Encuesta. La confianza en Milei profundiza la brecha entre el interior y el Gran Buenos Aires

El Índice de Confianza en el Gobierno, medido por la Universidad Di Tella, cayó por quinto mes consecutivo y mostró otra vez una diferencia marcada entre el respaldo del interior y el rechazo creciente en el conurbano. Córdoba y otras provincias sostienen niveles de apoyo más altos que el Amba.

26 de mayo de 2026 a las 11:58 a. m.
La confianza en Milei profundiza la brecha entre el interior y el Gran Buenos Aires
Javier Milei.

La caída de la confianza en el gobierno de Javier Milei ya no se distribuye de manera uniforme. El desgaste avanza más rápido en el Gran Buenos Aires que en el interior del país y empieza a dibujar una fractura política distinta a la tradicional grieta entre kirchnerismo y antikirchnerismo. Lo que muestran los datos es otra cosa. Una diferencia territorial sobre cómo se vive, se interpreta y se tolera el ajuste.

El nuevo Índice de Confianza en el Gobierno elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella volvió a registrar en mayo una caída mensual y confirmó cinco descensos consecutivos en 2026. El indicador nacional quedó en 1,99 puntos sobre cinco, con una baja de 1,6% respecto de abril y de 18,7% en comparación con el mismo mes del año pasado.

Sin embargo, el dato más relevante aparece cuando se desarma el promedio nacional. En el interior del país, el ICG alcanzó 2,17 puntos, en la Ciudad de Buenos Aires llegó a 1,91 y en en el Gran Buenos Aires descendió hasta 1,65.

Traducido a porcentajes, hablamos de un 43,4% de apoyo en el interior contra un 38,2% en el GBA.

La distancia empieza a adquirir espesor político. El Gobierno encuentra en las provincias una reserva de legitimidad que va perdiendo en los grandes cordones urbanos bonaerenses. El fenómeno tiene implicancias económicas, culturales y sociales.

En el interior, el ajuste todavía convive con una expectativa de estabilidad futura. En el conurbano, donde el deterioro de ingresos golpea sobre sectores más dependientes del consumo y de la asistencia estatal, el respaldo aparece mucho más erosionado. La inflación bajó respecto de 2024, aunque eso no se tradujo en una sensación de mejora para buena parte de los hogares metropolitanos.

También existe una diferencia en la percepción del Estado. En muchas provincias, especialmente en regiones agroindustriales o ligadas a economías privadas más dinámicas, el discurso de reducción estatal encuentra receptividad histórica. El Estado suele percibirse más como una estructura de presión fiscal que como una red de contención cotidiana. En el Gran Buenos Aires ocurre lo contrario. Allí el entramado estatal atraviesa empleo, asistencia, transporte, seguridad y organización social.

La consecuencia es que el mismo programa económico produce lecturas distintas según el territorio. Para una parte del interior, el ajuste puede interpretarse como un costo transitorio. Para amplios sectores urbanos del Amba aparece como pérdida inmediata.

Segmentos

El informe de mayo también muestra señales de desgaste en segmentos que habían acompañado con fuerza al oficialismo. El índice cayó con intensidad entre las mujeres y entre las personas de 30 a 49 años. En este último grupo el ICG descendió hasta 1,72 puntos.

Hay además un dato político delicado para el Gobierno. El componente “Capacidad” volvió a caer y marcó el nivel más bajo desde el inicio de la gestión. También retrocedieron los indicadores vinculados a honestidad y preocupación por el interés general.

Eso implica que la discusión ya no pasa solo por la paciencia social frente al ajuste económico, sino que empieza a involucrar percepciones sobre eficacia de gestión y sensibilidad política.

Aun así, el núcleo duro de apoyo permanece relativamente sólido. Entre quienes creen que la situación económica mejorará dentro de un año, el índice alcanza 4,17 puntos. Entre quienes creen que empeorará cae a apenas 0,37.

La confianza en Milei sigue funcionando más como una apuesta futura que como una evaluación presente. Ese mecanismo todavía conserva fuerza en buena parte del interior argentino.

Córdoba sintetiza probablemente mejor que ninguna otra provincia ese fenómeno, ya que el oficialismo mantiene niveles de apoyo superiores a la media nacional incluso en medio de caída industrial, retracción comercial y deterioro del consumo. El componente identitario pesa tanto como la economía. Parece que en la provincia existe una coincidencia cultural con la narrativa libertaria sobre impuestos, sector privado y rechazo al kirchnerismo.

La paradoja es evidente. Durante décadas, los presidentes argentinos necesitaron construir poder desde el conurbano bonaerense para sostener gobernabilidad. Milei invirtió parcialmente esa lógica. La incógnita es si esa estructura alcanza para sostener en el tiempo una administración que atraviesa su fase más delicada de desgaste. Porque el ICG todavía ubica al gobierno libertario por encima de la experiencia de Alberto Fernández y cerca de los niveles que mostraba Mauricio Macri en el mismo tramo de mandato.