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Verano caliente en la Argentina

Reeditando una vieja historia, el peronismo en el gobierno tiene más problemas consigo mismo que con la oposición. Julio César Moreno.

10 de marzo de 2012 a las 12:01 a. m.
Julio César Moreno (Periodista)
Verano caliente en la Argentina

El verano está a punto de finalizar y hay que admitir que ha sido caliente en lo político y social, como hacía muchos años que no se vivía en el país. No fue, por cierto, un verano como el de fines de 2001 y principios de 2002, pero la temperatura política ha sido muy alta en estos comienzos de 2012, tanto que los viejos periodistas reconocen que estos tres últimos meses los diarios tuvieron que dejar un poco las clásicas notas veraniegas, los cuentos cortos, los comentarios de espectáculos y los entretenimientos para ocuparse de las noticias puras y duras, de la sucesión de conflictos, de las luchas por el poder, de los recelos y pases de cuentas entre los sectores que componen el nuevo kirchnerismo, además de las siempre tensas relaciones entre el Gobierno y la oposición.Pero, reeditando una vieja historia, el peronismo en el gobierno tiene más problemas consigo mismo que con la oposición. Y el caso más emblemático quizá sea el enfrentamiento abierto entre el líder camionero y cegetista Hugo Moyano y la administración de Cristina Fernández.No interesa tanto si la figura de Moyano irá eclipsándose o si, por el contrario, se afianzará. La fisura está destinada a perdurar. Y, aunque no fuese así, vale como antecedente.Por otra parte, quizá sea impropio hablar de un gobierno peronista, porque el kirchnerismo se parece cada vez menos al movimiento fundado por Juan Domingo Perón, de quien hoy se habla poco y nada, sobre todo del último Perón, del que echó de la Plaza de Mayo a los montoneros y militantes de "la gloriosa JP" en aquel también caliente otoño de 1974, poco antes de la muerte del líder y cuando la Argentina se encaminaba hacia una virtual guerra civil, que fue ante todo una guerra de aparatos, pero que afectó en sus efectos al resto de la sociedad.Nadie se quiere acordar hoy de esta historia, que es como el título de aquella vieja película nacional: De eso no se habla . Muchos de los herederos de aquella "gloriosa JP" están hoy en el gobierno kirchnerista, compartiendo el poder con los descendientes de la derecha peronista y con quienes integraron el menemismo.Cabe tener en cuenta, porque de esto tampoco se habla, que desde el primer día de su gestión el gobierno kirchnerista comenzó a desandar el camino iniciado por Carlos Menem la década anterior (desregulación y apertura de la economía, privatizaciones en gran escala, "relaciones carnales" con Estados Unidos).En ese sentido, el menemismo se sitúa en las antípodas del kirchnerismo, ya que éste nunca ocultó sus simpatías con la "revolución bolivariana" de Hugo Chávez, aunque hoy esa adhesión no parece ser tan fuerte.En fin, la política argentina es así, hecha de mixturas, contradicciones, idas y vueltas, cambios de rumbos.Pero no habría que cargar demasiado las tintas en este punto, ya que en el mundo entero –como efecto de la crisis financiera internacional– se está produciendo un cambio de paradigmas, una especie de retorno al intervencionismo estatal en la economía (sin los vicios del viejo estatismo, como la corrupción o la ineficiencia burocrática), destinado a un mayor control de los flujos financieros.Éste es un gran debate, que concierne a todos: el Gobierno, la oposición, los partidos políticos, el mundo académico, los sectores sociales. Y precisamente porque todo cambio genera conflictos y tensiones, el debate debe ser encarado con altura, con madurez, sin sectarismos ni afanes de hegemonía y siempre en el marco de una democracia pluralista y auténticamente republicana.