Ahora, sintonía fina entre la Provincia y la Nación
Berni dijo ayer en Córdoba que la Nación apoyará la reestructuración de las policías provinciales.
La realidad marca que el gobernador José Manuel de la Sota y los funcionarios nacionales aprendieron la lección de los hechos vandálicos ocurridos el 3 y 4 de diciembre pasado. En aquella oportunidad hubo falta de reflejos del Gobierno provincial y ninguna intención de colaboración desde la Casa Rosada (De la Sota pidió la Gendarmería para abortar otra protesta policial).
Ahora hubo "sintonía fina", según calificó un encumbrado funcionario delasotista.En la tarde del miércoles, enterado de la inquietud que había en los uniformados, por la inminente detención de los presuntos cabecillas del acuartelamiento del año pasado, el gobernador se comunicó con el jefe de Gabinete de la Nación, Jorge Capitanich, para solicitar el envío de la Gendarmería.A esa hora, un grupo reducido de esposas de uniformados comenzaron una protesta frente a la Jefatura de Policía. Esta fue una alarma que no fue escuchada por el Gobierno provincial, en diciembre pasado.Información extraoficial indica que el pedido de la Gendarmería por parte del gobernador se concretó a las 18. A la medianoche ya había más de 500 gendarmes en la ciudad de Córdoba. Lo que marca que además de fina, esta vez, fue rápida la sintonía entre el Centro Cívico y la Rosada.El elocuente secretario de Seguridad, Sergio Berni, no anduvo con grises, a la hora de justificar su presencia en Córdoba. "Es una decisión política de la Presidenta respaldar a los gobernadores en la reestructuración de las fuerzas policiales que están impulsando. Nunca más un policía puede utilizar las armas en contra del poder político", dijo.En aquellos primeros días de un diciembre agitado, en el Gobierno nacional comprendieron, tarde, que el levantamiento de los uniformados no era un problema sólo de los gobernadores.Tarde, los gobernadores, entre ellos el de Córdoba, se convencieron de que la insubordinación de los policías era una cuestión mucho más grave que un simple reclamo salarial: también están en juego las instituciones.

