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Vivir color esperanza

Somos un pueblo que culturalmente se caracteriza por el buen humor, tenemos una semilla de esperanza que nos mueve a superar las dificultades. Federico Palacios.

04 de diciembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Federico Palacios*
Vivir color esperanza

El fin de semana pasado, la Iglesia Católica inició, junto a otras iglesias cristianas, el tiempo litúrgico de Adviento, que abarca cuatro semanas y que tiene como fi­nalidad preparar la venida del Señor, tanto la histórica como la que se dará al final de los tiempos. Ciertamente, hay una tercera venida para reconocer, que no puede pasar inadvertida por su importancia: la cotidiana, en la que Jesús también llega y debemos poner todo de nuestra parte para recibirlo.Aunque pueda sonar extraño o incorrecto a los oídos, para nosotros –que estamos sumergidos en el tiempo– esta es precisamente la venida más importante y a la que me quiero referir.Esta venida supone las otras dos; es la concreción temporal y activa del que cree que Dios se hizo hombre en Jesucristo y que vendrá al final a juzgar a vivos y muertos.A esto se referían los obispos católicos de Argentina cuando nos regalaron algunas reflexiones al acercarse el tiempo de Navidad.En comunión con el papa Benedicto XVI, nos recordaban que "la fe no puede quedar recluida en lo íntimo del corazón, sino que tiene una dimensión pública: requiere ser manifestada con coherencia en nuestras opciones temporales".Somos obreros del tiempo, a los cuales se nos han confiado numerosos dones que debemos desarrollar y desplegar.Y nuestros obispos continúan diciéndonos: "La patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad. Un regalo que debemos cuidar y perfeccionar. Es esperanzador constatar que, no obstante tantas dificultades, sigue vivo en el alma de nuestro pueblo el deseo de ser nación y de construir juntos un proyecto de país".El tiempo litúrgico de Adviento está marcado por una fuerte invitación a la esperanza o, mejor dicho, a acoger a la esperanza a modo de don o virtud teologal.Por eso, nuestros obispos no pretenden con sus palabras poner un manto de "pesimismo" o hacer una denuncia "opositora", sino como pastores del pueblo de Dios motivar la esperanza de los fieles y de todo hombre o mujer de buena voluntad.De diversas maneras y en diversas oca­siones, Benedicto XVI ha afirmado que Dios es el fundamento de la esperanza. No cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo, a cada uno en particular y a la humanidad en su conjunto.Su reino no es un más allá imaginario, situado en un futuro que nunca llega. Sólo su amor nos da la posibilidad de perseverar día a día con toda sobriedad, sin perder el impulso de la esperanza, en un mundo que por su naturaleza es imperfecto.Somos un pueblo que culturalmente se caracteriza por el buen humor, por poner una carga de sana alegría a las situaciones difíciles que nos toca padecer. Tenemos una semilla de esperanza que nos mueve a superar las dificultades. Como afirmaba el cantante Diego Torres: "Saber que se puede, / querer que se pueda, / quitarse los miedos, / sacarlos afuera, / pintarse la cara / color esperanza, / tentar al futuro / con el corazón".Hace varios siglos San Agustín, obispo de Hipona, levantaba la esperanza de sus fieles. Usando la imagen del canto, los invitaba a una fe comprometida y laboriosa: "... hermanos míos, cantemos ahora, no para deleite de nuestro reposo, sino para alivio de nuestro trabajo. Tal como suelen cantar los caminantes: canta, pero camina; consuélate en el trabajo cantando, pero no te entregues a la pereza; canta y camina a la vez".

*Laico católico. Miembro del Comipaz