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WikiLeaks, la psiquiatría y la confidencialidad

Muchas de las afirmaciones (de la psiquiatría) están sujetas a cambios y el paradigma de esta situación es justamente el trastorno bipolar. Leandro Dionisio y Darío Gigena Parker.

19 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Leandro Dionisio y Darío Gigena Parker (Presidente y secretario de la Asociación de Psiquiatras de la Provincia de Córdoba)
WikiLeaks, la psiquiatría y la confidencialidad

Expertos en ética aseguran que la confidencialidad está seriamente amenazada, no sólo en la vida, sino en la medicina. Las consecuencias son aún peores para la psiquiatría, por la naturaleza misma de la especialidad. De ese valor clave depende la confianza de las personas en la práctica médica, y "no hay confidencia sin confianza, ni confianza sin secreto". (Portés) La intimidad es un derecho vinculado a la dignidad humana y contribuye a la identidad personal. En el campo de la siquis, quien recibe la confianza de un paciente debe mantener absoluto sigilo para evitar comprometerlo. Presenciamos la vulneración de los derechos de los pacientes cuando se toman con liviandad estos temas. Principalmente, cuando se filtra información sobre personas famosas o importantes, ante un público cada vez más ávido de consumir cuestiones privadas. En los años 2006 y 2007 una conocida revista argentina de interés general publicó un extenso informe sobre la salud mental de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. El primero se tituló "¿Está bajo tratamiento psiquiátrico?"; el segundo, "El factor bipolar". Ambos especificaban un diagnóstico: enfermedad bipolar. Los siquiatras sabemos muy bien que ese diagnóstico es altamente estigmatizador, a pesar de los ingentes esfuerzos que realizamos los colegas y las asociaciones de pacientes afectados. Pese al enorme avance de nuestra disciplina, la siquiatría está lejos de ser una ciencia dura. Más bien todo lo contrario. Muchas de las afirmaciones están sujetas a cambios y el paradigma de esta situación es justamente el trastorno bipolar.En el informe citado se consignó hasta la medicación que supuestamente tomaba "la paciente". Espionaje. La especie repercutió hasta el punto que, ahora lo sabemos, la embajada de Estados Unidos en Argentina, a solicitud de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, ordenó un operativo de inteligencia para precisar datos, o corroborarlos. Es lo que trascendió a raíz de las revelaciones de WikiLeaks. En el archivo "Mental state and health" (Estado mental y salud), el gobierno norteamericano solicitó la siguiente información: "¿Cómo controla Cristina Fernández de Kirchner sus nervios y su ansiedad? ¿Cómo afecta el estrés a su conducta con sus asesores y/o en su proceso de toma de decisiones? ¿Qué medidas toma CFK o sus asesores para ayudarla a manejar el estrés? ¿Toma alguna medicación? ¿En qué circunstancias controla mejor el estrés? ¿Cómo le afectan las emociones en su proceso de toma de decisiones, y cómo baja la tensión cuando está angustiada?".Una información de ese tipo sólo puede ser brindada por un profesional que conozca muy bien a la persona en cuestión. Si la reveló a alguien, entendemos que incurrió en una llana violación del secreto profesional al que estamos obligados. El estrés de las figuras públicas puede ser eficazmente evaluado y tratado para mejorar su condición mental. Lamentablemente, esta clase de episodios nos hacen retroceder en la lucha por desestigmatizar a las personas con padecimientos psíquicos, que muchas veces son transitorios.El accionar médico no está limitado al espacio de la consulta, sino que se abre a toda repercusión social de nuestra práctica. En relación con esto siguen vigentes las palabras de Paracelso: "Toda sustancia puede ser medicamento o veneno; sólo la dosis diferencia uno de otro".