La vida laboral te da sorpresas
La crisis debe ser socializada y no descargada o librada a la suerte del apriete empresarial, en el doble sentido que puede entenderse esta expresión. César Arese.
A fines del año pasado, sesionó en Sevilla, España, el 10º Congreso Europeo de Derecho del Trabajo, que reunió a unos 600 especialistas de todo el mundo. La ponencia titulada "El modelo tripartito de negociación de crisis", del autor de esta columna, fue seleccionada entre otras 60 referidas al tema para ser expuesta en sesión plenaria. Es que, se sabe, quienes aparecen como naturales de las pampas sudamericanas tienen fama de expertos en crisis. Desde la emergencia hiperinflacionaria de 1989, se sucedieron cinco emergencias generales hasta la última, más atenuada, de 2008/2009.La presentación de la Argentina trató de extraer algunas enseñanzas de tantas desventuras, proponiendo la intervención protectora y activa del Estado frente a las crisis de las empresas.Las fórmulas extraídas de la experiencia son el sostenimiento de los puestos de trabajo para generar seguridad y participación de los trabajadores no sólo en la crisis sino en el mercado, mediante el consumo. Socializar las crisis. El informe recordaba que en los procesos de crisis de 2008/2009 se trató de evitar los despidos, estabilizando procesalmente los planteles laborales en riesgo. E, inclusive, la modificación de la Ley de Concursos y Quiebras de 2011 admite que los trabajadores formen cooperativas para hacerse cargo de las empresas en falencia. En concreto, la crisis debe ser socializada y no descargada o librada a la suerte del apriete empresario, en el doble sentido en que puede entenderse esta expresión. Soluciones similares se vienen aplicando en otros países latinoamericanos.Pues bien, el rumbo elegido por Europa es otro, de manera decidida y rauda. La Europa del norte navega en la "flexi-seguridad", una fórmula de intercambio entre movilidad y maleabilidad de la prestación laboral con redes de contención social que amortiguarían el impacto de las crisis, una ola que no parece haber llegado totalmente a esos lares.Empero, el Mediterráneo se ha mostrado particularmente inclemente para los trabajadores durante este invierno boreal. Primero fueron Grecia y Portugal los que eligieron las francas desregulaciones laborales, lo que debe entenderse como un mayor umbral de desprotección, el apartamiento de contingentes de trabajadores hacia la desocupación plena y el descenso en las condiciones de trabajo.Sus convulsiones sociales ya son épicas. Ahora le tocó a España, a través del real decreto del 10 de febrero último de "Reforma urgente para frenar la destrucción de empleo y favorecer la empleabilidad", que apunta al corazón del sistema de relaciones laborales español; es decir, a facilitar el egreso y el cambio sustancial y desmejorativo de condiciones de trabajo.Las 14 modificaciones trastrocan el sistema de estabilidad laboral, ya que se refuerzan las modalidades precarias de contratación; se lleva el período de prueba en pequeñas empresas a un año; se fortalece el poder de dirección empresaria; se otorga prioridad a los convenios colectivos por empresa ("descuelgue") aun cuando fueren peyorativos respecto del superior que rige la actividad y, lo que más ha golpeado, se reducen las indemnizaciones por despido, de 45 a 33 días por cada año, con un máximo de 24 mensualidades en el despido improcedente y a 20 días en el despido por causas objetivas por impacto de la crisis, con un tope de 24 mensualidades. Sin diálogo. Las medidas fueron dispuestas en forma unilateral, sin acudir a la práctica de "legislación negociada" que caracterizó la etapa de despegue económico español posfranquista. La reacción sindical instantánea agregó a la crisis financiera la fractura política. Italia también se encuentra en el túnel del retroceso laboral. Al parecer, no fueron suficientes el invento de la parasubordinación laboral o los contratos precarios, como los de colaboración, a llamada o a término o el acuerdo de junio pasado entre las centrales sindicales y empresarias, que amplió las posibilidades de negociación colectiva a nivel empresario en perjuicio de las cláusulas instituidas a nivel general de la actividad.La nave insignia del armado laboral italiano es, aparte de la negociación colectiva, el artículo 18 del Estatuto de los Trabajadores, el que establece la estabilidad laboral.El gobierno anuncia ahora que viene por la norma, para derogarla o suspenderla, con o sin acuerdo de los sindicatos. Para ser claros, la ministra de Trabajo, Elsa Fornero, dijo: "La reforma se hará, con o sin diálogo". "Y pronto", remató. Es decir, se aplicaría el "modelo Rajoy" de reformas laborales. Los sindicatos italianos tampoco se han quedado de brazos cruzados y es evidente ya la etapa de alta conflictividad. Olvidos problemáticos. En fin, la peor crisis laboral de la posguerra europea viene dejando, como primera conclusión, en el archivo en varios países del viejo continente de aquel paradigmático sistema de relaciones laborales progresista e inclusivo como soporte esencial del Estado social de derecho, cuyos supuestos son la democracia y el bienestar. En segundo lugar, se está olvidando de la concertación social como marco y condición para los cambios estructurales.En tercer término, la "flexi-seguridad" del norte europeo se traduce como "flexi-inseguridad" en el sur, según expresión acuñada por Luigi Mariucci.En cuarto sitio, parece que la otrora denostada Latinoamérica se europeíza y Europa mediterránea se latinoamericaniza en materia laboral. Corsi e ricorsi de la historia.
*Doctor en Derecho y profesor de Derecho del Trabajo de la UNC.

