Vivimos en una sociedad desesperanzada
Esta falta de fe en un futuro mejor es una constante que se da en un buen número de personas y, lamentablemente, en especial, lo vemos de forma muy frecuente en nuestra juventud.
Los acontecimientos que nos toca vivir en esta sociedad moderna han producido cierto estado de ánimo relacionado con la desesperanza y la falta de confianza en los demás.
Cuando las cosas andan mal y no mejoran, se experimentan sentimientos negativos que atentan contra la esperanza, tan necesaria esta para poder seguir viviendo y enfrentando cada uno de los problemas que suceden a diario.
Esta falta de fe en un futuro mejor es una constante que se da en un buen número de personas y, lamentablemente, en especial, lo vemos de forma muy frecuente en nuestra juventud.
Hace unos días, leí en este diario un artículo escrito por la periodista Natalia García, quien mencionaba, a través de una encuesta realizada, que “el 72 por ciento de los jóvenes que cursan el último año del secundario en Córdoba tiene una visión negativa sobre el futuro del país y solamente una minoría del 28 por ciento está total o parcialmente de acuerdo con que Argentina tiene un futuro prometedor”.
Algo parecido experimentamos hace un tiempo en un encuentro donde participó el Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz).
Tuvimos oportunidad de visitar una ciudad del interior provincial y, en un encuentro con jóvenes de 11 años pertenecientes al cuarto grado de varias escuelas de la ciudad, pedimos que levantaran la mano quienes tenían esperanza en un futuro mejor.
Con gran sorpresa, vimos muy pocas manos que se levantaron, una minoría.
Esto, personalmente, me parece alarmante, teniendo en cuenta que, como sabemos y siempre lo decimos, en manos de los jóvenes está nuestro futuro.
Creo que ahora más que nunca, en general, y particularmente en los jóvenes, tiene que aparecer la esperanza, que por definición es el estado de ánimo en el cual se cree que aquello que uno desea o pretende es posible.
Si esto no sucede, como se dice en la calle, “estamos en el horno”.
La Argentina es un país rico y bendecido por Dios, tenemos de todo. Pienso que no es subdesarrollado sino que ha sido subadministrado.
Los cristianos creemos que por medio de la fe en Dios, podemos revertir estos pensamientos negativos en relación con el futuro y que con su ayuda por medio de la esperanza podremos conseguir los mejores logros que ahora parecen inalcanzables.
La esperanza ayuda a no caer en la depresión y confiar en el obrar milagroso de Dios, que hace posible lo imposible, actúa como estímulo y aporta fuerza y tranquilidad.
Jesús dijo: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso” (Mateo 12:28).
El descanso que Jesús ofrece es un descanso mental. En un mundo que vive una realidad llena de agobio y desesperanza, la intervención divina libera al hombre de todas estas cargas imposibles humanamente de soportar.
La fe va de la mano con la confianza. Por eso más que nunca en este tiempo es importante depositar la confianza en Dios, justamente a través de la fe en él. Hagámoslo ahora, él nos está esperando, todavía estamos a tiempo. Dios nos bendiga.
*Pastor evangélico, miembro del Comipaz.

