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Política

Mapa político. Adorni sigue empantanado en su propia ciénaga

Habló, pero no aclaró: Adorni evitó responder las preguntas centrales sobre su patrimonio y amplificó un problema que golpea de lleno al Gobierno: el impacto de las sospechas de corrupción en un contexto de deterioro económico.

29 de abril de 2026, 20:32
Adorni sigue empantanado en su propia ciénaga
El jefe de gabinete Manuel Adorni realiza su informe gestión frente a los diputados en el Congreso la Nación.

Llamativo: Manuel Adorni guardó silencio durante más de un mes, a pesar de asegurar que es inocente en la causa en la que está siendo investigado por la evolución de su patrimonio desde que está en la función pública.

Rompió el silencio este miércoles, tras aquella fallida conferencia de prensa del 25 de marzo, en la que creyó que destratar a la prensa lo liberaría de dar cuenta de su accionar como empleado del Estado.

La determinación que mostró en el Congreso al decir que probará en la Justicia que no cometió delito alguno contrasta con la falta de explicaciones. La única diferencia entre aquella exposición y esta es que ahora sí debió decir que no renunciará, lo que denota que aumentó su debilidad. Además (y es todo un dato para su personalidad), bajó algunos escalones su altanería y soberbia.

Adorni escenificó un respaldo presidencial contundente, pero ese escudo libertario no lo exime de nada. Por más contención y blindaje que le provean Javier y Karina Milei, Adorni sigue en el mismo laberinto opaco al que ingresó cuando subió a su mujer al avión presidencial para viajar a Estados Unidos y su vara moral penetró el subsuelo. Lo que vino fue todo costo hundido para sus aspiraciones políticas y las de sus promotores.

El jefe de gabinete Manuel Adorni realiza su informe gestión frente a los diputados en el Congreso la Nación.
El jefe de gabinete Manuel Adorni realiza su informe gestión frente a los diputados en el Congreso la Nación. (Gentileza Clarín)

Tras más de seis horas de exposición en el Congreso, el jefe de Gabinete no avanzó un milímetro respecto de la posición en la que llegó: quedó ahí, en el mismo punto de partida que antes de comparecer en Diputados.

Adorni no disipó ninguno de los principales interrogantes que se le achacan. Las pruebas, afirmó, las expondrá solo ante la Justicia. Apenas dijo que su patrimonio en ascenso no es oculto. También aseguró que los viajes de descanso que realizó con su familia –que trascendieron luego de que escalara el escándalo y que pagó en efectivo en todos los casos– también los financió con sus ingresos y ahorros.

La pregunta, simple, se impone naturalmente: si todo lo que se le cuestiona es explicable y constatable, ¿por qué expone al Gobierno nacional a un desgaste semejante que, por ahora, no tiene coto? Otra: ¿cómo hizo para pagar en efectivo unos 100 mil dólares en un año si en su última declaración jurada no figura ese nivel de ahorro?

Números y alerta

Entre los analistas y consultores de opinión hay unanimidad respecto del fuerte retroceso de la imagen de Milei y de su gestión en los últimos tres meses. Todos los estudios recogen la misma impresión de los consultados. Milei reaccionó hace algunas semanas ante esa realidad: hizo una pausa en los insultos que dispensa a diario a quienes considera enemigos y reconoció que la gente la está pasando mal. Asumió que el esfuerzo, para muchos, aún no valió la pena. Y pidió paciencia. Circunscribió así el descontento al malestar económico de las familias, una explicación atendible y razonable, pero ¿será la única?

Hay un componente inquietante que empieza a escalar sin pausa entre las preocupaciones ciudadanas: la corrupción.

Si hay algo en el contrato electoral entre Milei y quienes lo hicieron presidente es el aspecto moral. Aquello de “somos distintos a los kukas” podría estar entrando en revisión. El caso Adorni cerró el triángulo de sospechas que dibujó este gobierno desde que está en el poder. Las denuncias de corrupción por Andis y $Libra completan la figura geométrica.

El año pasado, el pico de la preocupación social por los casos de corrupción lo tuvo el Gobierno cuando el Presidente quedó involucrado tras promocionar la criptomoneda que terminó en estafa para miles de inversores y por la que todavía hay una causa abierta en Estados Unidos.

El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en la sesión informativa de la Cámara de Diputados
El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en la sesión informativa de la Cámara de Diputados (HCDN)

En el último informe de Management & Fit, la corrupción se mantiene en el segundo lugar de las preocupaciones. La consultora Pulso Research, en tanto, midió en abril el pico más alto de la serie sobre el tema desde que Milei está en el poder. Para un 22,9% es el tema que más le preocupa, por encima de la marcha de la economía (22,3%) y del desempleo (20,8%).

Milei celebró desde el palco la reaparición verbal de su jefe de Gabinete. Su hermana Karina lo convenció de que echar a Adorni sería lo más parecido a dar el brazo a torcer ante la opinión pública y sus adversarios políticos: una especie de claudicación inaceptable para quien solo admite lanzar “factos” y “domar” a sus enemigos.

Para su retirada del Congreso, Milei guardó el insulto. Trató de “chorros” a los periodistas que le preguntaron lo obvio: si había quedado satisfecho con el desempeño de su jefe de Gabinete. Son preguntas simples y razonables. Pero, como con Adorni, no hay respuestas.