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Vigencia de la institución policial

Ningún proceso en seguridad es fiable sin que gobernador y jefe de Policía tengan ubicado el problema, sus orígenes y posibles soluciones.

17 de enero de 2014 a las 01:00 p. m.
Carlos Escudero*
Vigencia de la institución policial

Daniel Míguez y Alejandro Isla son los autores de Entre la inseguridad y el temor, un libro que refleja el estado de incertidumbre y miedo de la sociedad, que sigue en estado de shock ante el avance de la delincuencia y el reciente conflicto policial en nuestro país. Lo más grave de esto último es que no se avizora una solución definitiva al problema. Todo lo contrario. En algunas provincias se mantiene latente la disputa salarial, y en vilo a la sociedad. ¿Qué se puede hacer? Aquí expongo algunas ideas que pueden ayudar a restablecer la confianza y mejorar la institución policial. Relación entre el Gobierno y la Policía. En nuestro sistema jurídico, Nación y provincias están a cargo, en sus jurisdicciones, de brindar el servicio de seguridad pública. Por ende, los respectivos jefes de las fuerzas deben someterse a ese Poder Ejecutivo nacional o provincial; que, valga citarlo, encuentran en la ley 24.059 de Seguridad Interior las bases jurídicas para garantizar la seguridad interior. Sería beneficiosa la comunidad de ideas y objetivos entre funcionarios nacionales y provinciales, con la implementación de proyectos razonables, desde lo temporal y lo económico, sustentado en una relación de confianza mutua entre las partes. Debe haber convergencia de ideas. Ningún proceso en seguridad es fiable sin que gobernador y jefe de Policía tengan ubicado el problema, sus orígenes y las opciones para solucionarlo, decisión que luego deberá ser transmitida a todos y cada uno los efectivos. Parece básico y elemental, pero no lo es. Hay que recordar que ninguna organización delictiva es superior al Estado surgido de la ley, pero, lamentablemente, errores administrativos dejan en evidencia los vicios en su funcionamiento. Esto podría ser resuelto. Hacia una nueva Policía. En mi opinión, ninguna medida política, por sí sola, logrará restablecer la confianza de un día para el otro. Tampoco me parece que vaya a llegar solamente de la mano de buenos resultados de las fuerzas de seguridad, aunque ayudaría, y mucho. Creo que existe la imperiosa necesidad de bosquejar y presentarle a la sociedad una organización compacta, con nítidos objetivos e integrada por funcionarios idóneos. Para esto, el jefe de Policía, secundado por directores orientados a escuchar a los que más saben dentro y fuera de la repartición, debe ser capaz de instrumentar planes y corregirlos o cambiarlos inmediatamente si no funcionan. Relación con la comunidad. Los oficiales deben estar preparados para motivar a sus subalternos y prestos a resolver problemas sencillos de la comunidad sin engorrosos trámites, apoyados por agentes debidamente interiorizados de su función. Un móvil no puede salir a la calle sin fines específicos. Nueva función de las patrullas barriales. Podrían evitar la concurrencia de ancianos a las comisarías y otorgarles en sus propios domicilios los certificados de supervivencia que les piden los bancos cuando van a cobrar su jubilación. Lo mismo podría hacerse con la expedición de los certificados de domicilio y otros trámites. Medidas como estas ayudarían a mejorar los lazos maltrechos y acercarían la Policía a los ciudadanos. Está claro que hay que dejar de insistir con métodos de décadas pasadas, que pudieron ser exitosos, pero que han caducado por el crecimiento poblacional y la extensión del territorio a proteger, deviniendo inexorable la utilización masiva de los medios tecnológicos que se ofrecen en el mercado. Ya no se puede justificar la carencia de ideas innovadoras y falta de convencimiento de que la organización policial debe modernizarse.

*Subcomisario (R) de la Policía de la Provincia de Córdoba