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Una mirada sobre la salida política de Argentina

Justicia efectiva y reformas del sistema educativo son los grandes desafíos para redefinir los horizontes de vida de los argentinos. De los que se quieren ir y de los que parecemos resignados.

14 de julio de 2022 a las 12:01 a. m.
Silvana Fernández
Una mirada sobre la salida política de Argentina
El presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner.

La convocatoria a la marcha “9-J” contra el Gobierno nacional fue mucho más tibia y movilizó menos que en otras oportunidades. En ocasiones anteriores, la sociedad quiso salir a expresar el descontento; ahora parece no encontrar tanto sentido en hacerlo, ¿Qué pasa para que esto sea así?

La gran motivación para movilizarse es expresar, gritar, querer salir de determinada situación. Pero ¿qué siente la gente en este momento? ¿Por dónde se sale de la actual encrucijada? La pregunta que está latente todo el tiempo, de manera explícita o implícita, flota en dos sentidos: ¿hay salida? Y si la respuesta es afirmativa, ¿cuál es?

Algunos, sobre todo los jóvenes y no tanto (niñas, niños y adolescentes también), piensan que la salida es individual y está afuera. Palpitan fuerte irse; acá no hay horizonte; no lo vislumbran; no se ofrece nada, sólo decadencia dirigencial; no pueden apreciar lo valioso con lo que cuenta el país: la educación y la salud públicas.

Todo está teñido por la mediocridad diaria, la decadencia, el derrumbe. Esa es la sensación que abunda.

Banderazo frente a la Casa Rosada 9 de julio 2022. (Clarín)
Banderazo frente a la Casa Rosada 9 de julio 2022. (Clarín)

Los más adultos, con trabajos que sostenemos a duras penas para no perderlos y que luchamos ante la degradación de los ingresos, ¿por dónde vemos la salida? ¿Tenemos esperanza en que la clase política que hoy gobierna cambie algo? Esperamos que el Presidente configure con energía una alternativa al poder de su vicepresidenta, que lleva largos años de predominio sin resultados ni honestidad. ¿Alberto Fernández se animará?

Esa esperanza depositada en el Presidente se sostuvo dos años, pero ya se agotó. Ya queda claro cuál es la dinámica del actual Gobierno y también para qué fue elegido Fernández por su compañera de fórmula.

Por ahí tampoco es la salida, entonces: Alberto no pondrá frenos, seguirá faldero del sistema de poder, no cambiará nada. No sabe, no puede, no quiere. Ya no interesa ese camino; por ahí no es.

Otra salida, otra esperanza, fueron las elecciones. Esta alternativa se probó y fue una oportunidad que se siente perdida, petardeada por los sectores golpistas que subsisten en Argentina y que movilizan miles de recursos para que la Justicia no actúe o para penetrar instituciones y voltear el sistema más allá de cualquier acuerdo social y del marco constitucional.

Al ejercicio del poder violento y feroz fuera del marco democrático de convivencia, se sumó un exceso de voluntarismo, con el resultado de limitar las posibilidades de convocatoria amplia y la consolidación de acuerdos. La política no es sólo aplicar técnicas de eficacia, sino que debe sustentar esas estrategias con acuerdos que los legitimen.

La alternancia en el poder es compleja en Argentina. Es más posible que antes, hay un avance, pero la gobernabilidad, cuando el peronismo no es gobierno, es muy difícil; el país entra en un ejercicio de oposición destituyente de modo constante. Con ese panorama, esperar a votar y apostar por un cambio también se presenta como una alternativa posible más débil. Las esperanzas puestas en esa salida se perciben endebles.

Dos tiempos

Entonces, ¿por dónde está la salida? La alternativa más esperanzadora requiere acciones en dos tiempos: uno inmediato y otro de mediano y largo plazo. Y se requiere accionar ambas de modo simultáneo.

En lo inmediato, es imperativo que fiscales y jueces actúen sobre casos de corrupción política. Sus roles tienen el valor institucional de hacer valer la ley en última instancia.

La institución donde les toca ejercer a los magistrados es fundamental, y deben actuar más allá de las presiones a las que están sometidos. En esto juegan un rol importante las redes internas entre pares comprometidos y el periodismo, para hacer públicas las obstrucciones al ejercicio pleno de justicia.

Con sentencias claras, la sociedad recupera esperanzas, las reglas se comprenden, la Justicia no es un apéndice más. El periodismo libre, diverso, es clave en el fortalecimiento de las instituciones, mediante la divulgación de lo que sucede y de las acciones de presión sobre los funcionarios por parte de diferentes sectores que pretenden sostener sus privilegios de modo impune. De esa forma, los ciudadanos recuperaremos el ánimo para salir a pelear en una manifestación pública.

En el mediano y largo plazo, es necesario trabajar por el sistema educativo de Argentina, mediante la convocatoria a intelectuales destacados y comprometidos con reformas al sistema que trasciendan nuestra generación. Una revisión de cómo se educa a la sociedad permitirá fortalecer la convivencia de nuestras generaciones futuras, algo declamado por muchos y que debe empezar a concretarse.

Justicia efectiva y reformas del sistema educativo son los grandes desafíos para redefinir los horizontes de vida de los argentinos. De quienes se quieren ir y de quienes parecemos resignados.

* Politóloga; profesora de la UNC