Indec. Por la desaceleración de la inflación, fuerte baja del índice de pobreza
El indicador cayó al 23,2% en el Gran Córdoba y al 28,2% a nivel país, con una baja de hasta 10 puntos interanual. Celebraron Milei, Caputo, Adorni, Sturzenegger y Pettovello.
En el Gran Córdoba, 374.530 personas se encuentran por debajo de la línea de pobreza y, de ese conjunto, 69.830 no alcanzan a cubrir la canasta básica alimentaria.
En términos proporcionales, la pobreza afecta al 23,2% de la población y, la indigencia, al 4,3%.
Los datos, que corresponden al segundo semestre de 2025, muestran una muy fuerte mejora respecto del mismo período del año anterior. En efecto, en el ya lejano segundo semestre de 2024, la pobreza alcanzaba al 35,5% (12 puntos más) de los habitantes del aglomerado (unas 569.654 personas). Mientras que la indigencia llegaba al 8,6%, con 138.199 personas en esa situación.
La notable caída se explica especialmente por la caída del índice de inflación entre el periodo junio-diciembre de 2024 y el mismo segmento de 2025. En el primero, el IPC nacional promedió el 197% y, en la segunda parte del año pasado, 32,7%.
Más allá de esto, los datos del Indec son contundentes: desde la normalización del índice en 2016, el 23,2% de pobres registrado en el Gran Córdoba es el más bajo de la serie.
El valor más cercano para un segundo semestre había sido el 34,2% de pobres entre junio y diciembre de 2017. Y el piso de los últimos 10 años era, hasta ahora, el 30,3% del primer semestre de 2018.
En el país
A nivel nacional, los números de la Encuesta Permanente de Hogares dicen que en la Argentina urbana (los 31 aglomerados más grandes) hay 8,4 millones de pobres (28,2%), dentro de los cuales hay 1,9 millones de indigentes (6,3%). Siempre al segundo semestre del año pasado.
Al igual que en Córdoba, es un notable descenso de 10 puntos del índice respecto del segundo semestre de 2024.
La cantidad de pobres en Argentina, si se proyectan los datos del Indec a la población de todo el país, asciende a 13,5 millones, el valor más bajo desde 2018. Un año antes, se contaban poco más de 18 millones de personas debajo de la línea de pobreza. El máximo, 25 millones, en el primer segmento de 2024.
La indigencia, en tanto, alcanzaba a finales del año pasado a 1,8 millones de personas.
Esto implica que en el último año, unas 4,5 millones de personas dejaron de ser pobres y 870 mil abandonaron la indigencia.
Si se compara con el segundo semestre de 2023 (último de la gestión de Alberto Fernández) hay 6,2 millones de pobres menos y 2,5 millones de indigentes menos.
Hay que aclarar que la extrapolación de la Argentina urbana al total es una proyección de baja precisión ya que no contempla que las condiciones de vida de la población de las grandes urbes es diferente al escenario en entornos rurales.
Explicaciones
Como está dicho, la principal explicación de la caída de la pobreza es estadística: la desaceleración de la inflación. Así como el indicador de las condiciones de vida se disparó cuando los precios treparon más del 20% mensual cuando Javier Milei asumió en la Casa Rosada y se produjo la devaluación, ahora, con un IPC por debajo del 3%, el efecto opera en sentido inverso.
Es que la medición de la pobreza en la Argentina es básicamente una resta entre ingresos y gastos. Si el resultado de los ingresos es más bajo que la canasta, las familias son pobres.
El último dato disponible del Indec, de febrero de este año, marcó un piso de ingresos de $ 1.397.672 para que un hogar no caiga en la pobreza y de $ 644.088 para no ser indigente. La medición publicada ahora usó valores promedio del segundo semestre de 2025.
En contextos de alta inflación, los ingresos (especialmente en los sectores informales) quedan rezagados frente a los precios, lo que empuja a más hogares por debajo de esas líneas.
Cuando la suba de precios se modera, en cambio, los ingresos pierden menos poder adquisitivo o incluso se recuperan, lo que permite que parte de la población vuelva a ubicarse encima del umbral de pobreza.
Esto vuelve a exponer lo que los especialistas (lo dice incluso un informe del año pasado del Banco Mundial) piden hace años: que no sólo se mida cotejando ingresos versus gastos, sino que se incluyan variables multidimensionales.
El problema es que la medición basada sólo en ingresos no refleja completamente las condiciones de vida de las personas. Variables como el acceso a servicios básicos, la calidad de la vivienda, la educación o la salud quedan fuera del indicador.
Además, muchos hogares se ubican cerca de la línea de pobreza y entran y salen de esa condición según variaciones de precios o ingresos, lo que expone la fragilidad de una parte importante de la población.
Festejos
Como era esperable, el Gobierno nacional celebró el dato. “La pobreza cayó al 28,2% en el segundo semestre del 2025, es el registro más bajo de los últimos siete años. Fin”, escribió Manuel Adorni, el por estos días muy cuestionado jefe de Gabinete.
