirección de Estadística y Censos explicaron que la actualización era necesaria para reflejar de manera más precisa cómo consumen hoy las familias cordobesas. Ya habían aplicado la nueva canasta desde un mes antes y no podían dar marcha atrás.
Cambios
La nueva metodología amplió el relevamiento a 464 productos y servicios distribuidos en 493 variedades, frente a los 430 artículos que integraban la estructura anterior.
Entre los cambios más visibles aparece el crecimiento de la categoría Información y Comunicación, impulsada por la incorporación de servicios de streaming como Netflix, Spotify y otras plataformas digitales. Al mismo tiempo, cayó la importancia relativa de la telefonía fija.
También desaparecieron productos sin relevancia en la vida cotidiana, como los CD y DVD.
La actualización alcanzó además a los alimentos. La nueva canasta incorporó variedades que no se contemplaban, entre ellas, distintos cortes de carne de cerdo, cuyo consumo creció notablemente en los últimos años, y productos congelados, como las milanesas de soja.
Otro de los cambios que refleja transformaciones culturales y sociales es la incorporación de servicios para mascotas. Gastos como atención veterinaria o peluquería canina no tenían presencia en la estructura anterior y ahora forman parte del seguimiento mensual de precios.
La misma lógica explica la inclusión de nuevas variedades dentro de productos básicos, como harina 000 y harina leudante, que permiten captar con mayor precisión los consumos efectivos de los hogares.
La actualización también modificó las ponderaciones de los distintos rubros. Alimentos y bebidas no alcohólicas redujeron su participación dentro del índice, pasando de 25,3% a 21,6%. En cambio, crecieron los servicios regulados, como electricidad, gas y agua, cuya incidencia pasó de 20,5% a 24,9%.
Una nueva matriz de transporte
En transporte, aumentó la importancia relativa de los servicios interurbanos, reflejando cambios en la movilidad de los hogares respecto de principios de los años 2000.
La eventual incorporación de aplicaciones es uno de los temas que están bajo análisis. Actualmente, el índice releva tarifas de taxis, remises y transporte urbano e interurbano de pasajeros.
Los técnicos estudian cómo medir el fenómeno de las plataformas digitales, como Uber, Cabify o Didi, qué metodologías se utilizan en otros países y cuáles son las recomendaciones internacionales.
Una de las cuestiones centrales es determinar si estos servicios representan un consumo extra o una sustitución de opciones que ya existen, un aspecto clave para evitar sesgos estadísticos. Si hay un reemplazo, podrían incorporarse de manera directa.
Lo cierto es que estas plataformas están modificando de raíz la oferta y la demanda de transporte urbano en las principales ciudades del país, incluida Córdoba. Su expansión alteró los hábitos de movilidad de una parte de la población y generó una competencia directa con servicios tradicionales, que son los que actualmente forman parte de la medición oficial.
Sin sorpresas
Durante los primeros seis meses de aplicación de la nueva metodología, la evolución del IPC-Cba mostró mínimas diferencias respecto de la medición nacional para la región Pampeana, que continúa utilizando la estructura de 2004/2005.
Entre diciembre de 2025 y mayo de 2026 (sin contar junio, que se conocerá este martes), la inflación acumulada en Córdoba fue de 14,95%. En el mismo período, el índice nacional registró una variación de 15,80%.
Las diferencias mensuales también fueron reducidas. Córdoba registró aumentos de 3% en diciembre, 2,4% en enero, 2,6% en febrero, 3,2% en marzo, 2,9% en abril y 1,9% en mayo. La serie nacional para la región mostró variaciones de 2,8%, 2,9%, 2,9%, 3,4%, 2,6% y 2,1%, respectivamente.
Según explicaron desde el organismo provincial, este comportamiento era metodológicamente esperable y coincide con la experiencia observada en otras jurisdicciones que actualizaron sus canastas de consumo, entre ellas la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que lo hizo en 2022.
Mensualmente, la Provincia releva alrededor de 20.000 precios en más de 1.500 establecimientos de la ciudad de Córdoba. El operativo incluye supermercados, carnicerías, verdulerías, despensas, veterinarias, empresas de servicios, establecimientos educativos y hogares inquilinos.

