Voces y cuerpos de la historia
La historia ha tomado en estos días dimensiones colosales. La historia nos habla, con voz potente, a través de una partícula invisible. Lluis Bassets, El País, de Madrid.
La historia ha entrado últimamente en una época muy mala. Nunca ha sabido adónde iba, pero ahora ni siquiera está segura de su propia existencia. Su corporeidad, tan efectiva cuando era sólo una rolliza musa del Parnaso, la memoriosa Clio, se desvanece en la época de instantaneidad digital. Es el momento glorioso en que ella lo es todo y, en consecuencia, se acerca a la nada. Un partido de fútbol o de tenis, un gol a lo Panenka, una noche de negociación sobre la salvación de bancos quebrados, un auto judicial sobre delitos comunes cometidos por ciudadanos nada comunes, hacen historia; mientras, matanzas, invasiones y atrocidades de todo tipo se hunden en los bajos llenos de neblina de las páginas digitales y en las columnas de breves de los diarios impresos.Francis Fukuyama la había dado por liquidada hace ya algunos años, en la época del mundo unipolar y antes de que todo esto se pusiera de nuevo patas arriba. La había revitalizado, en cambio, la teoría del relato, que pone la realidad en manos de los guionistas, y los guionistas, a sueldo de las multinacionales, partidos y gobiernos. Así es como la musa de antaño se hace carne gracias a trucos de series de televisión, la estructura de un discurso político o una campaña de publicidad viral. Todo se le permite a quien haga política, salvo perder el hilo del relato, quedarse sin historia que contar.La historia ha tomado en estos días dimensiones colosales. Ocupada diariamente en la crepitación del instante, el tuiteo de un famoso, la consistencia narrativa de un político o una supermarca deportiva, de pronto se adentra en las oscuras explicaciones de los orígenes del universo.La prensa con reputación ha sacado sus titulares mayores para anunciar el descubrimiento de una partícula subatómica que encierra la cohesión de la materia y la clave de los orígenes. Una maravillosa jerga digna de la mejor imaginación literaria o teológica adorna estas primeras páginas, como si fuera una broma contra el periodismo y su oportunista trivialización de la historia: hadrones, bosón, partícula de Higgs, acelerador de partículas.Sobre las explicaciones, mejor no entrar en detalles. Basta con atender a los futuros descubrimientos que seguirán al feliz hallazgo. Sandro Bertolucci, el director del Cern (Laboratorio Europeo de Física de Partículas), nos lo cuenta con palabras calcadas a las que usaba Donald Rumsfeld, secretario de Estado de Defensa de Estados Unidos durante la presidencia de George W. Bush, para hablar de las armas de destrucción masiva: hay hechos desconocidos cuya existencia conocemos y hechos desconocidos que no sabemos que no conocemos. Estos últimos, a la vista del bosón, son el 96 por ciento del universo. No es Bankia (entidad financiera intervenida por el Estado español en mayo último), pero es noticia. Primera página. Abriendo.La historia nos habla, con voz potente, a través de una partícula invisible, una sólida conjetura científica que hace saltar las lágrimas de los físicos.