Algo parecido dijo el ministro de Economía, Luis Caputo. Agregando que “respecto al segundo semestre de 2024, la incidencia de la pobreza y de la indigencia se redujo 9,9 y 1,9 puntos”. “La fuerte baja en la pobreza y la indigencia se sustentan en el crecimiento económico, el proceso de desinflación y el refuerzo en los programas sociales sin intermediarios desde el inició de la gestión”, agregó.
Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, citó un posteo celebratorio de la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, diciendo: “Inflación en baja, economía en crecimiento, ayuda social más inteligente; lo que debería haber sido siempre”.
A todos, los reposteó Milei.
Lo que viene
Un dato que refleja la fragilidad del indicador es la evolución reciente de ingresos y canastas. La mejora del año pasado se centra en que el ingreso total familiar promedio aumentó 18,3% y las canastas básicas subieron menos: 11,9% en el caso de la alimentaria y 11,3% en la total.
Sin embargo, en los últimos meses comenzó a observarse una tendencia inversa. Desde noviembre, tanto la canasta alimentaria como la total crecen por encima de la inflación general.
Incluso en enero llegaron a duplicar el aumento del IPC y a ubicarse por sobre la suba de los salarios registrados, que avanzaron en torno al 2%, lo que vuelve a presionar sobre los niveles de pobreza.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó este martes que la pobreza del segundo semestre de 2025 fue del 28,2%, lo que significa - extrapolado- unas 13,1 millones de personas en el país.
Se trata de una baja de 3,4 puntos porcentuales con relación a la medición del primer semestre del año pasado (31,6%). Traducido nominalmente, y siempre extrapolando los datos, significa que unas 1,9 millones personas dejaron de ser pobres en los últimos seis meses del año pasado.
Es, además, el porcentaje más bajo de la gestión de Javier Milei, que tuvo su pico en la primera parte de 2024 cuando alcanzó el 52,9%.Y es la medición más baja de los últimos siete años.
Menos pobreza, pero con fuerte núcleo estructural
El informe oficial precisa que, en términos de hogares, el 21% se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Eso equivale a poco más de 2,1 millones de hogares en los 31 aglomerados urbanos relevados.
Dentro de ese universo, la indigencia alcanza al 4,8% de los hogares y al 6,3% de las personas, lo que implica cerca de 1,9 millones de personas que no logran cubrir siquiera la canasta básica alimentaria.
La mejora semestral se explica por una dinámica concreta. Los ingresos crecieron por encima del costo de las canastas básicas. Según el Indec, el ingreso total familiar aumentó 18,3%, mientras que la canasta básica total subió 11,3% y la alimentaria 11,9%.
Esa relación permitió reducir la incidencia de la pobreza sin una expansión significativa del empleo o cambios estructurales en la distribución del ingreso. Es un dato clave para leer la tendencia.
Aun así, el informe deja en evidencia la persistencia de un núcleo duro. La brecha de pobreza, que mide cuánto le falta en promedio a un hogar pobre para salir de esa condición, se ubicó en 35,7%.
En términos concretos, el ingreso promedio de los hogares pobres fue de $ 783.493, mientras que la canasta básica total que deberían cubrir alcanzó $ 1.219.130. La diferencia supera los $435.000 mensuales.
La segmentación por edades muestra otra capa del problema. El 41,3% de los chicos de hasta 14 años vive en hogares pobres, una proporción muy superior al promedio general.
Entre los jóvenes de 15 a 29 años la pobreza alcanza al 32,6%, mientras que en la población de 30 a 64 años baja al 24,6%. En los mayores de 65 años cae al 9,7%, reflejando el efecto amortiguador del sistema previsional.
Desigualdad territorial y diferencias regionales
El mapa de la pobreza sigue mostrando diferencias marcadas según región. El Noreste encabeza los niveles más altos con 32,7% de pobreza en personas, seguido por Cuyo con 32,3%. En el otro extremo, la Patagonia registra el menor nivel con 25,4%.

La región Pampeana, donde se ubican los principales centros urbanos del país, muestra una incidencia del 26,2%, por debajo del promedio nacional.
En el Gran Buenos Aires, la pobreza alcanza al 28,3% de las personas, pero con una fuerte heterogeneidad interna. En la Ciudad de Buenos Aires el indicador cae a un dígito, mientras que en el conurbano supera el 32%.
Otra diferencia relevante aparece según tamaño de aglomerado. En las ciudades de más de 500.000 habitantes la pobreza bajó 3,6 puntos porcentuales respecto del semestre anterior, mientras que en las más pequeñas la reducción fue de 2,3 puntos.
Esto sugiere que la recuperación de ingresos tuvo mayor impacto en los grandes centros urbanos, donde la dinámica económica es más intensa y la indexación de ingresos suele ser más rápida.






